El sorpresivo ataque a Siria, protagonizado por orden expresa
de Trump hace sólo unos días, como respuesta al supuesto ataque con armas
químicas, por parte de las fuerzas gubernamentales, ha traído unos efectos
colaterales absolutamente indeseados, empezando por la muerte de civiles, entre
los que se encontraban varios niños y siguiendo por la confrontación abierta
contra el gobierno de Putin, que siempre se ha declarado favorable a la
continuidad en el poder de Bashar al Asad, al que ha prestado ayuda durante
todo el conflicto.
Aunque no debe ser así, pues en estas cosas siempre subyacen
intereses económicos de algún tipo, a uno le da la impresión de que el nuevo
Presidente de los Estados Unidos, se mueve guiado por sentimientos que le provocan un
determinado grado de indignación y que ni siquiera tiene la deferencia de
consultar a los expertos que sin duda debe tener como asesores, antes de tomar
decisiones de extrema gravedad, que bien podrían poner en peligro la
estabilidad mundial, abocándonos a una serie de contiendas que podrían
evitarse, si se razonaran seriamente los movimientos a seguir y en consenso con
otras Naciones.
Lo malo de esta manera de actuar, sobre todo cuando se trata
de asuntos en los que están en juego factores bélicos, como es el caso de la
guerra de Siria, es que resulta prácticamente imposible prever cuáles serán las
reacciones que tendrá el que hoy dirige el país más poderoso del mundo y
también, que no hay forma de contrarrestar los hechos cuando ya han ocurrido,
ni siquiera a través de Organismos internacionales, como las Naciones Unidas,
por muy en contra que hayan estado de los ataques, desde un primer momento.
Al conflicto Sirio, ya enmarañadísimo de por sí, pues las
guerras a tres bandas no suelen ser habituales, al menos hasta el momento,
habría pues que añadir estas intervenciones esporádicas e irreflexivas, que
parece que pueden marcar la tónica de Trump, durante los años que dure su
mandato y que endurecen aún más si cabe, la lucha tácita que mantienen Oriente y Occidente,
radicalizando sobre todo, las posturas de un Estado Islámico que está
demostrando que puede captar adeptos en cualquier parte de la tierra, a los que
no les importa atentar contra la población civil en cualquier momento, aunque
en ello les vaya la vida.
Muchos son los que han defendido y defienden que sólo a
través de las negociaciones se puede llegar a un final relativamente tranquilo,
en el que cada cual ocupe su lugar en un mundo en el que debieran tener cabida
pacífica todas y cada una de las ideologías elegidas libremente por los
pueblos, pero el camino a seguir empieza a convertirse en impracticable, cuando
el poder se encuentra en manos de quiénes animan a practicar la xenofobia contra
determinados colectivos, aprovechando además, la crisis económica actual, para
ganar adeptos a un nacionalismo encubierto que recuerda peligrosamente al de
los años del fascismo.
Si a esto añadimos un enfriamiento paulatino de las
relaciones entre norteamericanos y rusos y un desencuentro absoluto en la
manera de concebir cómo tratar casos como el de Siria, los lúgubres tiempos de
la Guerra fría, acabarán por volver, dividiendo a la tierra de nuevo, en
bloques de enemigos irreconciliables, a los que costará mucho esfuerzo intentar
acercar, si es que aún fuera posible conseguirlo.
Le falta a Trump y también a Putin, parece, la mesura de
sentarse a meditar la gravedad de sus decisiones y sobre todo, la empatía que
debiera despertar la situación en que se encuentra la población civil de Siria,
sobre todo si permanece en su Estado, aunque también, si han podido salir de
allí, convirtiéndose en los refugiados políticos más mal tratados, en toda la
historia.
Los dos, carecen de la altura política necesaria para poder
hallar una salida a este o a cualquier otro problema que requiera de su
intervención y sólo un milagro podría aportar un poco de luz, a mentes tan
obtusas como éstas.
Entretanto, Siria ha dejado de existir y se debate, sobre los
escombros de sus ciudades, entre la desaparición o el olvido, aguardando que
los mandatarios actuales entren de una vez en razón y empiecen a prestarles la
ayuda que de verdad necesitan, en vez de enviar únicamente misiles y miseria.

No hay comentarios:
Publicar un comentario