El
intento de asalto al Parlament en el
aniversario del Primero de Octubre en Catalunya ha brindado a los Partidos derechas, españolistas y
constitucionalistas , una oportunidad de oro para exigir, con más fuerza si cabe,
la inmediata aplicación del Artículo 155 y urgir al Gobierno a que convoque
nuevas elecciones generales, argumentando que el empecinamiento en dialogar que
sigue manteniendo Sánchez con los independentistas, no conduce a ninguna parte
y esforzándose en presentar un panorama absolutamente tenebrista, que Aznar
incluso se ha atrevido a comparar con los prolegómenos que antecedieron a la
Guerra Civil del 36.
Todos
hemos podido comprobar que desde que triunfara la Moción de Censura, entre las
filas conservadoras de PP y Ciudadanos se ha levantado una devastadora tormenta y que ambas Formaciones, apoyadas
explícitamente por los medios de comunicación que le son afines, están haciendo
lo imposible por echar abajo esa alianza providencial que nos libró de la
tiranía de Mariano Rajoy y que hasta ahora, se mantiene a duras penas, por la
mezcolanza de ideologías que defienden quienes formaron esta sociedad, en su
momento.
Sin
poder ni querer perdonar una derrota de tal magnitud, la derecha ha conseguido
sacar del terreno de juego a dos Ministros socialistas e intentado hacerlo con
un par de ellos más, aunque lógicamente, los de Sánchez han contratacado impidiendo
que se produjeran nuevas dimisiones, sobre todo desde que supieron que las
encuestas les dan como ganadores, en el hipotético caso de que se llegaran a celebrar
nuevos comicios, aunque el Presidente ha manifestado claramente su voluntad de agotar
la legislatura.
Cegados
por la soberbia y el dolor de comprobar cómo se les escapa el poder, Casado y
Rivera han encontrado en su radicalidad españolista un hilo del que tirar para
forzar a Sánchez a reconsiderar su posición dialogante en el conflicto de Catalunya,
hilo que han tensado extraordinariamente tras las declaraciones de Torra,
arengando a los CDR a continuar en su lucha por alcanzar la independencia, sin
entender, quizá porque en cuestiones políticas ambos son muy ambiciosos, pero
novatos, que el socialista viene aplicando desde hace tiempo una estrategia
decisiva que se fundamenta en ofrecer continuamente a los separatistas, una vía
de diálogo y negociación, que más que fracasar está poniendo en evidencia
delante de todos los millones de futuros electores, españoles y también
catalanes, que son precisamente los partidarios de la independencia, con las
acciones que realizan, los que se niegan tajantemente a participar en lo que
podría ser la solución al conflicto que mantienen abierto en su territorio, en
el que ya tienen en contra a más de la mitad de la población y ciertamente
cansada a una buena parte de los que les apoyaron en los primeros momentos y
que han podido comprobar que nada ha cambiado en sus vidas, tras un durísimo
año de confrontaciones y enfrentamientos.
Sabiamente,
Sánchez y también sus socios de Podemos, aguardan pacientemente que se produzca
el lógico desgaste que se origina en todo proceso en el que no hay avances
significativos a lo largo del tiempo y es por ello, que a toda costa tratan de
evitar rupturas desaconsejadas o demostraciones
de fuerza, que proporcionarían un móvil
aparentemente lógico a los secesionistas,
para poder acusar de nuevo al Gobierno español de represor e insolidario con el
territorio que supuestamente ellos defienden.
Espera
Sánchez a que la crispación entre catalanes se convierta en un hecho incuestionable que traspase todas las
fronteras de este país y que a nivel nacional e internacional se llegue a la
conclusión de que si el conflicto no se resuelve no es porque el Gobierno
español no tenga voluntad de negociar, sino porque los independentistas se niegan
sistemáticamente a ello.
Así,
la culpabilidad de que la confrontación continúe sería exclusivamente suya y en un periodo razonablemente corto, los
apoyos con los que cuentan podrían quebrarse, provocando una debilidad en sus
filas, propicia a recapacitar sobre la urgente necesidad de tener que alcanzar
un acuerdo o sucumbir en el intento.
Esta
estrategia que se opone radicalmente a la visceralidad de las derechas y que
choca frontalmente con ella, desatando continuas salidas de tono y exigencias
permanentes que de aplicarse, sólo
complicarían extremadamente lo que está sucediendo, es sin embargo, mucho más
diplomática e inteligente de lo que en principio se pudiera pensar, pues
mientras más tiempo transcurra sin que se llegue a un principio de pacto, más
fortalecida saldría la imagen de aquellos que trataron inútil y pacíficamente de
conseguirlo y más grotesca resultaría la de quiénes nada hicieron para
conseguirlo.
En
esas andamos y en los frentes que mantiene abiertos Sánchez en estos momentos, realmente
importa mucho más que pueda obtener una pacificación del conflicto catalán que someterse
a las exigencias de unas derechas que tienen como única voluntad seguir
mandando, hasta cuando no están en el poder, como si este país fuera un coto
cerrado de su exclusiva propiedad y los ciudadanos no pudiéramos pensar
libremente, teniendo que estar de acuerdo, obligatoriamente, con las pautas que
quieran marcarnos, como mansos borregos.

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