Queda
inaugurado el curso político, en medio de la absurda polémica que se ha levantado
entre los partidos por la colocación y el retirado de lazos amarillos, a lo
largo de toda la geografía catalana, polémica que se ha ido recrudeciendo
especialmente entre las derechas y las izquierdas, dando como único resultado
una enorme publicidad gratuita a la causa independentista, que como ya hemos
podido comprobar, sabe muy bien cómo gestionar en su favor, esta historia de
símbolos y banderas que en el fondo pertenece a la más estricta intimidad de
cada cual y a la que por tanto, se concede
mayor o menor importancia, según quién lo mire.
Como
era de esperar, Albert Rivera enseguida se ha auto proclamado como defensor
único e insustituible de la unidad del Estado y anda arrancando con sus
compañeros de Partido, un día sí y otro también, todos los lazos con los que se
tropieza en la calle y hasta ha recurrido al Defensor del Pueblo, alegando una
indefensión de una parte de la ciudadanía catalana que puede que sea cierta en
determinados aspectos, pero a la que no afecta, ni para bien ni para mal, que
cuelguen o no estos lazos que por la Libertad de expresión reconocida en nuestra
Constitución, pueden ser legítimamente colocados, allá dónde se quiera.
Poco
o nada parece preocupar a Rivera que en otros muchos lugares del país
permanezcan expuestos toda clase de símbolos representativos de la ideología
fascista, colocados durante los años de la dictadura y que incluso haya expresado
cierta contrariedad ante la idea de la exhumación de los restos de Franco, como
si la permanencia de esta multitud de recordatorios de una etapa nefasta de
nuestra Historia fuera algo natural y hubiera que convivir con ellos,
obligatoriamente.
Da
la impresión, oyendo las declaraciones continuas que ofrecen, siempre ante las
cámaras, los representantes de PP y Ciudadanos, de que el conflicto catalán
hubiera quedado de pronto reducido a la profusión de lazos que lucen en todos
los rincones de esta tierra y que los problemas fundamentales que originaron
que la situación haya llegado justo al momento en que se encuentra, hubieran
desaparecido mágicamente, absorbidos por la marea amarilla que inunda los
pueblos y ciudades y que son retirados, sin tregua, por otros ciudadanos, con
otro pensamiento distinto.
Presumir
que todo este espectáculo que están ofreciendo las derechas, no persigue otro
objetivo que la obtención del voto de aquella parte de la sociedad catalana que no desea la independencia, sería quizás,
aventurar una opinión verdaderamente personal que como todas, pudiera estar del
todo equivocada, pero es que nadie impide a ese sector de la población, la
colocación de banderas españolas en balcones o logares públicos o privados, ni
a los otros, su derecho a quitarlas, si es que ese fuera su deseo, pues en una
democracia auténtica han de caber, como todos sabemos, todas las opciones, de
manera pacífica, naturalmente.
Entretanto,
el Gobierno de Pedro Sánchez afronta el comienzo del nuevo curso político con
la intención de retomar las negociaciones prometidas al President de la
Generalitat, al principio del verano y ahí será, dónde verdaderamente habrá que
poner, por ambas partes, toda la carne en el asador, para intentar hallar una
solución estrictamente política al gravísimo problema que se está viviendo en Catalunya
y que estamos seguros, puede resolverse por esta vía, por la que siempre hemos
apostado, si existe voluntad real de hacerlo y creemos que la hay, como no podría
ser de otra manera.
Juega
pues la derecha, en mayor o menor medida, a tratar de azuzar a su público en
general, intentando que los enfrentamientos se recrudezcan para, como ya han
declarado, forzar una nueva aplicación del artículo 155 y de paso, poder
decir que llevaban toda la razón cuando decían que la vía legal era la única que
podía poner fin al problema, aunque los resultados obtenidos a través de este
método, fueron, como todos sabemos, absolutamente infructuosos.
Habrá
que esperar un tiempo prudencial, hasta ver qué ocurre en las primeras reuniones
del Gobierno con los separatistas, pero se intuye, por el modo en que se
expresan las derechas, que en el fondo, les haría mucho daño que el diálogo
triunfara anulando, por la fuerza de la razón, todos sus argumentos y sobre
todo, porque si así ocurriera, las urnas podrían llenarse de votos para los
socialistas de Sánchez, sin que nada pudiera impedirlo, cosa que dañaría gravemente
las esperanzas futuras que albergan Casado y Rivera, en el fondo de sus
corazones.
Bienvenidos,
queridos lectores, a este nuevo curso que promete ser belicoso y si me lo
permiten, hasta virulento y que comienza hoy, del mismo modo en que terminó el
anterior, por lo que hemos de deducir que la lucha será encarnizada y que nos
esperan días difíciles cargados de noticias, aunque lo que de verdad deseamos,
es que empiecen a solucionarse algunos de nuestros problemas auténticos.
Hagan
examen de conciencia y díganme, qué puñetas puede importar a una familia sin
recursos, si de los barandales cuelgan o no lazos amarillos reclamando la
libertad de los presos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario