lunes, 3 de septiembre de 2018

La guerra de los lazos




Queda inaugurado el curso político, en medio de la absurda polémica que se ha levantado entre los partidos por la colocación y el retirado de lazos amarillos, a lo largo de toda la geografía catalana, polémica que se ha ido recrudeciendo especialmente entre las derechas y las izquierdas, dando como único resultado una enorme publicidad gratuita a la causa independentista, que como ya hemos podido comprobar, sabe muy bien cómo gestionar en su favor, esta historia de símbolos y banderas que en el fondo pertenece a la más estricta intimidad de cada cual y a la que por  tanto, se concede mayor o menor importancia, según quién lo mire.
Como era de esperar, Albert Rivera enseguida se ha auto proclamado como defensor único e insustituible de la unidad del Estado y anda arrancando con sus compañeros de Partido, un día sí y otro también, todos los lazos con los que se tropieza en la calle y hasta ha recurrido al Defensor del Pueblo, alegando una indefensión de una parte de la ciudadanía catalana que puede que sea cierta en determinados aspectos, pero a la que no afecta, ni para bien ni para mal, que cuelguen o no estos lazos que por la Libertad de expresión reconocida en nuestra Constitución, pueden ser legítimamente colocados, allá dónde se quiera.
Poco o nada parece preocupar a Rivera que en otros muchos lugares del país permanezcan expuestos toda clase de símbolos representativos de la ideología fascista, colocados durante los años de la dictadura y que incluso haya expresado cierta contrariedad ante la idea de la exhumación de los restos de Franco, como si la permanencia de esta multitud de recordatorios de una etapa nefasta de nuestra Historia fuera algo natural y hubiera que convivir con ellos, obligatoriamente.
Da la impresión, oyendo las declaraciones continuas que ofrecen, siempre ante las cámaras, los representantes de PP y Ciudadanos, de que el conflicto catalán hubiera quedado de pronto reducido a la profusión de lazos que lucen en todos los rincones de esta tierra y que los problemas fundamentales que originaron que la situación haya llegado justo al momento en que se encuentra, hubieran desaparecido mágicamente, absorbidos por la marea amarilla que inunda los pueblos y ciudades y que son retirados, sin tregua, por otros ciudadanos, con otro pensamiento distinto.
Presumir que todo este espectáculo que están ofreciendo las derechas, no persigue otro objetivo que la obtención del voto de aquella parte de la sociedad catalana  que no desea la independencia, sería quizás, aventurar una opinión verdaderamente personal que como todas, pudiera estar del todo equivocada, pero es que nadie impide a ese sector de la población, la colocación de banderas españolas en balcones o logares públicos o privados, ni a los otros, su derecho a quitarlas, si es que ese fuera su deseo, pues en una democracia auténtica han de caber, como todos sabemos, todas las opciones, de manera pacífica, naturalmente.
Entretanto, el Gobierno de Pedro Sánchez afronta el comienzo del nuevo curso político con la intención de retomar las negociaciones prometidas al President de la Generalitat, al principio del verano y ahí será, dónde verdaderamente habrá que poner, por ambas partes, toda la carne en el asador, para intentar hallar una solución estrictamente política al gravísimo problema que se está viviendo en Catalunya y que estamos seguros, puede resolverse por esta vía, por la que siempre hemos apostado, si existe voluntad real de hacerlo y creemos que la hay, como no podría ser de otra manera.
Juega pues la derecha, en mayor o menor medida, a tratar de azuzar a su público en general, intentando que los enfrentamientos se recrudezcan para, como ya han declarado, forzar una nueva   aplicación del artículo 155 y de paso, poder decir que llevaban toda la razón cuando decían que la vía legal era la única que podía poner fin al problema, aunque los resultados obtenidos a través de este método, fueron, como todos sabemos, absolutamente infructuosos.
Habrá que esperar un tiempo prudencial, hasta ver qué ocurre en las primeras reuniones del Gobierno con los separatistas, pero se intuye, por el modo en que se expresan las derechas, que en el fondo, les haría mucho daño que el diálogo triunfara anulando, por la fuerza de la razón, todos sus argumentos y sobre todo, porque si así ocurriera, las urnas podrían llenarse de votos para los socialistas de Sánchez, sin que nada pudiera impedirlo, cosa que dañaría gravemente las esperanzas futuras que albergan Casado y Rivera, en el fondo de sus corazones.
Bienvenidos, queridos lectores, a este nuevo curso que promete ser belicoso y si me lo permiten, hasta virulento y que comienza hoy, del mismo modo en que terminó el anterior, por lo que hemos de deducir que la lucha será encarnizada y que nos esperan días difíciles cargados de noticias, aunque lo que de verdad deseamos, es que empiecen a solucionarse algunos de nuestros problemas auténticos.
Hagan examen de conciencia y díganme, qué puñetas puede importar a una familia sin recursos, si de los barandales cuelgan o no lazos amarillos reclamando la libertad de los presos.


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