Desde
que Pedro Sánchez se hiciera con el
poder, tras ganar la Moción de Censura presentada contra Rajoy y
con el apoyo de todos los Partidos del arco parlamentario, a excepción de PP y
Ciudadanos, una especie de ira descontrolada se desató inmediatamente, sobre
todo en los medios de comunicación claramente identificados con las ideologías
de las derechas que en cuanto se nombró el nuevo Gobierno, iniciaron un estudio
minucioso, en lo personal y en lo profesional, de todos y cada uno de sus
miembros, con la intención de encontrar, a toda costa, algún resquicio de
suciedad que permitiera exigir que fueran dimitiendo y acarreando con ello un
gravísimo perjuicio a la imagen renovadora que los socialistas pretendieron dar ante
una Sociedad, que celebró ampliamente la
irrupción torrencial de estas figuras, diametralmente opuestas a las que habían
ocupado, durante los años de mandato del PP, todas las carteras ministeriales.
Bastaron
unos pocos días para que salieran a la luz una informaciones que recordaban que
Maxim Huerta, nombrado como Ministro de Cultura, había tenido un encontronazo
con Hacienda y había sido condenado a pagar trescientos y pico mil euros a las
arcas públicas, por una especie de fraude fiscal y unas pocas horas más tarde, el
recién llegado al cargo tomaba la decisión de hacerse a un lado, según palabras
textuales, “para no interferir en la buena marcha de los cambios que tenía
previsto realizar el nuevo Presidente, ni perjudicar en modo alguno, al resto
de su Gobierno”.
Unos
meses más tarde y en plena efervescencia de los casos de los Masters, que ya
habían salpicado gravemente a Cifuentes y al propio Casado, elegido entretanto
como líder absoluto del PP, le llegó el turno a Carmen Montó y al mismísimo
Pedro Sánchez, al que llegó a acusarse de no haber escrito su Tesis, provocando
el efecto inmediato de la marcha de la que fuera hasta entonces Ministra de
Sanidad, al demostrarse que había copiado una parte de su trabajo y que las
Universidades pusieran en marcha los mecanismos de que disponen, para comprobar
la autenticidad del trabajo del Doctorado del Presidente.
Habiendo
flaqueado esta última suposición, que aún colea, aunque pareció quedar probado
que la Tesis es genuina y auténtica, el ataque se fijó después en la persona de
la Ministra de Justicia, María Dolores Delgado, a la que algunos medios
acusaban de haber tenido una relación estrecha en lo profesional y lo personal,
con el ex Comisario Villarejo.
En
un alarde de precipitación, la Ministra se apresuró a negar tajantemente lo que
estos medios daban como cierto, sin contemplar que cuando cierto tipo de prensa
lanza sus dardos es porque ciertamente posee algún tipo de información, que
guarda para hacerla pública en el momento más oportuno y esta misma mañana,
hemos conocido la grabación efectuada durante un almuerzo de carácter privado,
al que no sólo asisten Delgado y Villarejo, sino también Baltasar Garzón y
otros tres personajes de cierta relevancia, en asuntos policiales y judiciales.
Se
reconocen en dicha grabación, perfectamente, las voces de la Ministra y el ex
Magistrado, charlando distendidamente con Villarejo y aunque en la conversación
no paree haber ningún indicio de ilegalidad, sí consigue probarse que Delgado
mintió descaradamente, en las declaraciones realizadas ante la prensa.
Que
más pronto que tarde las derechas van a exigir también, la dimisión de esta
Ministra y que seguramente los medios que han hecho pública esta cinta guardan
bajo la manga informaciones mucho más comprometedoras, lo puede imaginar
cualquiera, por lo que no sería de extrañar que Pedro Sánchez tuviera que
enfrentarse al descarte forzoso de la que eligiera para ocupar la cartera de
Justicia y que se convertiría en la tercera en tener que abandonar el Cargo, en
el transcurso de sólo unos meses.
En
estos tiempos que vivimos, guardar secretos de cierto calado, cuando se habla
de la política, resulta ser una misión imposible, a causa de la cantidad de
medios de que se dispone para poder averiguar cuánto ocurre, en un corto
espacio de tiempo, por lo que habría que aconsejar al Presidente Sánchez que se
cerciore con contundencia de cuántos fantasmas almacenan en sus armarios
particulares los miembros de su Gabinete, pues a este paso, acabará por perder con deshonor, a la
totalidad de su Gobierno, ya que como todos sabemos, las derechas ni olvidan ni
perdonan jamás y harán todo cuánto esté en su mano, por ir exterminando uno a
uno, a todos los Ministros socialistas que permanecen en sus cargos, en estos
momentos.
Todos,
tenemos en la vida luces y sombras, pero resulta ser del todo inaceptable que
antes de proponer un nombramiento de tal importancia a determinadas personas,
los asesores de Sánchez no se hayan asegurado de su total transparencia, pues
es del todo vergonzoso que la prensa, del color que sea, posea más información
sobre las vidas de esta gente que se ha dado por válida desde Moncloa para
ocupar unos cargos de tal envergadura, sin haber tenido, incomprensiblemente,
ninguna sospecha de lo que ha sucedido posteriormente.
Exigir
desde la oposición, como ha venido haciendo el PSOE durante años a los demás,
fundamentalmente, limpieza, implica ser en la vida política, académica o
privada, impecables y estos asuntos irregulares que salpican, uno tras otro, a
los Ministros de Sánchez, cada vez se parecen más a una broma macabra de un
destino que se prevé, por lo que parece, bastante incierto.

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