lunes, 10 de septiembre de 2018

La caída



Tras celebrar una reunión con Pablo Casado, la que fuera vice Presidenta del Gobierno con Mariano Rajoy  decide finalmente retirarse de la vida política, rindiéndose seguramente a la evidencia de que el que fuera uno de sus adversarios en las primarias y posterior ganador de las mismas, no contempla la evolución del PP del mismo modo en que lo han hecho durante años los colaboradores más íntimos del ex Presidente y probablemente convencida de no tener cabida en ningún puesto de responsabilidad, ahora que las líneas marcadas por los actuales dirigentes del que fuera su Partido, están girando peligrosamente hacia los planteamientos de la extrema derecha.
Habría que reconocerle a Santamaría, aún sin haber comulgado nunca con su ideario, un infatigable afán de trabajo y una lealtad para con quién fuera su superior más directo que ha traspasado con mucho los límites considerados como normales, pues como todos recordaremos, jamás ha rechazado enfrentarse a las situaciones más difíciles, cuando las circunstancias lo han requerido y mientras Rajoy decidía permanecer en un segundo plano, parapetándose descaradamente tras ella, evitando así, los peores golpes que le llegaban desde la oposición y sin llegar a reconocer nunca, los tragos amargos que ha tenido que soportar esta mujer, a causa de sus muchas ausencias.
Enemiga acérrima de Maria Dolores de Cospedal, todos tuvimos claro, en cuanto vimos que la ya ex Presidenta de Castilla La Mancha se apresuró a subirse al carro del ganador, pegándose a Casado, tan sólo unos minutos después de ser `proclamado como nuevo líder del Partido, que Santamaría no tendría cabida en el nuevo orden establecido por el recién llegado, dada su sintonía con personajes del estilo de Aznar y también que su dignidad no le permitiría aceptar el hecho de ser rebajada hasta la humillación, sobre todo, después de haber estado ocupando uno de los puestos de mayor responsabilidad política en el país , como todos recordaremos.
Denostada durante los últimos tiempos por una buena parte de sus compañeros y muy fundamentalmente por el ala más conservadora, a la que pertenece Casado, por su gestión durante la crisis catalana, los años de gloria de Santamaría,  al frente del poder, se precipitaron bajo el alud que se produjo tras la pérdida de la Moción de Censura y la marcha inmediata de Rajoy, que podría haber sido su principal valedor, de haberse quedado un poco más, aunque no hubiera sido más que para saldar la impagable deuda que con ella tenía.
Se cierra, con la marcha de Santamaría, una etapa de infausto recuerdo en la que los asuntos de corrupción protagonizados por multitud de líderes conservadores terminaron por pasar factura a quiénes trataron de taparlos sin importar los medios empleados para  conseguirlo y se abre otra de ideología ultraconservadora, que movida desde la sombra  principalmente, por Aznar y todos aquellos que aún le son leales, ofrezca a su fiel  electorado, una imagen mucho más radical, sobre todo en problemas relacionados con la Unidad territorial, como tratando de demostrar una clase de patriotismo, mucho más rancio y obsoleto.
Dónde irá a parar Santamaría, tras su abandono de la vida política y si utilizará o no alguna de las muchas puertas giratorias que se le habrán abierto de par en par, como a todos los altos cargos que antes que ella decidieron o se vieron obligados a dejar sus funciones, es una incógnita que aún está por resolver, aunque pronto sabremos qué destino aguarda a quien fuera durante legislatura y media, sparring de un Presidente demasiado flemático, incapaz de afrontar ninguna de las crisis que por razones de su cargo y por otras del todo inaceptables, le sobrevinieron.
Está claro, como ya hemos dicho tantas veces, que en Política todo es absolutamente efímero y susceptible de ser cambiado en cuestión de segundos y que se puede bajar del cielo a los infiernos porque nadie resulta ser imprescindible, aunque muchos piensen erróneamente que pueden llegar a serlo.

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