Una
mala noticia sobre la salud de un gran amigo, traslada mi pensamiento muchos
años atrás, evocado estos tiempos en que hemos compartido tantas cosas y tantas
querencias, apoyándonos mutuamente en los buenos y malos momentos, cayendo y rehaciéndonos
y construyendo un camino que ha
mantenido nuestra comunión sin reservas, mucho más allá de las vicisitudes y los
cambios sobrevenidos sorpresivamente.
El hachazo, que me ha descompuesto por dentro como si repentinamente
me hubiera roto en dos, deshaciéndome todos
los esquemas ya preparados, sobre los
que pensaba escribir, me retrotrae a mi vida interior, haciendo que me reafirme
en mi teoría de que las cosas mundanas pierden en un instante toda su
importancia, si lo que nos sucede como seres humanos que somos, sensibles al
dolor, consigue superarnos de pronto recordándonos nuestra extrema fragilidad y
sobre todo, el peso incandescente de nuestra propia conciencia.
Gracias a que creemos en la esperanza y a que nuestro
afán de superación nos presta una inestimable ayuda en casos parecidos a este,
procuramos recomponernos poniendo nuestras expectativas en que la suerte y la buena labor
de los profesionales de nuestra sanidad logren dar con una rendija por la que
pueda entrar un poco de luz que nos saque de las tinieblas, pero el impacto de
esos primeros instantes, esos primeros minutos que transcurren hasta que una es
consciente de no haber abandonado jamás la
rebeldía y que el deber ahora es apoyar sin tregua la lucha y no rendirse a los reveses que puedan ir viniendo, te sumen
en un mar de incertidumbre y desesperación, difícilmente superables, por la
propia naturaleza de la magnitud de los sentimientos.
Comprenderán mis lectores, humanos como yo, simplemente
porque pertenecemos a una misma e irrepetible especie, que obvie hoy los temas
que pensaba, pues sencillamente han quedado reducidos a una especie de polvo
sin valor, al haber perdido toda su
trascendencia, ya que el mero hecho de haber sido capaz de sentarme a escribir,
tras haber conocido la mala noticia, ha supuesto, para esta humilde bloguera,
un esfuerzo inconmensurable, pues no puedo evitar que los pensamientos se un hayan
estancado en un bucle de irracionalidad, al que después trataré de encontrar
una salida, cuando consiga controlar este vendaval de sufrimiento.
Par alguien que nunca ha sido amiga de la resignación y
que jamás ha apartado la mirada de los problemas, habiendo encarado, durante
toda la vida, lo malo y lo bueno, de frente, nada hay peor que ese periodo
incierto en el que todavía no se ha tomado la decisión del camino a seguir y en
el que uno queda paralizado por la acción directa del miedo, como si de pronto
se hubieran cerrado todas las ventanas y se produjera en nuestro interior una
especie de niebla intensa que nos impide analizar con perspectiva, la realidad
de lo que está ocurriendo.
Permítanme dedicar esta tarde, al llanto y a la
meditación y también a buscar una tabla a la que agarrarme con todas mis
fuerza, para poder ofrecer en breve a
quién ahora más lo necesita, la voluntad de acompañarle en el duro camino que
le espera, pues a los compañeros del corazón, hay que brindarles siempre una
mano fuerte que les sostenga en los malos momentos y unas palabras cálidas que
mitiguen las circunstancias adversas, con amor, pues este sentimiento es el
único capaz de ayudar a realizar milagros, que en principio, podrían
considerarse imposibles.
En este mundo extraño, por su incondicionalidad, de la
amistad, en el que uno entra y se queda al lado de determinadas personas,
aceptándolas como son, sin esperar de ellas nada más que su confianza plena y
su afecto eterno, dar es mucho más importante que recibir y cuando se ha
compartido toda una vida con seres únicos e irrepetibles, que han convertido tus
circunstancias en las suyas y tus alegrías en sus alegrías y tu angustia en la suya, resarciéndote con su compañía de
otros muchos fracasos y sinsabores, surgidos a lo largo de un viaje que todos
hacemos, devolver todo lo que te dieron, procurar el bienestar de aquellos a
los que amas o simplemente estar a su lado cuando lo necesitan, ha de ser una
obligación inaplazable y una manera de dejar constancia de que estar en el
mundo merece la pena, aunque sólo sea por la inmensa suerte de haber conocido a
los que llevaremos en el corazón para
siempre, nuestros amigos.

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