martes, 25 de septiembre de 2018

No a todo



Aunque las encuestas del CIS dan como ganador de unas hipotéticas elecciones al PSOE, con cifras que superan el 30% y prevén una caída de nueve puntos para el PP, situando la suma de los dos Partidos de izquierdas ligeramente por encima del resultado que obtendrían uniendo sus votos, las dos Fuerzas conservadoras, los últimos escándalos aparecidos en la prensa sobre algunos Ministros socialistas  y especialmente el asunto de las grabaciones de Delgado con Villarejo, que hoy han continuado apareciendo con nuevos contenidos, podrían hacer peligrar la fulgurante subida en  intención de voto que ha propiciado la llegada de Sánchez al Gobierno, cuestión que estamos seguros, Casado y Rivera aprovecharán, sacando a su favor el máximo jugo que la situación vaya permitiendo.
Poder aprobar los Presupuestos se ha convertido en una prioridad absoluta para este Gobierno, que nada puede hacer sin embargo, con los pocos escaños que cuenta y el apoyo de los socios ocasionales que secundaron la Moción de Censura para arrebatar el poder a Rajoy, se ve cada vez más debilitado, pues las exigencias de los independentistas catalanes, que empiezan por la liberación inmediata de los presos por los sucesos del primero de Octubre, no dependen realmente del Partido en Moncloa, sino de las decisiones que pueda tomar la Justicia, como poder independiente.
Junto con Podemos, Sánchez parecía haber encontrado una fórmula que conseguía evitar que el Senado, que cuenta con mayoría absoluta del PP, pudiera rechazar los Presupuestos que se presentaran, pero ayer, en una reunión que duró casi cuatro horas, la Presidenta de la mesa del Congreso, Ana Pastor, con el sostén de los representantes populares y de los de Rivera, consiguió abortar tal iniciativa, protagonizado una acción que hasta el momento, no había tenido precedentes.
Este NO rotundo, que ha roto momentáneamente todas las expectativas de socialistas y podemitas y que coloca a Sánchez contra las cuerdas, a no ser  que se encuentre a la mayor brevedad posible, algún modo de evitar lo que empieza a parecer ineludible, es la tónica general que parecen haber adoptado, como línea a seguir, Casado y Rivera, como forma de poder vengar el agravio sufrido cuando el pacto para la Moción truncó el camino de los populares para terminar la legislatura y la ambición desmedida de Rivera, que ya se veía como Presidente de Gobierno, tras el empujón que le ofrecía una mayoría de derechas, por su manera de afrontar el problema de Cataluña.
Inesperadamente desbancados por quién hasta una buena parte de sus compañeros de Partido consideraban como un intruso, nada preparado por cierto, para las labores de Gobierno, pero que logró convencer, primero a su militancia, que lo aupó en volandas hasta la Secretaría General del PSOE y después, al resto de fuerzas del Parlamento, de que el momento de apear a Rajoy del poder se basaba en una cuestión de aunar ímpetu y criterios, la renovación del Gabinete, de claros tintes feministas, acabó por descolocar a las derechas hasta límites insospechados y su ira se hizo totalmente visible, desde el primer momento y no hay más que recordar el rostro de Rivera, cuando bajaba las escaleras el día de la Moción, para constatar esta evidencia.
Puede quedarle claro a Sánchez que jamás podrá contar con ninguna de estas dos Fuerzas y que lo que pueda o no pueda hacer, dependerá directamente de su poder de seducción con el reto de os Partidos del arco parlamentario, con los que tendrá que negociar con algo más que la agudeza de sus argumentos.
Pero es preferible ceder a algunas de las peticiones que desde estos Partidos le llegan, que sucumbir al acoso y derribo milimétricamente preparado por populares y ciudadanos, contra su Gobierno al completo, porque  hacerlo representaría una rendición que perjudicaría gravemente, no sólo a su prestigio personal o a la imagen de la Formación a la que representa, sino también y muy fundamentalmente, al futuro de unos ciudadanos, esperanzados en que las políticas de progreso, consigan sacarles del hoyo en el que les sumergieron  los recortes conservadores.
Muchos apuestan por una convocatoria inmediata de elecciones, que clarifique el panorama de confusión que vivimos en los actuales momentos, más sin embargo, Sánchez debe esperar, asentarse plenamente en una postura de fuerza que determine su valía real para ocupar la Presidencia e ir así ganado la confianza de los electores, que de otro modo siempre le reprocharían su debilidad ante las presiones ejercidas por las derechas, contra su Gobierno.
Sin saber lo que pueda ocurrir mañana con el caso Delgado, nuestra impresión a esta hora de la noche, es que la Ministra debe ofrecer muchas más explicaciones de las que ha dado, pero no dimitir, al menos, no antes de que Casado demuestre fehacientemente que su Master no fue un regalo o  Rivera no clarifique qué titulación posee de verdad, pues es indispensable que se aplique un criterio de justicia, exactamente igual, para todas las Fuerzas políticas.

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