miércoles, 10 de octubre de 2018

Fractura en una unión imposible




Como veníamos adelantando desde hace ya bastante tiempo, la unión de los Partidos que han estado formando la coalición por la Independencia en Catalunya procedía de corrientes antagónicas en sus principales planteamientos y sólo la exaltación de un momento especialmente sorprendente, el espejismo creado y difundido  por sus ideólogos más exaltados y la respuesta de más de dos  millones de personas, que creyeron de corazón que determinadas fórmulas eran factibles, propició que ese pacto saliera adelante y que ocurriera todo lo que ha venido después y que no ha afectado del mismo modo, a todos los socios de este movimiento.
Tenía que ocurrir tarde o temprano, después de un año de vicisitudes diversas, en el que no sólo no se han conseguido mejorar los problemas básicos que ya sufrían los catalanes, sino en el que ha aumentado considerablemente una herida entre ellos que resultará muy difícil sanar, que los planteamientos reales de cada uno de estos Partidos acabaran por ponerse sobre la mesa  y que el hartazgo de los más afectados, los que se encuentran en prisión, se hiciera evidente en forma de un toque severo de atención a quiénes desde un retiro francamente cómodo y apacible, continúan abogando por una utopía imposible de realizar o a quiénes defienden, como es el caso de la CUP, una ruptura con el sistema que sólo es compatible con las ideas que resultan ser propias de los anarquistas.
Exactamente eso fue lo que ocurrió ayer por la tarde en el Parlament  catalán, en el que por primera vez en su Historia las Formaciones partidarias de la secesión votaron por separado, perdiendo cinco mociones fundamentales para la continuidad de su línea de juego y hubo de ser Esquerra Republicana, la que cansada del empecinamiento en no delegar el voto de Puigdemont y quiénes le acompañan en su confinamiento,  se atreviera a provocar esa inevitable fractura que ya se intuía tras las declaraciones de  Torra durante los actos conmemorativos del Primero de Octubre que tan mal sentaron a todos los que no habían sido siquiera consultados sobre los contenidos de los mensajes que arengaban a los CDR a continuar en la lucha, ni sobre el ultimátum lanzado a Sánchez en pleno periodo de una negociación que de triunfar, podría propiciar la libertad de los presos.
Decíamos también que hacía muy bien el Gobierno español en esperar pacientemente a que estos hechos, que parecían ser inminentes, se dieran, pues los acontecimientos diarios que suceden en Catalunya, las órdenes de obligado cumplimiento llegadas directamente desde Bruselas y la desfachatez de Puigdemont de mantenerse en el poder, aún a costa del sufrimiento de su propio pueblo y la frustración de los que actuando con total coherencia, se quedaron aquí, no podían, sino precipitar un gravísimo desencuentro y el momento llegaba dejando a Torra y los pocos que todavía le son leales, en una soledad que probablemente no le dejará otra salida que la Convocatoria de nuevos Comicios.
Se desmarca así Esquerra abiertamente de la estrategia que pretende imponer alguien que ni siquiera puede juzgar, por la lejanía, la cruda realidad que los ciudadanos catalanes se ven obligados a vivir en su propia tierra, bajando por primera vez, desde que diera comienzo el proceso, al suelo y abandonando esa realidad virtual que se construye manipulando la mente de gente a la que se logró insuflar ilusión y a la que quizá ya no sea posible  conducir, para que acepten la fuerza de una verdad que terminará por imponerse, como suele suceder en todos los casos en los que no es posible hacer que se cumplan los sueños.
Hemos afirmado desde el principio, incluso desde mucho antes de que las cosas se complicaran hasta el punto en el que nos encontramos que sólo la vía de la negociación y la diplomacia podría arbitrar una solución real a la crisis de Catalunya y también que las medias represivas, propuestas reiteradamente por las Derechas españolas resultarían, en todo momento, del todo ineficaces e inútiles, cuestión que parece, a raíz de lo sucedido ayer tarde, haber aceptado Oriol Junqueras,  que se niega tajantemente a que ninguno de los suyos vuelva a saltarse la legalidad y que apuesta y así lo afirma, por continuar negociando con el Gobierno español, sabiendo perfectamente que la continuidad de las conversaciones significará tener que hacer concesiones, pero también, poder conseguir algún avance efectivo, en el camino que él considera como el mejor para su pueblo.
La importancia de lo ocurrido ayer tarde podría calificarse de extrema y abre un nuevo periodo en el que los propios catalanes habrán de juzgar al lado de quiénes desean colocarse, ahora que ha quedado muy claro que no todos piensan lo mismo, pero que les ofrece al mismo tiempo, una oportunidad impagable de reflexionar sobre lo que está ocurriendo en su país y en sus vidas y que a mi humilde modo de ver, tampoco se resolverá nunca ni con enfrentamientos, ni con violencia.
Toca al exiliado mover ficha y replantearse si verdaderamente hace con su obstinación en conservar el poder, algún bien a su pueblo o si por el contrario, su aventura de fuga al extranjero, la creación del Santuario en el que permanece y que ha convertido en lugar de peregrinación pseudo religiosa y su afán por gobernar desde la distancia un territorio que ha cambiado profundamente desde que lo abandonara hace un año, es verdaderamente hacer política o sólo se trata de una forma de no caer en el olvido, como pensamos quiénes miramos el problema desde una perspectiva mucho más abierta.
Pedro Sánchez, se apunta con esta fractura un tanto valiosísimo frente a las Derechas, que hoy deben estar, por cierto, bruscamente airadas, al comprender que sus tesis se vienen abajo y que no ha hecho falta la aplicación del 155, para ganar unas cuantas votaciones en el Parlament catalán, de momento.

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