Se otorga el Premio Pulitzer al Consorcio Internacional de
Periodistas de Investigación, por la brillante labor realizada en el
seguimiento y posterior publicación del caso de los papeles de Panamá, que ha
contado con la colaboración de profesionales ubicados en 78 países, logrando destapar
uno de los mayores escándalos aparecidos hasta ahora en los medios y
demostrando que la fuerza del llamado cuarto poder, funciona en cuanto se aleja
de la tutela de los grupos políticos, dedicándose a su fin primordial, que no
es otro que el esclarecimiento de los hechos y el relato de la verdad, por
cruda que ésta sea.
Este premio, que celebramos ayer clamorosamente todos los que
procuramos informar a diario de las cosas que ocurren a nuestro alrededor y muy
fundamentalmente los que no dependemos de las presiones de las grandes empresas
editoriales, ni de la publicidad, pudiendo expresar nuestras opiniones
libremente, se convierte en un reconocimiento tácito a esos periodistas de raza
que luchan denodadamente contra el entorno que les rodea en este mundo en que
vivimos, arriesgando su propia estabilidad económica y psicológica, por
defender los principios fundamentales de esta delirante profesión, tantas veces
atacada furiosamente por algunos líderes políticos, pero sin cuya colaboración,
difícilmente se habrían podido esclarecer, me atrevo a decir, que una gran parte de las corruptelas que se vienen
dando a lo largo y ancho de este mundo.
Felicitaciones en nuestro país, especialmente a La Sexta y el
Confidencial, que desde el principio nos mantuvieron pegados a la información
que a diario nos iban ofreciendo y que consiguieron, entre otras muchas cosas,
la dimisión del Ministro Soria, por su clarísima implicación en el tema del que
estamos hablando y que tantas alegrías está dando a los profesionales que se
han volcado hasta la extenuación en él, provocando un terremoto a nivel
mundial, como nunca se había conocido.
El Pulitzer, que otorga un enorme prestigio a quiénes lo
reciben, no ha podido estar más compartido que en esta ocasión, pero lo verdaderamente
importante es que este reconocimiento marca una línea entre las diversas maneras de hacer periodismo,
dando a la vez, una llamada de atención a las grandes empresas editoriales y a
los que se convierten en meros lacayos de determinadas ideologías,
recordándoles que cuando se trata de difundir información, ser imparcial y
poder demostrar fehacientemente todo aquello que se publica, ha de estar, ineludiblemente,
por encima de los propios intereses e incluso del propio pensamiento.
Porque en esta profesión, que ha de ser necesariamente vocacional y en la que no se puede perder
jamás el entusiasmo que produce transmitir cualquier tipo de información a los
lectores , escribiendo todos los artículos como si fueran el primero, faltar a
la verdad o maquillarla en función de los intereses de determinados grupos
económicos o Partidos políticos, se convierte en un pecado mortal, del todo
imperdonable para quién lo comete, arrebatándole para siempre cualquier atisbo
de credibilidad y despojándole tácitamente de la condición de ser Periodista.
Bueno es, no recuerdo quién lo dijo, que los políticos vivan
con el temor de que la prensa pueda achacarles alguna irregularidad en el
cumplimiento de sus funciones y esto, que
podría parecer petulante e incluso amenazador, según cómo se interprete, es sin
embargo, la pura verdad, pues de no haber sido así, casos como el Watergate o
éste mismo que hoy nos ocupa, no hubieran existido jamás, provocando las
consecuencias que todos conocemos.
Bienvenido sea pues, para todos los galardonados, este
Pulitzer que aclara meridianamente cuáles han de ser las funciones del
Periodista y que este premio, anime a todos aquellos que ejercen esta profesión
de otro modo, a cambiarla por otra en la que al menos, no obstaculicen el
trabajo de los que de verdad, llevan al periodismo en la sangre y son capaces
de ejercerlo desde el honor, sin hacer concesiones y tratando en todo momento
de ofrecer la verdad, a los que
respetamos y admiramos su valentía, a la hora de defender la decencia.

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