La detención de Ignacio González, que sucedió a
Esperanza Aguirre, como Presidente de la
Comunidad de Madrid, aunque parece que se esperaba desde hace varios días, ha
levantado un auténtico torbellino de acontecimientos que podrían precipitar un
final poco decoroso para los que formaron parte de un equipo gubernativo,
posteriormente implicado casi al completo en una serie de gravísimos casos de
corrupción y cuya cabeza visible era hoy también llamada como testigo a
declarar en relación con la Gurtel, quizá como último eslabón de una cadena que
se ha hecho totalmente añicos en los últimos tiempos.
Los registros de ayer y el posterior ingreso en los calabozos
de Ignacio González, al que el juez acusa de nueve delitos, en compañía de
otras once personas entre las que se encuentra su propio hermano, no dejan
muchos caminos al PP, que se ha visto forzado a suspender de militancia al ex
Presidente de la Comunidad y a pedir, según fuentes cercanas, la dimisión
inmediata a Esperanza Aguirre y a ser posible, el abandono total de todas sus
labores como política.
Hasta ahora y quizá por lo
mucho que debe saber la ex Presidenta madrileña sobre los entresijos de
su propio Partido y muy especialmente sobre sus adversarios políticos más
directos, dentro del mismo, Aguirre había
ido sorteando con arte de prestidigitador, el desastre que se cernía a su
alrededor derrumbando una tras otra las figuras de sus más estrechos
colaboradores, acusados por la justicia de malversar, extorsionar y
enriquecerse personalmente de la adjudicación de obras públicas, todas ellas
realizadas durante el mandato de la Presidenta, aunque ella haya negado por
activa y por pasiva, el conocimiento de ninguno de estos hechos.
Su soberbia natural y la suerte que ha tenido hasta ahora, consiguiendo
salir airosa de toda esta trama corrupta que la rodeaba tan de cerca, deben
haberla convencido de que se había convertido en un ser intocable y la
tolerancia de sus propios compañeros, incluido Rajoy, que aún sin comulgar en
absoluto con sus ideas, le ha permitido seguir manteniendo cierto status de
preferencia dentro de la Formación a la que todos pertenecen, había afianzado
esta idea, que ahora se derrumba piedra a piedra, dejando a Aguirre en una
espantosa soledad, de la que no podrá escapar, entre otras cosas, porque
durante años se ha encargado de labrarse a pulso una total enemistad con la
cúpula dirigente.
Sus lágrimas de hoy, a la salida de la Audiencia Nacional,
más que por lo que pudiera ocurrirle a Ignacio González, reflejaban la rabia contenida
que debe sentir por tener que marcharse con tal deshonor y sobre todo por saber
que el ala del PP a la que pertenece el Presidente Rajoy, le gana finalmente la
partida, poniendo fin a cualquier aspiración que aún le quedara, de sucederle
en el puesto.
El hecho de que Francisco Marhuenda haya sido a la vez,
imputado por presuntas coacciones hacia la persona de Cristina Cifuentes,
tradicionalmente enfrentada a Aguirre, como es público y notorio, tampoco ayuda
en modo alguno a que la ex Presidenta pueda
esta vez, encontrar una salida por la que huir, para mantenerse en el cargo que
ocupa.
El mayúsculo escándalo que le estalla en la cara a Rajoy,
apenas unos días antes de que tenga que declarar como testigo en la Audiencia Nacional, pone al Presidente en
una situación de inseguridad ante los ciudadanos y sobre todo ante la
oposición, que bien podría derivar, en el caso de que Ciudadanos decidiera que
ha llegado el momento de retirarle su ayuda, en la convocatoria de nuevas
elecciones, para las que el PP tendría que replantearse una estrategia
absolutamente novedosa, si no quiere terminar en una situación similar a la que
aflige al PSOE, en estos precisos momentos.
Ahogados hasta el cuello por el descubrimiento continuo de
nuevos casos de corrupción, en los que cada vez son más, los que han ocupado
altos cargos en el PP, a lo largo y ancho de todo el País, Rajoy y los suyos
van perdiendo todo atisbo de autoridad moral parea reclamar a los ciudadanos su
confianza, sobre todo, cuando se va
sabiendo el destino que han dado los corruptos al dinero correspondiente
a las arcas estatales, al mismo tiempo que se agota la hucha de las pensiones,
o se reclaman más recortes en Sanidad o Educación, en detrimento de este
sufrido pueblo.
Rumores como el de que
el Fiscal anticorrupción ha estado presionando para que se dejara de investigar
el caso de Ignacio González, por mucho que se nieguen, sólo pueden incidir en
la desconfianza que despierta el Gobierno entre la gente, aumentando el
descrédito que ya de por sí, existe sobre el mundo de la justicia.
Soplan malos vientos para el PP en general y el único respiro
que puede, a día de hoy, permitirse Rajoy, es el estar casi seguro de haberse
librado para siempre del acoso de Esperanza Aguirre, si finalmente consigue que
dimita.
Poco le durará sin embargo esta alegría. Tener que declarar
en el caso Gurtel, con el compromiso como testigo, de tener que decir verdad y
hacerlo en una situación como la que está viviendo estos días, no debe ser
fácil para él y por tanto, habrá de ser extremadamente cuidadoso con las
palabras, que no son precisamente su fuerte.
La Gurtel, la Púnica, el caso de González y otros muchos en
los que los acusados formaban parte de su propio Partido, podrían llevar a la
muerte política al Presidente y no duden que la oposición de izquierdas, no
cederá ni un ápice en su esfuerzo por conseguir que se marche. Quizá debió
hacerlo, con cierta dignidad, mucho antes de que llegáramos a ésto.

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