martes, 18 de septiembre de 2018

Retrato de la soberbia




Han bastado unos pocos minutos, desde que comenzara la comparecencia de José María Aznar, ante la Comisión que investiga la financiación ilegal del PP, en sede parlamentaria, para que todos los ciudadanos pudiéramos comprobar que los años que lleva oficialmente apartado de la Política, no han conseguido mermar ni un ápice la acritud natural de su carácter, ni mucho menos, su soberbia.
Endiosado como un ídolo  acartonado por el paso del tiempo y mostrando una imagen de consciente frivolidad absolutamente inapropiada en relación con la gravedad del momento, Aznar ha optado por la estrategia del ataque directo, en un intento a la  desesperada por escapar de los golpes continuados que le alcanzaban por todas partes, desde la oposición al completo, llegando incluso a recurrir a la negación de evidencias probadas en los tribunales, como la existencia de una caja B en el PP o que el Partido que presidió se hubiera nutrido de dinero negro proporcionado por empresarios, a cambio de la concesión de determinadas obras y servicios.
Con actitud inaceptablemente chulesca y recurriendo continuamente a esa sonrisa irónica que todos conocemos, desde que fuera Presidente, ha ido  capeando  el vendaval de preguntas que se le venía encima, con cada nuevo interlocutor, aunque sin conseguir que sus respuestas llegaran jamás a ser creíbles, pues su presunta ignorancia de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, en un Partido que gobernaba con mano de hierro, resulta ser un débil argumento, si se tienen en cuenta todos los casos de corrupción que se producían a su alrededor  y que muchos líderes de la Formación conservadora y  un buen número de los empresarios imputados, han declarado en los juicios celebrados que participaba en ellos, activamente.
Su enfrentamiento con Rufián, de Esquerra Republicana, que se ha dirigido a él en el tono habitual de dureza que suele emplear cada vez que se le presenta una oportunidad como esta y que ha llegado a su punto álgido cuando mostrando una foto de José Couso, le ha interrogado sobre su implicación en la guerra de Irak, ha conseguido que por unos momentos perdiera los papeles y que sin responder a la pregunta que se formulaba, acusara directamente y con malas formas al diputado de pertenecer a un Partido golpista, mostrando claramente lo que provoca en él, cualquier asunto relacionado con la crisis de Catalunya.
Hasta dónde habrá llegado su desfachatez, que cuando ha tomado la palabra Toni Cantó, en nombre de Ciudadanos, el diputado manifestaba que tenía serias dudas de que el ex Presidente supiera realmente por qué había sido citado por la Comisión y sobre todo, si verdaderamente conocía la relevancia del trabajo que allí se estaba intentando realizar, poniendo en duda el desconocimiento de los hechos que alegaba, sobre todo teniendo en cuenta que una buena parte de los que habían ocupado cargos ministeriales bajo su mando, se encontraban en estos momentos, imputados por corrupción o siendo  investigados por la justicia, haciendo especial hincapié  en el caso de Rato, que durante años fue considerado como mano derecha y delfín, del ex Presidente.
Aduciendo que nadie puede adivinar lo que podrían hacer las personas que uno conoce, con diez años de antelación a la consumación de determinadas transgresiones, Aznar ha procurado zafarse de la verdadera inatención que guardaba la pregunta, olvidando que todos los ciudadanos recordamos con meridiana claridad  que muchos de los graves delitos de corrupción que esta gente cometiera y sobre todo, la financiación ilegal de las faraónicas Campañas electorales financiadas ilegalmente, ocurrieron cuando él ocupaba la Presidencia del país.
Absolutamente convencido de tener controlada la situación, cuando Pablo Iglesias ha entrado en escena y esperando quizá del líder de Podemos, esa agresividad verbal que a veces utiliza en casos similares a éste, a Aznar se le han roto todos los esquemas cuando se ha encontrado con un interlocutor que empleando un tono ciertamente moderado, no ahorraba sin embargo esfuerzos en ahondar en cuestiones ciertamente incómodas, tratando de demostrar y consiguiéndolo, que el ex Presidente había mentido en varias ocasiones a lo largo de la mañana y recordándole, contundentemente, la obligación de decir verdad, que tienen los que comparecen en Comisiones como esta.
La buena argumentación del líder morado ha logrado, en un momento determinado, que Aznar  iniciara una táctica de clarísima provocación, llegando incluso a mencionar los problemas personales que Iglesias acaba de sufrir con el nacimiento de sus hijos, sin lograr romper la serenidad de  su interlocutor, que ha soportado estoicamente la embestida, provocando en Aznar una especie de ataque de incontrolable ira que ha canalizado por la vía de las referencias a Venezuela e Irán, que usan continuamente, sin poder haberlo probado jamás, los medios de comunicación más afines a las derechas.
Sólo al final, Iglesias se ha dolido de que una figura como Aznar haya podido ser el Presidente de todos los españoles y rogado, terminando su intervención, que tal cosa no pudiera jamás repetirse, pues a su entender, había quedado claro a lo largo de la Comparecencia, la catadura política y moral del que fuera considerado como un referente por las Derechas.
Un rato después, el ex Presidente abandonaba el Parlamento contestando brevemente a las preguntas de algunos periodistas e incluso bromeando con el hecho de que le gustaría volver, aunque para entonces ya saltaba la noticia de que Pablo Iglesias había resultado ser el   claro vencedor de la mañana y el único  capaz de demostrar las mentiras que Aznar había tratado de colarnos, volviendo, como ya es costumbre, a poner en duda nuestra inteligencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario