Han
bastado unos pocos minutos, desde que comenzara la comparecencia de José María
Aznar, ante la Comisión que investiga la financiación ilegal del PP, en sede
parlamentaria, para que todos los ciudadanos pudiéramos comprobar que los años
que lleva oficialmente apartado de la Política, no han conseguido mermar ni un
ápice la acritud natural de su carácter, ni mucho menos, su soberbia.
Endiosado
como un ídolo acartonado por el paso del
tiempo y mostrando una imagen de consciente frivolidad absolutamente inapropiada
en relación con la gravedad del momento, Aznar ha optado por la estrategia del
ataque directo, en un intento a la desesperada por escapar de los golpes
continuados que le alcanzaban por todas partes, desde la oposición al completo,
llegando incluso a recurrir a la negación de evidencias probadas en los
tribunales, como la existencia de una caja B en el PP o que el Partido que
presidió se hubiera nutrido de dinero negro proporcionado por empresarios, a
cambio de la concesión de determinadas obras y servicios.
Con
actitud inaceptablemente chulesca y recurriendo continuamente a esa sonrisa
irónica que todos conocemos, desde que fuera Presidente, ha ido capeando el vendaval de preguntas que se le venía
encima, con cada nuevo interlocutor, aunque sin conseguir que sus respuestas
llegaran jamás a ser creíbles, pues su presunta ignorancia de lo que estaba
ocurriendo a su alrededor, en un Partido que gobernaba con mano de hierro,
resulta ser un débil argumento, si se tienen en cuenta todos los casos de
corrupción que se producían a su alrededor y que muchos líderes de la Formación
conservadora y un buen número de los
empresarios imputados, han declarado en los juicios celebrados que participaba
en ellos, activamente.
Su
enfrentamiento con Rufián, de Esquerra Republicana, que se ha dirigido a él en
el tono habitual de dureza que suele emplear cada vez que se le presenta una
oportunidad como esta y que ha llegado a su punto álgido cuando mostrando una
foto de José Couso, le ha interrogado sobre su implicación en la guerra de
Irak, ha conseguido que por unos momentos perdiera los papeles y que sin
responder a la pregunta que se formulaba, acusara directamente y con malas
formas al diputado de pertenecer a un Partido golpista, mostrando claramente lo
que provoca en él, cualquier asunto relacionado con la crisis de Catalunya.
Hasta
dónde habrá llegado su desfachatez, que cuando ha tomado la palabra Toni Cantó,
en nombre de Ciudadanos, el diputado manifestaba que tenía serias dudas de que
el ex Presidente supiera realmente por qué había sido citado por la Comisión y
sobre todo, si verdaderamente conocía la relevancia del trabajo que allí se
estaba intentando realizar, poniendo en duda el desconocimiento de los hechos
que alegaba, sobre todo teniendo en cuenta que una buena parte de los que
habían ocupado cargos ministeriales bajo su mando, se encontraban en estos
momentos, imputados por corrupción o siendo investigados por la justicia, haciendo
especial hincapié en el caso de Rato,
que durante años fue considerado como mano derecha y delfín, del ex Presidente.
Aduciendo
que nadie puede adivinar lo que podrían hacer las personas que uno conoce, con
diez años de antelación a la consumación de determinadas transgresiones, Aznar
ha procurado zafarse de la verdadera inatención que guardaba la pregunta,
olvidando que todos los ciudadanos recordamos con meridiana claridad que muchos de los graves delitos de
corrupción que esta gente cometiera y sobre todo, la financiación ilegal de las
faraónicas Campañas electorales financiadas ilegalmente, ocurrieron cuando él
ocupaba la Presidencia del país.
Absolutamente
convencido de tener controlada la situación, cuando Pablo Iglesias ha entrado
en escena y esperando quizá del líder de Podemos, esa agresividad verbal que a
veces utiliza en casos similares a éste, a Aznar se le han roto todos los
esquemas cuando se ha encontrado con un interlocutor que empleando un tono
ciertamente moderado, no ahorraba sin embargo esfuerzos en ahondar en
cuestiones ciertamente incómodas, tratando de demostrar y consiguiéndolo, que
el ex Presidente había mentido en varias ocasiones a lo largo de la mañana y
recordándole, contundentemente, la obligación de decir verdad, que tienen los
que comparecen en Comisiones como esta.
La
buena argumentación del líder morado ha logrado, en un momento determinado, que
Aznar iniciara una táctica de clarísima provocación,
llegando incluso a mencionar los problemas personales que Iglesias acaba de
sufrir con el nacimiento de sus hijos, sin lograr romper la serenidad de su interlocutor, que ha soportado estoicamente
la embestida, provocando en Aznar una especie de ataque de incontrolable ira
que ha canalizado por la vía de las referencias a Venezuela e Irán, que usan
continuamente, sin poder haberlo probado jamás, los medios de comunicación más
afines a las derechas.
Sólo
al final, Iglesias se ha dolido de que una figura como Aznar haya podido ser el
Presidente de todos los españoles y rogado, terminando su intervención, que tal
cosa no pudiera jamás repetirse, pues a su entender, había quedado claro a lo largo
de la Comparecencia, la catadura política y moral del que fuera considerado
como un referente por las Derechas.
Un
rato después, el ex Presidente abandonaba el Parlamento contestando brevemente
a las preguntas de algunos periodistas e incluso bromeando con el hecho de que
le gustaría volver, aunque para entonces ya saltaba la noticia de que Pablo
Iglesias había resultado ser el claro vencedor de la mañana y el único capaz de demostrar las mentiras que Aznar
había tratado de colarnos, volviendo, como ya es costumbre, a poner en duda
nuestra inteligencia.

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