Tras
la inauguración del nuevo Curso político, el Presidente Sánchez se apresura a recibir en Moncloa a Pablo
Iglesias, en un intento desesperado por asegurar el apoyo que de Podemos y sus
Confluencias viene recibiendo, desde el mismo momento en que se animara a presentar
la Moción de Censura que desalojó a Mariano Rajoy , para poder terminar una
legislatura que, en principio se presenta difícil, sin el respaldo de los
nacionalistas catalanes y vascos, como de todos es conocido.
La
reunión transcurrió, según ambos interlocutores, en un clima de total
cordialidad y aunque no hemos podido oír declaraciones del Presidente, acerca
de los temas que allí se trataron, la posterior comparecencia de Iglesias y el tono
empleado ante los medios, bastante conciliador por cierto, puede dar una idea
de que entre ambos Partidos existe una buena sintonía, que podría fructificar dando
lugar a una serie de interesantes acuerdos.
Vimos al líder de Podemos, mucho más
distendido de lo que suele ser habitual en sus intervenciones y admitiendo en
todo momento que su Formación y el PSOE
están destinadas a tener que entenderse, sobre todo si lo que se pretende es combatir
el amplio frente que conseguiría un gran acuerdo de las derechas, aunque para
ello haya, en estos momentos, que obrar con minuciosa cautela en lo que a la relación
con los independentistas catalanes se refiere.
Justificó
Iglesias su moderación en el discurso con el argumento real de que en unas negociaciones
todas las partes se ven obligadas a ceder, hasta hallar un punto de
coincidencia que satisfaga mínimamente sus aspiraciones y reconoció
públicamente estar dispuesto a hacerlo, con tal de poder sacar adelante un
proyecto común que mejore sensiblemente las condiciones de vida de los
ciudadanos y colectivos más afectados por los recortes laborales y de derechos
acunados durante los años de gobierno de la derecha, incidiendo principalmente,
en la importancia de que las grandes fortunas y la Banca, que hasta ahora han
logrado mantenerse a flote, en medio del maremoto económico y social que todos
hemos sufrido, empiecen a contribuir a una regeneración absolutamente necesaria
para el país, aunque para ello haya que centrar una buena parte de la
investigación sobre el fraude fiscal, precisamente en estos sectores tan
controvertidos.
La
rebaja en el tono y la distensión con la que Iglesias se comportó durante todo
el tiempo que duró su comparecencia, dieron a entender que en principio, la
Formación que dirige y todas las demás que confluyen con ella, incluida la
Izquierda Unida de Garzón, estarían dispuestas a quedarse al lado de Sánchez,
hasta que decida convocar nuevas elecciones y que se esforzarían todo lo
posible por convencer a los grupos independentistas catalanes para que pongan
de su parte en las negociaciones que les atañen particularmente, aunque mucho
nos tememos que seguramente podrán contar con el apoyo de Esquerra Republicana,
pero que convencer al PdeCat de Puigdemont, va a ser una labor casi imposible de conseguir, a
no ser que se produzca una debacle en las previsiones electorales de este
grupo, con vistas al futuro y no les quede otro remedio que aflojar, cosa que
de momento, parece bastante improbable.
Este
empecinamiento, sin embargo, bien pudiera suponer un error de dimensiones imprevisibles,
si tras e nuevos comicios, Casado y Rivera lograsen hacerse con el poder, pues
toda la disposición al diálogo y la negociación que se está teniendo en estos
momentos, se rompería inmediatamente, dando lugar a un retorno seguro a las vías
represivas y legalistas que fueron las únicas que se exploraron, mientras Rajoy
permaneció en el Gobierno
Habría
pues que pedir a Torra y sobre todo a Puigdemont, un poco de sensatez a la hora
de elaborar sus actuaciones futuras en el tema y tratar de persuadirles para
que, al menos, arbitren una tregua que permita sacar adelante a Sánchez una
serie de importantes medidas, que no sólo afectan a los ciudadanos españoles,
sino también, en igual o peor medida, a los catalanes, que además de sufrir las
mismas carencias que nosotros, se hallan inmersos en un conflicto que empieza a
minar gravemente la convivencia pacífica entre ellos.
Es
pues imprescindible, mantener y cuidar con esmero estos contactos periódicos
entre las fuerzas que se unieron para desterrar del poder al PP, seguras de que
representaba un obstáculo para poder avanzar en un camino de progreso y
procurar, por encima de todo lo demás, mantener el espíritu de unidad que les
movió en el momento de la Moción, pues de otro modo, el camino iniciado en este
sentido, podría desmoronarse, propiciando un regreso triunfal de unas derechas,
que no tendrían ningún problema, como ya hemos podido ver con anterioridad, en
aunar fuerzas, para lograr esos objetivos que tanto daño han hecho a la Sociedad
en general y que todos sabemos que supondrían un nuevo periodo de regresión, en
todo lo que concierne a nuestras libertades sociales y laborales y sobre todo,
a nuestros derechos.

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