martes, 11 de abril de 2017

Una complicación peligrosa


El sorpresivo ataque a Siria, protagonizado por orden expresa de Trump hace sólo unos días, como respuesta al supuesto ataque con armas químicas, por parte de las fuerzas gubernamentales, ha traído unos efectos colaterales absolutamente indeseados, empezando por la muerte de civiles, entre los que se encontraban varios niños y siguiendo por la confrontación abierta contra el gobierno de Putin, que siempre se ha declarado favorable a la continuidad en el poder de Bashar al Asad, al que ha prestado ayuda durante todo el conflicto.
Aunque no debe ser así, pues en estas cosas siempre subyacen intereses económicos de algún tipo, a uno le da la impresión de que el nuevo Presidente de los Estados Unidos, se mueve  guiado por sentimientos que le provocan un determinado grado de indignación y que ni siquiera tiene la deferencia de consultar a los expertos que sin duda debe tener como asesores, antes de tomar decisiones de extrema gravedad, que bien podrían poner en peligro la estabilidad mundial, abocándonos a una serie de contiendas que podrían evitarse, si se razonaran seriamente los movimientos a seguir y en consenso con otras Naciones.
Lo malo de esta manera de actuar, sobre todo cuando se trata de asuntos en los que están en juego factores bélicos, como es el caso de la guerra de Siria, es que resulta prácticamente imposible prever cuáles serán las reacciones que tendrá el que hoy dirige el país más poderoso del mundo y también, que no hay forma de contrarrestar los hechos cuando ya han ocurrido, ni siquiera a través de Organismos internacionales, como las Naciones Unidas, por muy en contra que hayan estado de los ataques, desde un primer momento.
Al conflicto Sirio, ya enmarañadísimo de por sí, pues las guerras a tres bandas no suelen ser habituales, al menos hasta el momento, habría pues que añadir estas intervenciones esporádicas e irreflexivas, que parece que pueden marcar la tónica de Trump, durante los años que dure su mandato y que endurecen aún más si cabe, la lucha tácita  que mantienen Oriente y Occidente, radicalizando sobre todo, las posturas de un Estado Islámico que está demostrando que puede captar adeptos en cualquier parte de la tierra, a los que no les importa atentar contra la población civil en cualquier momento, aunque en ello les vaya la vida.
Muchos son los que han defendido y defienden que sólo a través de las negociaciones se puede llegar a un final relativamente tranquilo, en el que cada cual ocupe su lugar en un mundo en el que debieran tener cabida pacífica todas y cada una de las ideologías elegidas libremente por los pueblos, pero el camino a seguir empieza a convertirse en impracticable, cuando el poder se encuentra en manos de quiénes  animan a practicar la xenofobia contra determinados colectivos, aprovechando además, la crisis económica actual, para ganar adeptos a un nacionalismo encubierto que recuerda peligrosamente al de los años del fascismo.
Si a esto añadimos un enfriamiento paulatino de las relaciones entre norteamericanos y rusos y un desencuentro absoluto en la manera de concebir cómo tratar casos como el de Siria, los lúgubres tiempos de la Guerra fría, acabarán por volver, dividiendo a la tierra de nuevo, en bloques de enemigos irreconciliables, a los que costará mucho esfuerzo intentar acercar, si es que aún fuera posible conseguirlo.
Le falta a Trump y también a Putin, parece, la mesura de sentarse a meditar la gravedad de sus decisiones y sobre todo, la empatía que debiera despertar la situación en que se encuentra la población civil de Siria, sobre todo si permanece en su Estado, aunque también, si han podido salir de allí, convirtiéndose en los refugiados políticos más mal tratados, en toda la historia.
Los dos, carecen de la altura política necesaria para poder hallar una salida a este o a cualquier otro problema que requiera de su intervención y sólo un milagro podría aportar un poco de luz, a mentes tan obtusas como éstas.
Entretanto, Siria ha dejado de existir y se debate, sobre los escombros de sus ciudades, entre la desaparición o el olvido, aguardando que los mandatarios actuales entren de una vez en razón y empiecen a prestarles la ayuda que de verdad necesitan, en vez de enviar únicamente misiles y miseria.


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