domingo, 9 de abril de 2017

Adiós a las armas


Con opiniones absolutamente divididas entre los políticos y los ciudadanos que ocupan nuestro territorio nacional, ETA escenifica un abandono de las armas, que parece poner fin a casi cincuenta años de atentados que causaron 829 muertos y un número incalculable de afectados por daños emocionales, a los que con toda probabilidad, nadie logrará resarcir, aunque muchos de ellos ya celebraron hace tiempo, el cese de la violencia.
La lista de zulos ofrecida por la organización vasca y el armamento puesto a disposición de las autoridades francesas, a través de la intervención de una serie de mediadores internacionales, se toma con cierto escepticismo por parte del Gobierno español y no complace en absoluto a una buena parte de los familiares de las víctimas, que han manifestado abiertamente que sólo se ha entregado una parte del  arsenal que se supone se encuentra en posesión de los etarras y que podría estar ocultándose, por si fracasara el intento de reincorporarse a la sociedad, o alguna de las condiciones que veladamente se imponen, como el acercamiento de sus presos.
Tampoco gusta a las asociaciones de víctimas el hecho de que aún queden más de doscientos atentados sin resolver y muy fundamentalmente, que el final de esta operación que se está llevando a cabo, sin la participación activa de las autoridades españolas, termine por diluirse sin que los que formaron parte de los comandos y nunca fueron arrestados, puedan obtener una impunidad que no se correspondería con la naturaleza de sus acciones, ni con las gravísimas consecuencias que se derivaron de ellas, fundamentalmente para los que continuaron viviendo en el País vasco, siendo permanentemente acosados y perseguidos en su rutina diaria, hasta el punto de tener que llevar escoltas que hasta ahora no han abandonado el ejercicio de sus funciones, tras unos años del cese de la violencia.
 Las opiniones de los Partidos políticos tampoco son en nada coincidentes y mientras la izquierda y los independentistas catalanes y vascos celebran esta supuesta rendición, abogando por una convivencia pacífica que consiga restañar las heridas provocadas por este larguísimo conflicto que hasta hace bien poco, no parecía poder llegar a su fin, el Partido Popular y el PSOE, que han sido precisamente los que más atentados han recibido en sus carnes, tildan de pantomima el acto de entrega de armas retransmitido ayer y exigen, una rendición incondicional y una disolución completa, a las que no piensan corresponder en modo alguno, quizá por temor a las reacciones que pudieran tener los familiares de las víctimas en cuestión, a los que por cierto, han utilizado muchas veces  con fines exclusivamente electorales y que ahora les empiezan a resultar relativamente molestos, por estropearles un momento en el que poder afirmar que han conseguido, ellos solos, terminar con el terrorismo.
Sepultados quedan, ya que nadie se atreve a hablar de ellos, los múltiples intentos de negociación ocurridos en total clandestinidad en los últimos años y que han sido, en realidad, artífices de este final agridulce que ahora vivimos y los esfuerzos aportados por gente que permanece en el anonimato más absoluto, de una y otra parte, para que pudiera llegarse a un entendimiento que pusiera punto y final a este terrible capítulo de nuestra historia más reciente.
La condena por el chiste del asesinato de Carrero Blanco, la víctima de más relevancia política asesinada por los etarras,  impuesta a una chica hace sólo unos días, demuestra que aún existen en este país nuestro muchos que nunca querrán olvidar lo que ocurrió y que el sentimiento de odio que provocaron los atentados en una buena parte de la sociedad española, permanece latente, sin que se esté dispuesto a mirar adelante, si no se cumplen estrictamente los deseos de venganza que permanecen vivos en ellos.
Curiosamente, las cosas cambian y mucho, en general, cuando se habla de familiares de víctimas de la guerra civil o de los atentados del 11M, como si el dolor pudiera medirse por diferentes raseros, según quiénes lo producen y los efectos colaterales sobrevenidos a personas de una ideología diferente o simplemente, sin ideología alguna, pudieran ser olvidados con mayor facilidad, estableciendo un espantoso agravio comparativo, que nadie comprende.
El abandono de las armas, estén todas o no, permítanme, es un paso adelante que debiera al menos ser considerado como un avance considerable en este conflicto de larga duración que parecía ser irresoluble y debiera, al menos, ser tenido en cuenta, en su justa medida, por este gobierno conservador que siempre abogó por una solución meramente policial, que no obtuvo nunca los éxitos deseados.
Igual que ocurriera en Irlanda, el conflicto vasco necesitaba ser resuelto por medio de la negociación y la diplomacia y efectivamente, el tiempo ha terminado por dar la razón a todos los que desde el principio defendieron estas vías, para poder alcanzar un acuerdo.
Si a partir de ahora se hacen concesiones o no, por parte de este Gobierno, seguramente no nos enteraremos y sólo cabe esperar y desear que el clima de permanente terror en el que estuvimos viviendo los ciudadanos durante estos años de incontrolado uso de la violencia, no vuelvan a repetirse jamás.
Eso significará que de una manera u otra hemos sido capaces de avanzar, unos y otros, en nuestros planteamientos.


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