Otra
vez, el PP, Ciudadanos y también la
nueva ultraderecha española de VOX, comienzan a jugar con los sentimientos más
profundos que habitan dentro de cada uno
de nosotros, tratando denodadamente de aterrorizarnos ante cualquier movimiento
que lleven a cabo los Partidos de izquierda españoles, procurando plantar una
semilla de inseguridad proveniente directamente del terror y denostando la legalidad
de una ideología que se asienta en unos pilares fundamentales que no pueden
tener más vigencia.
Ya
se vuelven a oír las voces de los agoreros preconizando una caída de la Economía,
si Sánchez consigue sacar adelante los presupuestos pactados con Podemos y a
sonar todas las alarmas que se encienden en las cabezas de los conservadores,
cada vez que su intuición les dice que se
les puede escapar el poder, porque las medidas que se están tomando y que
tienen esencialmente tintes de carácter social, empiezan a satisfacer a las
gentes, cansadas hasta el hartazgo de las políticas de recortes y austeridad
que siempre terminan pagando las clases más desfavorecidas, pero que tanto
gusta poner en práctica a los moderados.
Acudir
al tema de una nueva recesión o al rescate que llevado a cabo por Mariano
Rajoy, para redimir la mala gestión de la Banca española y que estamos pagando todos los ciudadanos
honrados, a los que se nos obligó a ceñirnos el cinturón, hasta límites
insosteniblemente severos, se convierte de nuevo, como si hubiéramos perdido la
memoria, en la estrategia más utilizada en las comparecencias públicas de
Casado y Rivera, que buscan desesperadamente generar un estado de profunda
ansiedad que no nos permita siquiera disfrutar de las pequeñas mejoras que se
nos ofrecen.
Estos
patriotas de pacotilla, que bandera en ristre recorren la geografía del país
proclamándose salvadores de una tierra que no necesita de sus servicios, sino
de un empujón que devuelva a la Sociedad la dignidad que ellos mismos le arrebataron,
gustan de profetizar catástrofes y calamidades, afirmando que nos aguarda un
futuro absolutamente negro e incierto, basando el grueso de su argumentario,
simplemente en el hecho de que la izquierda esté consiguiendo una cierta unidad
y sin poder demostrar que las acciones encaminadas a mejorar la calidad de vida
de los españoles, no vayan a funcionar como ha ocurrido, sin ir más lejos, en
Portugal, que ha conseguido un crecimiento que jamás se hubiera hecho realidad
si se hubieran seguido las directrices que aquí proponen las derechas.
Pero
el mito de que con los Gobiernos de
izquierdas no puede funcionar bien la economía se ha convertido en una tesis
recurrente que suele usarse con tanta frecuencia, como admita el momento en el
que se vive, aunque se olvida, creo que deliberadamente mencionar, que aquel
crecimiento económico ocurrido en la etapa de Aznar, trajo como consecuencia,
no sólo la burbuja inmobiliaria que nos llevó a una crisis que todavía estamos
padeciendo, sino que uno de sus principales actores, en concreto Rodrigo Rato,
por entonces Ministro de Economía, se halla inmerso en una serie de temas
judiciales, acusado de malversación, blanqueo y otras muchos delitos nada
ejemplarizantes, por cierto.
Acusar
sin pruebas a los demás, impedir taxativamente que puedan probarse otras vías
que no sean las que las derechas proponen, para conseguir desarrollo y
progreso, aunque haya que batallar con la Comunidad Europea, supone, sobre todo
por esa costumbre de amedrentar a la ciudadanía con películas de terror, un
gravísimo atentado contra la libertad de opinión y voto de todos , aunque hace
tiempo que no necesitamos tutores que nos ayuden a pensar o decidir, pues somos
muy capaces de hacerlo por nosotros
mismos.
Vivir
sin miedo, hace posible no sólo que los problemas se afronten con una
tranquilidad que no te permite estar encadenado a la oscuridad de un estado
permanente de alerta, sino también que pueda fructificar en nuestro interior la
esperanza y la creencia de que es posible, con lucha y esfuerzo, obtener una
vida mejor, lejos de las penalidades y miserias que nos trajeron, puerta a
puerta, Rajoy y sus Gobiernos.
Confiar
en la palabra de estos echadores de cartas, expertos en magnificar desgracias y
tragedias, dejarse encadenar al pánico y al recelo que maniatan nuestra
libertad de movimientos, impidiéndonos avanzar física e intelectualmente, no
puede, sino significar un inaceptable error que además de causar daños irreparables
en nuestros sentimientos, nos condenan a un ostracismo del que desgraciadamente
sabemos mucho los que llevamos a la espalda un buen número de años vividos.
Les
pido desde aquí, que se atrevan a juzgar por sí
mismos, incluso sin oír los mensajes de nadie, si lo que se les pone por
delante les convence y conviene, o si por el contrario, prefieren permanecer
anclados a la situación personal que padecen en la actualidad, sumisos ante los
designios de los que precisamente la provocaron, aunque nunca participaron
particularmente de las obtusas medidas que tanto defendieron.
Sean
valientes, al menos para pensar. Huyan de los cantos de sirenas y los augurios
malintencionados que susurran en sus oídos aquellos que desean, por encima de
todo, el poder y hagan valer, expulsando el miedo de sus corazones, su opinión,
pues finalmente, son ustedes, somos nosotros, los que con nuestros votos
ponemos o quitamos Gobiernos.

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