Tras
celebrar una reunión con Pablo Casado, la que fuera vice Presidenta del
Gobierno con Mariano Rajoy decide
finalmente retirarse de la vida política, rindiéndose seguramente a la evidencia
de que el que fuera uno de sus adversarios en las primarias y posterior ganador
de las mismas, no contempla la evolución del PP del mismo modo en que lo han
hecho durante años los colaboradores más íntimos del ex Presidente y probablemente
convencida de no tener cabida en ningún puesto de responsabilidad, ahora que
las líneas marcadas por los actuales dirigentes del que fuera su Partido, están
girando peligrosamente hacia los planteamientos de la extrema derecha.
Habría
que reconocerle a Santamaría, aún sin haber comulgado nunca con su ideario, un
infatigable afán de trabajo y una lealtad para con quién fuera su superior más
directo que ha traspasado con mucho los límites considerados como normales,
pues como todos recordaremos, jamás ha rechazado enfrentarse a las situaciones
más difíciles, cuando las circunstancias lo han requerido y mientras Rajoy
decidía permanecer en un segundo plano, parapetándose descaradamente tras ella,
evitando así, los peores golpes que le llegaban desde la oposición y sin llegar
a reconocer nunca, los tragos amargos que ha tenido que soportar esta mujer, a
causa de sus muchas ausencias.
Enemiga
acérrima de Maria Dolores de Cospedal, todos tuvimos claro, en cuanto vimos que
la ya ex Presidenta de Castilla La Mancha se apresuró a subirse al carro del
ganador, pegándose a Casado, tan sólo unos minutos después de ser `proclamado
como nuevo líder del Partido, que Santamaría no tendría cabida en el nuevo
orden establecido por el recién llegado, dada su sintonía con personajes del
estilo de Aznar y también que su dignidad no le permitiría aceptar el hecho de
ser rebajada hasta la humillación, sobre todo, después de haber estado ocupando
uno de los puestos de mayor responsabilidad política en el país , como todos recordaremos.
Denostada
durante los últimos tiempos por una buena parte de sus compañeros y muy fundamentalmente
por el ala más conservadora, a la que pertenece Casado, por su gestión durante
la crisis catalana, los años de gloria de Santamaría, al frente del poder, se precipitaron bajo el
alud que se produjo tras la pérdida de la Moción de Censura y la marcha
inmediata de Rajoy, que podría haber sido su principal valedor, de haberse quedado
un poco más, aunque no hubiera sido más que para saldar la impagable deuda que
con ella tenía.
Se
cierra, con la marcha de Santamaría, una etapa de infausto recuerdo en la que
los asuntos de corrupción protagonizados por multitud de líderes conservadores terminaron
por pasar factura a quiénes trataron de taparlos sin importar los medios
empleados para conseguirlo y se abre
otra de ideología ultraconservadora, que movida desde la sombra principalmente, por Aznar y todos aquellos que
aún le son leales, ofrezca a su fiel electorado,
una imagen mucho más radical, sobre todo en problemas relacionados con la
Unidad territorial, como tratando de demostrar una clase de patriotismo, mucho más
rancio y obsoleto.
Dónde
irá a parar Santamaría, tras su abandono de la vida política y si utilizará o
no alguna de las muchas puertas giratorias que se le habrán abierto de par en
par, como a todos los altos cargos que antes que ella decidieron o se vieron
obligados a dejar sus funciones, es una incógnita que aún está por resolver,
aunque pronto sabremos qué destino aguarda a quien fuera durante legislatura y
media, sparring de un Presidente demasiado flemático, incapaz de afrontar
ninguna de las crisis que por razones de su cargo y por otras del todo
inaceptables, le sobrevinieron.
Está
claro, como ya hemos dicho tantas veces, que en Política todo es absolutamente efímero
y susceptible de ser cambiado en cuestión de segundos y que se puede bajar del cielo
a los infiernos porque nadie resulta ser imprescindible, aunque muchos piensen
erróneamente que pueden llegar a serlo.

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