Siguiendo
punto por punto el guion escrito por los nacionalistas del ahora PdCat,
cuando todavía Convergencia y Artur Mas
era President de la Generalitat y aplicaba sin reparos en su amada Patria,
todos los recortes propuestos por el Gobierno del PP y algunos más de propia creación,
de los que alguien tendría que hablar en algún momento, Torra visitó ayer a
Puigdemont, como siempre, acompañado por un séquito de sonrientes acérrimos de
la causa independentista, todos ellos pertenecientes a su propio Partido y
luciendo, en solapa o en forma de pañuelo, los consabidos lazos amarillos y en
un alarde de osadía, se atrevió a decir, lejos del territorio español, desde
luego, que si los presos encarcelados por el asunto del Process, no eran
puestos inmediatamente en libertad, usaría el poder que le otorga el cargo que
ocupa para abrir las prisiones, levantando tal polvareda, que no le quedó otro remedio
que desdecirse de sus afirmaciones, tan solo una hora más tarde.
El
mundo paralelo en que se vive en Waterloo, lejos de las tensiones sociales que
se producen a diario en los pueblos y ciudades de Catalunya, propicia de manera
sensiblemente peligrosa, un clima de inquietante ilusión que una buena parte de
los ciudadanos que creyeron sinceramente que el proyecto de la proclamación de
la República sería posible, apoya hasta las últimas consecuencias, convencidos
de una causa asentada sobre cimientos de fina arena, que hacen imposible que la
construcción prometida se sostenga, sobre todo si se vuelven a cometer los mismos
errores que trajeron las consecuencias que todos conocemos y que llevaron a una
buena parte de sus líderes, directamente a las cárceles en las que permanecen.
Pone
además, esta utopía esperpéntica y sin sentido que se transmite al resto del mundo
desde el pacífico santuario que habita Puigdemot, en serio peligro, la vía
abierta por Pedro Sánchez, con el apoyo de Podemos, para la reflexión, el
diálogo y las negociaciones que pudiera arbitrar una solución al conflicto y
enerva, como no podría ser de otra manera, a los principales representantes de
Esquerra Republicana, que encabezados por el encarcelado Oriol Junqueras, están
pagando todas y cada una de las consecuencias de unos actos que fueron
cometidos, codo con codo, con otros muchos que optaron por la huida y que
disfrutan de total libertad, lejos de los escenarios en los que se desarrolla
la contienda.
También
ayudan y de qué forma, sus continuas declaraciones a alimentar las tesis de las
Formaciones de derechas y muy fundamentalmente las propuestas por Rivera, que ha convertido la crisis catalana,
en un asunto personal y que daría todo lo que tiene porque triunfaran todas sus
fórmulas represivas y legalistas, para catapultarse directamente a la Moncloa,
dónde tiene puestos sus ojos, desde hace mucho tiempo.
Por
otra parte, la estrategia de la insistencia en un mismo asunto, sin ofrecer un
minuto de tregua, día a día, minuto a minuto, redundante y machacona en el
mismo discurso, empieza a resultar ciertamente cansina y no solo para los
españoles en general, que en muchos casos entendimos el derecho de los
independentistas a manifestar libremente sus opiniones, sino también para una
buena parte de sus propios seguidores, que están empezando a estar más que
hartos de que las vanas promesas que se les hicieron no se hayan materializado,
en modo alguno y que su vida no haya mejorado en ningún sentido, a pesar de los
meses de lucha continua.
Tampoco parecen convencer Puigdemont y los suyos a sus
antiguos socios de la CUP, que siguen apostando, de acuerdo con su natural
ideario, por una desobediencia plena a los dictados de la Justicia y el Gobierno
español, por lo que se podría decir, sin temor alguno a equivocarse, que el PdeCat
se está quedando solo sobre una cuerda floja que en cualquier momento podría
romperse, sin que nada ni nadie pudiera evitar el descalabro que ello
produciría, no ya en los líderes de este Partido, sino en general, en Catalunya.
Sin querer
renunciar a uno solo de sus antiguos privilegios, Puigdemont se ha convertido
en una figura grotesca que se aferra a un momento de su vida que para él debió
resultar francamente glorioso, sin percibir la dura realidad de que ese instante ya pasó y que su plan
quedó absolutamente desmantelado, en el mismo día en que decidió salir huyendo,
ssidentin pararse a pensar en las consecuencias que su fuga podría acarrear
para muchos de sus socios y compañeros.
Verdad es, que mientras Junqueras y los suyos
continúan en prisión provisional, él está disfrutando de una libertad que
constituye un evidente agravio comparativo en relación con lo que les ocurre a
los de Esquerra, pero eso, poco o nada debe importar ni al ex President, ni a
Torra, ni a ninguno de los que le profesan una devoción casi fanática, pues no
hacen, sino ofrecer motivos a sus adversarios, para que la situación de los presos
se agrave, con sus declaraciones cargadas de amenazas imposibles, cargadas de
materia explosiva.
Pedro Sánchez, se guarda las espaldas enviando un
refuerzo de agentes, de cara a la celebración de la próxima Diada, que si se
sigue calentando el ambiente, se augura como poco, difícil, aunque no sería de extrañar
que además, tuviéramos que ver cómo se recrudece la violencia.
No estaría de más, que cada una de las Formaciones que
se sumaron a esta curiosa Sociedad, en pos de conseguir la independencia para
Catalunya, aclarara, antes de que llegara la Diada, en qué punto se encuentra
en la actualidad y si realmente, quieren o no, iniciar un diálogo pacífico con
el Gobierno español, dentro de la legalidad o en cambio, prefieren continuar
con sus peregrinaciones y soflamas, prometiendo a las masas acciones que jamás podrán
cumplir, porque entonces es que mentían cuando reclamaban negociaciones y eso
sí que resultaría inadmisible.

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