No
sé a ustedes, pero a mí me parece profundamente interesante el hecho
de que Pablo Iglesias haya decidido visitar en prisión a Oriol Junqueras, ya
que lo hace y así se ha preocupado de aclararlo, a título personal y no con la
presunción de ser una especie de delegado del Gobierno, como han sugerido los
principales líderes de PP y Ciudadanos, fieles a su crítica a la totalidad del
proyecto de Presupuestos Generales del Estado que fue presentado hace sólo unos
días.
Tampoco
veo yo a Iglesias esta vez, especialmente preocupado por acaparar protagonismo político, como ha manifestado la
Presidenta de la Junta de Andalucía, que no puede ocultar la aversión que
siente hacia Podemos, sino más bien, interesado en que puedan salir adelante
los acuerdos pactados con el PSOE y que
beneficiarían, en el plano social, a miles de familias necesitadas, aunque para
su aprobación sean estrictamente necesarios los votos de los independentistas
catalanes, como todos sabemos.
La
reunión propuesta por Iglesias parece ir encaminada únicamente en este sentido
y convendría por cierto recordar que el
triunfo de la Moción de Censura no se hubiera producido nunca sin la
intermediación que llevaron a cabo los podemitas con los separatistas
catalanes, en aquellos difíciles momentos, sobre todo, porque el no haber
apoyado la aplicación del 155, su margen de maniobra, fundamentalmente con
Esquerra Republicana fue mucho mayor y permitió un tipo de negociación menos
tensa que finalmente, terminó por fructificar, en un acuerdo.
Sucede
ahora, que no es sólo el Partido en el Gobierno el que presenta el borrador de
los PGE, sino que cuentan ya con el apoyo de la Formación morada , a la que los
grupos independentistas no sólo no pueden exigir ningún tipo de intervención en
el problema de sus presos , sino que en cierta media, les deben el
agradecimiento por el apoyo que siempre dieron a la petición de la convocatoria
de un Referendum pactado y el haber reclamado en reiteradas ocasiones la vía
del diálogo y la negociación, para la resolución del conflicto.
Si
Junqueras tiene cabeza, que la tiene y está dispuesto a escuchar lo que tiene
que decirle Iglesias y que tiene mucho que ver con la ideología que representa
la Esquerra Republicana que lidera, seguramente entenderá con facilidad que
oponerse a la aprobación de estos PGE supondría negar a los catalanes las
mejoras que se proponen en el texto y también que su situación personal y la de
sus compañeros encarcelados ha de ser, necesariamente desligada de este asunto
que se ciñe estrictamente al plano de la Economía y que nada tiene que ver con los problemas judiciales, en los
que por cierto, poco puede ni debe hacer
el Poder Ejecutivo, pues la Justicia ha de desenvolverse ante todo, con total
independencia.
El
mensaje, que no puede ser más claro y que no llega de parte del Gobierno
español, sino de un Partido que comparte muchas afinidades con el que lidera
Junqueras, ha de ser oído sin embargo, con apertura mental y no enmarcarse
empecinadamente en el plano de las reivindicaciones propias del separatismo,
pues lo que se dirime resulta ser de suma importancia para la subsistencia
diaria de los ciudadanos y su rechazo podría conducirnos a la necesidad de
convocar nuevas elecciones generales, cosa que no convendría para nada, ni a la
actual cúpula de la Generalitat, ni a
los presos.
Esperemos
que Iglesias ponga toda la carne en el asador y no ahorre en esfuerzos para
conseguir convencer a Junqueras de la conveniencia de secundar este acuerdo y
sobre todo, para que olvide las presiones que últimamente está recibiendo de
parte de los partidarios de Puigdemont, porque la realidad en la que viven los
catalanes es para el ex President exiliado, cada vez más desconocida y dar la
espalda a la oportunidad de poder mejorarla sustancialmente, constituiría un
gravísimo error que seguramente terminarían pagando también, estos socios ocasiónales
que conforman la unión secesionista.
Todos
albergamos la ilusión de que las dotes de convicción de Iglesias funcionen en
esta reunión con Junqueras y que la coherencia que ha demostrado con su
actitud, el líder de Esquerra Republicana, se imponga sobre la terquedad de
mezclar asuntos que nada tienen que ver, como vienen haciendo desde hace unos
días los de Torra, empeñados en solucionar, por el medio que sea, un problema
que sólo compete al ámbito judicial y que por tanto, escapa al poder del
Gobierno.
Este
es uno de esos momentos trascendentales en el que uno tiene la obligación de
decantarse entre dos opciones distintas. Una, es la que proponen Sánchez e
Iglesias y la otra, la que defienden al unísono Ciudadanos y PP. Imaginen, por
un instante, a los independentistas
votando junto a ellos.

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