miércoles, 12 de septiembre de 2018

Diada, Dimisión y partido




En un día cargado de noticias, que comenzaba con la desazón de no saber lo que podía ocurrir en la celebración de la Diada y que todos esperábamos con expectación, por las acontecimientos que se están viviendo en Catalunya es estos momentos, el periódico que dirige Ignacio Escolar sorprendía a primera hora de la mañana publicando una información sobre supuestas irregularidades encontradas en un Master que había cursado la Ministra de Sanidad, Carmen Montó en la Universidad Juan Carlos I, la misma en  la que Cifuentes y también Casado cursaron unos estudios que han sido puestos en tela de juicio y por los que algunos de los profesores que los impartieron se encuentran  actualmente imputados.
Los primeros actos de la Diada, las ofrendas de flores y la evocación de determinadas figuras de importancia en la Historia de Catalunya estuvieron claramente marcados por la reivindicación de que los políticos que se encuentran en prisión, sean liberados de manera inmediata e incluso pudimos ver a la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que muchas veces ha declarado no ser independentista, luciendo en la solapa un lazo amarillo, que se confundía con la marea de símbolos de este color, que portaban los asistentes, en formas muy diversas.
Un Torra seguramente dirigido por Puigdemont, al que pudimos ver observando atentamentee el desarrollo de los eventos, desde su retiro, sacó de la chistera uno de esos discursos incendiarios, milimétricamente  preparado para la ocasión, en el que reclamaba, por en enésima vez, la proclamación de la República y en el que aconsejaba la gente  no dar ni un paso atrás, mientras Oriol Junqueras, desde la cárcel, hacía llegar un comunicado en el que aconsejaba prudencia y se ponía, claramente, a favor de las negociaciones con el Gobierno español, en la misma línea que ya lo hiciera el otro día Joan Tardá, desde su escaño del Paramento, alegando que no se puede imponer la proclamación de la República, si no se cuenta con el respaldo de al menos un cincuenta y un por ciento de la sociedad, como establecen las leyes por las que se rigen, todas las verdaderas Democracias, en el mundo entero.
Este comunicado, que vino a poner en evidencia la brecha que parece haberse abierto entre los antiguos socios en el camino de la independencia, adquieren sin embargo, en el momento actual, una importancia de hondo significado, pues aclara en cierta medida, que las líneas propuestas por el PdeCat y las de Esquerra podrían llegar a ser bien diferentes y que los segundos serían mucho más proclives a negociar con Sánchez una salida pactada que pusiera fin a los conflictos generados, fundamentalmente, en la sociedad, mientras que los primeros, serían partidarios de continuar el pulso que mantienen con el Gobierno español, seguramente porque si se prestaran a hacer concesiones, el futuro de Puigdemont acabaría por ser bastante incierto.
La manifestación de la tarde, que transcurrió con total normalidad, cosa bastante natural si se tiene en cuenta que la organización había asignado a los participantes, incluso el sitio en el que debían colocarse y que contó, según la Guardia Urbana, con un millón de asistentes, un millón menos que el año pasado, fue al final, eclipsada por la repercusión mediática   que tuvo la Dimisión de Montó, que se precipitó al demostrarse que su trabajo de fin de Master contenía capítulos copiados íntegramente de Internet, de otros trabajos realizados por otras personas.
La inmediatez con que presentó la Dimisión, puso seguidamente en el candelero al recién elegido Pablo Casado, que continúa caminando por una cuerda floja, en el asunto de su Master, que ni mucho menos se ha dado por zanjado, al menos por parte de determinados periodistas y tampoco  por los políticos que desde la oposición, continúan reclamando explicaciones que nunca llegan a producirse.
Casi al mismo tiempo que Montó anunciaba su marcha y que muchos manifestantes daban por terminada su participación en la Diada, empezaba la retransmisión del partido que la Selección española juagaba contra Croacia, que acababa de obtener la segunda plaza en el Mundial de Fútbol, como todos sabemos, por lo que toda la atención del personal en general, pasó repentinamente a fijarse exclusivamente en las pantallas de los televisores, sobre todo desde que dio comienzo el festival de goles que protagonizaron los futbolistas españoles, ahora dirigidos como seleccionador por Luis Enrique y que acabaron marcando seis contra cero.
La euforia que produjo el resultado, reventó la repercusión de las noticias políticas que nos había traído el día, incluidas las previsiones de publicidad que probablemente daban como seguras los organizadores de la Diada y ofreció, cierto respiro a Montó, pues a partir de la finalización del partido, ya no se habló de ninguna otra cosa, más que de la hazaña futbolística en los medios, hasta altas horas de la madrugada.
La particular idiosincrasia de nuestro pueblo es así y como todos admitimos, cuando el fútbol está por medio, lo demás pierde toda su importancia.

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