miércoles, 3 de octubre de 2018

Una estrategia decisiva




El intento de asalto al Parlament  en el aniversario del Primero de Octubre en Catalunya ha brindado a  los Partidos derechas, españolistas y constitucionalistas , una oportunidad de oro para exigir, con más fuerza si cabe, la inmediata aplicación del Artículo 155 y urgir al Gobierno a que convoque nuevas elecciones generales, argumentando que el empecinamiento en dialogar que sigue manteniendo Sánchez con los independentistas, no conduce a ninguna parte y esforzándose en presentar un panorama absolutamente tenebrista, que Aznar incluso se ha atrevido a comparar con los prolegómenos que antecedieron a la Guerra Civil del 36.
Todos hemos podido comprobar que desde que triunfara la Moción de Censura, entre las filas conservadoras de PP y Ciudadanos se ha levantado una devastadora  tormenta y que ambas Formaciones, apoyadas explícitamente por los medios de comunicación que le son afines, están haciendo lo imposible por echar abajo esa alianza providencial que nos libró de la tiranía de Mariano Rajoy y que hasta ahora, se mantiene a duras penas, por la mezcolanza de ideologías que defienden quienes formaron esta sociedad, en su momento.
Sin poder ni querer perdonar una derrota de tal magnitud, la derecha ha conseguido sacar del terreno de juego a dos Ministros socialistas e intentado hacerlo con un par de ellos más, aunque lógicamente, los de Sánchez han contratacado impidiendo que se produjeran nuevas dimisiones, sobre todo desde que supieron que las encuestas les dan como ganadores, en el hipotético caso de que se llegaran a celebrar nuevos comicios, aunque el Presidente ha manifestado claramente su voluntad de agotar la legislatura.
Cegados por la soberbia y el dolor de comprobar cómo se les escapa el poder, Casado y Rivera han encontrado en su radicalidad españolista un hilo del que tirar para forzar a Sánchez a reconsiderar su posición dialogante en el conflicto de Catalunya, hilo que han tensado extraordinariamente tras las declaraciones de Torra, arengando a los CDR a continuar en su lucha por alcanzar la independencia, sin entender, quizá porque en cuestiones políticas ambos son muy ambiciosos, pero novatos, que el socialista viene aplicando desde hace tiempo una estrategia decisiva que se fundamenta en ofrecer continuamente a los separatistas, una vía de diálogo y negociación, que más que fracasar está poniendo en evidencia delante de todos los millones de futuros electores, españoles y también catalanes, que son precisamente los partidarios de la independencia, con las acciones que realizan, los que se niegan tajantemente a participar en lo que podría ser la solución al conflicto que mantienen abierto en su territorio, en el que ya tienen en contra a más de la mitad de la población y ciertamente cansada a una buena parte de los que les apoyaron en los primeros momentos y que han podido comprobar que nada ha cambiado en sus vidas, tras un durísimo año de confrontaciones y enfrentamientos.
Sabiamente, Sánchez y también sus socios de Podemos, aguardan pacientemente que se produzca el lógico desgaste que se origina en todo proceso en el que no hay avances significativos a lo largo del tiempo y es por ello, que a toda costa tratan de evitar  rupturas desaconsejadas o demostraciones  de fuerza, que proporcionarían un móvil aparentemente lógico  a los secesionistas, para poder acusar de nuevo al Gobierno español de represor e insolidario con el territorio que supuestamente ellos defienden.
Espera Sánchez a que la crispación entre catalanes se convierta en un  hecho incuestionable que traspase todas las fronteras de este país y que a nivel nacional e internacional se llegue a la conclusión de que si el conflicto no se resuelve no es porque el Gobierno español no tenga voluntad de negociar, sino porque los independentistas se niegan sistemáticamente a ello.
Así, la culpabilidad de que la confrontación continúe sería exclusivamente  suya y en un periodo razonablemente corto, los apoyos con los que cuentan podrían quebrarse, provocando una debilidad en sus filas, propicia a recapacitar sobre la urgente necesidad de tener que alcanzar un acuerdo o sucumbir en el intento.
Esta estrategia que se opone radicalmente a la visceralidad de las derechas y que choca frontalmente con ella, desatando continuas salidas de tono y exigencias permanentes  que de aplicarse, sólo complicarían extremadamente lo que está sucediendo, es sin embargo, mucho más diplomática e inteligente de lo que en principio se pudiera pensar, pues mientras más tiempo transcurra sin que se llegue a un principio de pacto, más fortalecida saldría la imagen de aquellos que trataron inútil y pacíficamente de conseguirlo y más grotesca resultaría la de quiénes nada hicieron para conseguirlo.
En esas andamos y en los frentes que mantiene abiertos Sánchez en estos momentos, realmente importa mucho más que pueda obtener una pacificación del conflicto catalán que someterse a las exigencias de unas derechas que tienen como única voluntad seguir mandando, hasta cuando no están en el poder, como si este país fuera un coto cerrado de su exclusiva propiedad y los ciudadanos no pudiéramos pensar libremente, teniendo que estar de acuerdo, obligatoriamente, con las pautas que quieran marcarnos, como mansos borregos.

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