jueves, 6 de septiembre de 2018

Una realidad paralela



Siguiendo punto por  punto el guion  escrito por los nacionalistas del ahora PdCat, cuando todavía Convergencia y Artur  Mas era President  de la Generalitat  y aplicaba sin reparos en su amada Patria, todos los recortes propuestos por el Gobierno del PP y algunos más de propia creación, de los que alguien tendría que hablar en algún momento, Torra visitó ayer a Puigdemont, como siempre, acompañado por un séquito de sonrientes acérrimos de la causa independentista, todos ellos pertenecientes a su propio Partido y luciendo, en solapa o en forma de pañuelo, los consabidos lazos amarillos y en un alarde de osadía, se atrevió a decir, lejos del territorio español, desde luego, que si los presos encarcelados por el asunto del Process, no eran puestos inmediatamente en libertad, usaría el poder que le otorga el cargo que ocupa para abrir las prisiones, levantando tal polvareda, que no le quedó otro remedio que desdecirse de sus afirmaciones, tan solo una hora más tarde.
El mundo paralelo en que se vive en Waterloo, lejos de las tensiones sociales que se producen a diario en los pueblos y ciudades de Catalunya, propicia de manera sensiblemente peligrosa, un clima de inquietante ilusión que una buena parte de los ciudadanos que creyeron sinceramente que el proyecto de la proclamación de la República sería posible, apoya hasta las últimas consecuencias, convencidos de una causa asentada sobre cimientos de fina arena, que hacen imposible que la construcción prometida se sostenga, sobre todo si se vuelven a cometer los mismos errores que trajeron las consecuencias que todos conocemos y que llevaron a una buena parte de sus líderes, directamente a las cárceles en las que permanecen.
Pone además, esta utopía esperpéntica y sin sentido que se transmite al resto del mundo desde el pacífico santuario que habita Puigdemot, en serio peligro, la vía abierta por Pedro Sánchez, con el apoyo de Podemos, para la reflexión, el diálogo y las negociaciones que pudiera arbitrar una solución al conflicto y enerva, como no podría ser de otra manera, a los principales representantes de Esquerra Republicana, que encabezados por el encarcelado Oriol Junqueras, están pagando todas y cada una de las consecuencias de unos actos que fueron cometidos, codo con codo, con otros muchos que optaron por la huida y que disfrutan de total libertad, lejos de los escenarios en los que se desarrolla la contienda.
También ayudan y de qué forma, sus continuas declaraciones a alimentar las tesis de las Formaciones de derechas y muy fundamentalmente las propuestas  por  Rivera, que ha convertido la crisis catalana, en un asunto personal y que daría todo lo que tiene porque triunfaran todas sus fórmulas represivas y legalistas, para catapultarse directamente a la Moncloa, dónde tiene puestos sus ojos, desde hace mucho tiempo.
Por otra parte, la estrategia de la insistencia en un mismo asunto, sin ofrecer un minuto de tregua, día a día, minuto a minuto, redundante y machacona en el mismo discurso, empieza a resultar ciertamente cansina y no solo para los españoles en general, que en muchos casos entendimos el derecho de los independentistas a manifestar libremente sus opiniones, sino también para una buena parte de sus propios seguidores, que están empezando a estar más que hartos de que las vanas promesas que se les hicieron no se hayan materializado, en modo alguno y que su vida no haya mejorado en ningún sentido, a pesar de los meses de  lucha continua.
Tampoco parecen convencer Puigdemont y los suyos a sus antiguos socios de la CUP, que siguen apostando, de acuerdo con su natural ideario, por una desobediencia plena a los dictados de la Justicia y el Gobierno español, por lo que se podría decir, sin temor alguno a equivocarse, que el PdeCat se está quedando solo sobre una cuerda floja que en cualquier momento podría romperse, sin que nada ni nadie pudiera evitar el descalabro que ello produciría, no ya en los líderes de este Partido, sino en general, en Catalunya.
 Sin querer renunciar a uno solo de sus antiguos privilegios, Puigdemont se ha convertido en una figura grotesca que se aferra a un momento de su vida que para él debió resultar francamente glorioso, sin percibir la dura realidad  de que ese instante ya pasó y que su plan quedó absolutamente desmantelado, en el mismo día en que decidió salir huyendo, ssidentin pararse a pensar en las consecuencias que su fuga podría acarrear para muchos de sus socios y compañeros.
Verdad es, que mientras Junqueras y los suyos continúan en prisión provisional, él está disfrutando de una libertad que constituye un evidente agravio comparativo en relación con lo que les ocurre a los de Esquerra, pero eso, poco o nada debe importar ni al ex President, ni a Torra, ni a ninguno de los que le profesan una devoción casi fanática, pues no hacen, sino ofrecer motivos a sus  adversarios, para que la situación de los presos se agrave, con sus declaraciones cargadas de amenazas imposibles, cargadas de materia explosiva.
Pedro Sánchez, se guarda las espaldas enviando un refuerzo de agentes, de cara a la celebración de la próxima Diada, que si se sigue calentando el ambiente, se augura como poco, difícil, aunque no sería de extrañar que además, tuviéramos que ver cómo se recrudece la violencia.
No estaría de más, que cada una de las Formaciones que se sumaron a esta curiosa Sociedad, en pos de conseguir la independencia para Catalunya, aclarara, antes de que llegara la Diada, en qué punto se encuentra en la actualidad y si realmente, quieren o no, iniciar un diálogo pacífico con el Gobierno español, dentro de la legalidad o en cambio, prefieren continuar con sus peregrinaciones y soflamas, prometiendo a las masas acciones que jamás podrán cumplir, porque entonces es que mentían cuando reclamaban negociaciones y eso sí que resultaría inadmisible.

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