Dimite por fin el Presidente de la Comunidad de Murcia, Pedro
Antonio Sánchez, que se ha mantenido en el cargo hasta que las abrumadoras
evidencias no le han permitido otra salida y lo hace, aún así, apoyado por
quién le sustituye, que no duda en ponerse a sus órdenes, en el primer discurso
que ofrece, como si los delitos que se le presumen no hubieran existido jamás y
fuera un capricho de los jueces y la oposición, entrar en un proceso que se ha
ido complicando con el paso de los días y que aún no se sabe qué consecuencias
reportará al que hoy abandona la Presidencia.
Este incomprensible apoyo que muestra el PP, con cada uno de
los miembros de su Partido que se ve envuelto en algún caso de corrupción y que
parece que luego se rompe, hasta el punto de hacer desaparecer de la memoria
los nombres de los encausados, se ha convertido en una especie de estrategia rutinaria,
con la que quizá puedan engañar a unos
cuantos ingenuos, pero que para el resto de los ciudadanos, en general, empieza
a ser intolerable.
Tampoco se entiende
esa fidelidad de Ciudadanos para con sus socios y que en el caso de Murcia les
ha llevado a mantenerse nadando entre dos aguas, hasta que PSOE y Podemos han
conseguido ponerse de acuerdo, si como suelen recalcar en cada una de sus intervenciones,
son realmente implacables con los casos de corrupción, pues de ser así, habrían
apoyado la moción de censura propuesta, sin condiciones y desde el primer
momento.
Nada vale ya el argumento de no querer seguir las líneas que
propone Podemos, ni desmarcarse elegantemente y con buena retórica de la que
podría considerarse como la única solución a un problema, puesto que suele
suceder, que más temprano que tarde las cosas se empiecen a complicar de manera
precipitada, dejando casi siempre a los de Rivera, definitivamente al
descubierto.
Ya veremos cuánto tarda el PP en convertir en el hombre
invisible al dimisionario de hoy, si las presuntas acusaciones que se le
suponen van cobrando cuerpo y ya veremos, qué clase de explicaciones ofrecen si
estos malos augurios acaban por hacerse realidad, como ha ocurrido en muchos
casos que todos tenemos frescos en la memoria y que no olvidaremos, aunque los nombres de los
protagonistas desaparezcan misteriosamente de los discursos de los
conservadores, para siempre.
Verdad es, que todo esto importa poco cuando uno se encuentra
en la cima del poder y al inicio de una nueva legislatura, pero sería un
gravísimo error no recordar que la fragmentación existente hoy por hoy en el
Parlamento, no permite la holgura al actuar que se tenía cuando se poseía la
mayoría absoluta a y que hay nuevos Partidos, que de verdad no están dispuestos
a tolerar los desmanes a que nos tenían acostumbrados los conservadores en el
pasado, como es el caso de Podemos.
No puede Rajoy, contar con que los de Iglesias se dobleguen a
su voluntad, como hacen comúnmente los del PSOE y los de Rivera, ni tampoco,
con recibir ninguna clase de comprensión por parte de unas fuerzas
nacionalistas, que como en el caso de las catalanas, mantienen con los
populares un fuerte enfrentamiento, aunque sea por otras razones, que de sobra
todos conocemos.
Así que los tiempos en que los presuntos casos de corrupción
se iban dilatando, hasta ser prácticamente olvidados y muchas veces resueltos
con un simple sobreseimiento, se han terminado y ya les digo yo, que la
tranquilidad de que gozaba Rajoy, también, pues le haría falta un pacto
inmediato con los socialistas, para poder remediar los sobresaltos que a diario
recibe, de parte de sus propios compañeros.
Todo dependerá, puede ser, de los resultados de las primarias
que se celebrarán próximamente y que coronarán a un nuevo Secretario General
del PSOE, pero esta vez, cuando se sepa quién será el elegido, las políticas
generales del país podrían cambiar radicalmente, en uno u otro sentido, pues es
de sobra conocido que Sánchez y Díaz tienen conceptos bien distintos de cómo
deben ser sus relaciones con los populares y de otras muchas cosas que no
vienen al caso y que ya trataremos en próximos capítulo. Y si no, al tiempo.

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