jueves, 20 de abril de 2017

El último eslabón


La detención de Ignacio González, que sucedió a Esperanza  Aguirre, como Presidente de la Comunidad de Madrid, aunque parece que se esperaba desde hace varios días, ha levantado un auténtico torbellino de acontecimientos que podrían precipitar un final poco decoroso para los que formaron parte de un equipo gubernativo, posteriormente implicado casi al completo en una serie de gravísimos casos de corrupción y cuya cabeza visible era hoy también llamada como testigo a declarar en relación con la Gurtel, quizá como último eslabón de una cadena que se ha hecho totalmente añicos en los últimos tiempos.
Los registros de ayer y el posterior ingreso en los calabozos de Ignacio González, al que el juez acusa de nueve delitos, en compañía de otras once personas entre las que se encuentra su propio hermano, no dejan muchos caminos al PP, que se ha visto forzado a suspender de militancia al ex Presidente de la Comunidad y a pedir, según fuentes cercanas, la dimisión inmediata a Esperanza Aguirre y a ser posible, el abandono total de todas sus labores como política.
Hasta ahora y quizá por lo  mucho que debe saber la ex Presidenta madrileña sobre los entresijos de su propio Partido y muy especialmente sobre sus adversarios políticos más directos, dentro del mismo,  Aguirre había ido sorteando con arte de prestidigitador, el desastre que se cernía a su alrededor derrumbando una tras otra las figuras de sus más estrechos colaboradores, acusados por la justicia de malversar, extorsionar y enriquecerse personalmente de la adjudicación de obras públicas, todas ellas realizadas durante el mandato de la Presidenta, aunque ella haya negado por activa y por pasiva, el conocimiento de ninguno de estos hechos.
Su soberbia natural y la suerte que ha tenido hasta ahora, consiguiendo salir airosa de toda esta trama corrupta que la rodeaba tan de cerca, deben haberla convencido de que se había convertido en un ser intocable y la tolerancia de sus propios compañeros, incluido Rajoy, que aún sin comulgar en absoluto con sus ideas, le ha permitido seguir manteniendo cierto status de preferencia dentro de la Formación a la que todos pertenecen, había afianzado esta idea, que ahora se derrumba piedra a piedra, dejando a Aguirre en una espantosa soledad, de la que no podrá escapar, entre otras cosas, porque durante años se ha encargado de labrarse a pulso una total enemistad con la cúpula dirigente.
Sus lágrimas de hoy, a la salida de la Audiencia Nacional, más que por lo que pudiera ocurrirle a Ignacio González, reflejaban la rabia contenida que debe sentir por tener que marcharse con tal deshonor y sobre todo por saber que el ala del PP a la que pertenece el Presidente Rajoy, le gana finalmente la partida, poniendo fin a cualquier aspiración que aún le quedara, de sucederle en el puesto.
El hecho de que Francisco Marhuenda haya sido a la vez, imputado por presuntas coacciones hacia la persona de Cristina Cifuentes, tradicionalmente enfrentada a Aguirre, como es público y notorio, tampoco ayuda en modo alguno a  que la ex Presidenta pueda esta vez, encontrar una salida por la que huir, para mantenerse en el cargo que ocupa.
El mayúsculo escándalo que le estalla en la cara a Rajoy, apenas unos días antes de que tenga que declarar como testigo en  la Audiencia Nacional, pone al Presidente en una situación de inseguridad ante los ciudadanos y sobre todo ante la oposición, que bien podría derivar, en el caso de que Ciudadanos decidiera que ha llegado el momento de retirarle su ayuda, en la convocatoria de nuevas elecciones, para las que el PP tendría que replantearse una estrategia absolutamente novedosa, si no quiere terminar en una situación similar a la que aflige al PSOE, en estos precisos momentos.
Ahogados hasta el cuello por el descubrimiento continuo de nuevos casos de corrupción, en los que cada vez son más, los que han ocupado altos cargos en el PP, a lo largo y ancho de todo el País, Rajoy y los suyos van perdiendo todo atisbo de autoridad moral parea reclamar a los ciudadanos su confianza, sobre todo, cuando se va  sabiendo el destino que han dado los corruptos al dinero correspondiente a las arcas estatales, al mismo tiempo que se agota la hucha de las pensiones, o se reclaman más recortes en Sanidad o Educación, en detrimento de este sufrido pueblo.
Rumores  como el de que el Fiscal anticorrupción ha estado presionando para que se dejara de investigar el caso de Ignacio González, por mucho que se nieguen, sólo pueden incidir en la desconfianza que despierta el Gobierno entre la gente, aumentando el descrédito que ya de por sí, existe sobre el mundo de la justicia.
Soplan malos vientos para el PP en general y el único respiro que puede, a día de hoy, permitirse Rajoy, es el estar casi seguro de haberse librado para siempre del acoso de Esperanza Aguirre, si finalmente consigue que dimita.
Poco le durará sin embargo esta alegría. Tener que declarar en el caso Gurtel, con el compromiso como testigo, de tener que decir verdad y hacerlo en una situación como la que está viviendo estos días, no debe ser fácil para él y por tanto, habrá de ser extremadamente cuidadoso con las palabras, que no son precisamente su fuerte.
La Gurtel, la Púnica, el caso de González y otros muchos en los que los acusados formaban parte de su propio Partido, podrían llevar a la muerte política al Presidente y no duden que la oposición de izquierdas, no cederá ni un ápice en su esfuerzo por conseguir que se marche. Quizá debió hacerlo, con cierta dignidad, mucho antes de que llegáramos a ésto.



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