Como
veníamos adelantando desde hace ya bastante tiempo, la unión de los Partidos
que han estado formando la coalición por la Independencia en Catalunya procedía
de corrientes antagónicas en sus principales planteamientos y sólo la
exaltación de un momento especialmente sorprendente, el espejismo creado y
difundido por sus ideólogos más
exaltados y la respuesta de más de dos
millones de personas, que creyeron de corazón que determinadas fórmulas
eran factibles, propició que ese pacto saliera adelante y que ocurriera todo lo
que ha venido después y que no ha afectado del mismo modo, a todos los socios
de este movimiento.
Tenía
que ocurrir tarde o temprano, después de un año de vicisitudes diversas, en el
que no sólo no se han conseguido mejorar los problemas básicos que ya sufrían
los catalanes, sino en el que ha aumentado considerablemente una herida entre
ellos que resultará muy difícil sanar, que los planteamientos reales de cada
uno de estos Partidos acabaran por ponerse sobre la mesa y que el hartazgo de los más afectados, los
que se encuentran en prisión, se hiciera evidente en forma de un toque severo
de atención a quiénes desde un retiro francamente cómodo y apacible, continúan
abogando por una utopía imposible de realizar o a quiénes defienden, como es el
caso de la CUP, una ruptura con el sistema que sólo es compatible con las ideas
que resultan ser propias de los anarquistas.
Exactamente
eso fue lo que ocurrió ayer por la tarde en el Parlament catalán, en el que por primera vez en su Historia
las Formaciones partidarias de la secesión votaron por separado, perdiendo cinco
mociones fundamentales para la continuidad de su línea de juego y hubo de ser
Esquerra Republicana, la que cansada del empecinamiento en no delegar el voto
de Puigdemont y quiénes le acompañan en su confinamiento, se atreviera a provocar esa inevitable
fractura que ya se intuía tras las declaraciones de Torra durante los actos conmemorativos del
Primero de Octubre que tan mal sentaron a todos los que no habían sido siquiera
consultados sobre los contenidos de los mensajes que arengaban a los CDR a
continuar en la lucha, ni sobre el ultimátum lanzado a Sánchez en pleno periodo
de una negociación que de triunfar, podría propiciar la libertad de los presos.
Decíamos
también que hacía muy bien el Gobierno español en esperar pacientemente a que
estos hechos, que parecían ser inminentes, se dieran, pues los acontecimientos
diarios que suceden en Catalunya, las órdenes de obligado cumplimiento llegadas
directamente desde Bruselas y la desfachatez de Puigdemont de mantenerse en el
poder, aún a costa del sufrimiento de su propio pueblo y la frustración de los
que actuando con total coherencia, se quedaron aquí, no podían, sino precipitar
un gravísimo desencuentro y el momento llegaba dejando a Torra y los pocos que
todavía le son leales, en una soledad que probablemente no le dejará otra
salida que la Convocatoria de nuevos Comicios.
Se
desmarca así Esquerra abiertamente de la estrategia que pretende imponer
alguien que ni siquiera puede juzgar, por la lejanía, la cruda realidad que los
ciudadanos catalanes se ven obligados a vivir en su propia tierra, bajando por
primera vez, desde que diera comienzo el proceso, al suelo y abandonando esa realidad
virtual que se construye manipulando la mente de gente a la que se logró
insuflar ilusión y a la que quizá ya no sea posible conducir, para que acepten la fuerza de una
verdad que terminará por imponerse, como suele suceder en todos los casos en
los que no es posible hacer que se cumplan los sueños.
Hemos
afirmado desde el principio, incluso desde mucho antes de que las cosas se
complicaran hasta el punto en el que nos encontramos que sólo la vía de la
negociación y la diplomacia podría arbitrar una solución real a la crisis de
Catalunya y también que las medias represivas, propuestas reiteradamente por
las Derechas españolas resultarían, en todo momento, del todo ineficaces e inútiles,
cuestión que parece, a raíz de lo sucedido ayer tarde, haber aceptado Oriol
Junqueras, que se niega tajantemente a
que ninguno de los suyos vuelva a saltarse la legalidad y que apuesta y así lo
afirma, por continuar negociando con el Gobierno español, sabiendo
perfectamente que la continuidad de las conversaciones significará tener que
hacer concesiones, pero también, poder conseguir algún avance efectivo, en el
camino que él considera como el mejor para su pueblo.
La
importancia de lo ocurrido ayer tarde podría calificarse de extrema y abre un
nuevo periodo en el que los propios catalanes habrán de juzgar al lado de
quiénes desean colocarse, ahora que ha quedado muy claro que no todos piensan
lo mismo, pero que les ofrece al mismo tiempo, una oportunidad impagable de
reflexionar sobre lo que está ocurriendo en su país y en sus vidas y que a mi
humilde modo de ver, tampoco se resolverá nunca ni con enfrentamientos, ni con
violencia.
Toca
al exiliado mover ficha y replantearse si verdaderamente hace con su obstinación
en conservar el poder, algún bien a su pueblo o si por el contrario, su
aventura de fuga al extranjero, la creación del Santuario en el que permanece y
que ha convertido en lugar de peregrinación pseudo religiosa y su afán por
gobernar desde la distancia un territorio que ha cambiado profundamente desde
que lo abandonara hace un año, es verdaderamente hacer política o sólo se trata
de una forma de no caer en el olvido, como pensamos quiénes miramos el problema
desde una perspectiva mucho más abierta.
Pedro
Sánchez, se apunta con esta fractura un tanto valiosísimo frente a las Derechas,
que hoy deben estar, por cierto, bruscamente airadas, al comprender que sus
tesis se vienen abajo y que no ha hecho falta la aplicación del 155, para ganar
unas cuantas votaciones en el Parlament catalán, de momento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario