martes, 18 de abril de 2017

Justo y necesario


Mariano Rajoy  era, a juicio de una gran mayoría de ciudadanos, uno de los eslabones que faltaban para intentar el esclarecimiento total del caso Gurtel y hoy por fin, la Audiencia Nacional, se decide a citarle como testigo, fundamentalmente gracias al trabajo de las acusaciones particulares, que en dos ocasiones anteriores, habían fracasado en sus iniciativas de que pudiera oírse en la sala al Presidente.
El hecho, trascendente en sí mismo, por la importancia del personaje que lo protagoniza, sienta además, un inevitable precedente, que avisa a cualquier cargo político que se encuentre inmerso en cualquiera de los múltiples casos de corrupción que  investigan o juzgan actualmente, que nadie está libre de poder ser llamado por los jueces, en el caso de que su testimonio resulte interesante para el desarrollo de los juicios y que tendrán que responder, exactamente igual que habría de hacerlo, cualquiera de los  ciudadanos.
 Que el nombre de Mariano Rajoy haya aparecido de manera continuada en este caso, ya sea por boca de Correa o en los papeles de Bárcenas y que haya sido citado en numerosas ocasiones por  varios de los acusados, como presunto conocedor de todos los hechos que acaecían en Génova, hacía prácticamente imposible que su comparecencia fuera retrasada por más tiempo y era justo y necesario que los jueces quisieran oír lo que tenga que decir al respecto nuestro pusilánime Presidente, que seguramente optará por la manida estrategia de la ignorancia supina, como suelen hacer todos los cargos conservadores, en situaciones similares a ésta.
Pero la ignorancia, en el caso de que fuera real, cuestión que despierta innumerables dudas en cualquiera que sepa un poco acerca del funcionamiento interno de los Partidos políticos, no puede ni debe restar un ápice de gravedad a los hechos que se desarrollaban en Génova y en razón de su puesto, habría de admitir las responsabilidades políticas que se hubieran derivado de aquellas irregularidades que parecían cometer personas muy  cercanas a Rajoy, aunque ahora parezca que nunca se hubieran conocido.
Solo ante el peligro de ser interrogado, bien sea en la propia Audiencia Nacional o como parece ser la opción más lógica, por video conferencia, de la agudeza de las preguntas que se le hagan dependerá que se clarifiquen o no un poco más los hechos acaecidos, pues todos sabemos de sobra que a Rajoy suele inquietarle sobremanera no poder manejar textos preparados con anterioridad y que su locuacidad flojea considerablemente, si le ponen en entredicho.
No podrá aquí apoyarse el Presidente en su cohorte de fieles asesores, cuando llegue el momento de la verdad y aunque todos seamos conscientes de que tratará por todos los medios de ceñirse a un guión escrupulosamente preparado a partir de hoy mismo, los nervios suelen jugarle malas pasadas y cualquier desliz bien pudiera resultar extremadamente peligroso, para sus propios intereses personales y muy fundamentalmente, para los de su Partido.
Dice él, porque otra cosa podría levantar suspicacias, que se encuentra dispuesto en todo momento a colaborar con la justicia, pero la cruda realidad es que su citación ha causado auténtico pavor entre las filas de los conservadores, que la achacan, cómo no, a la existencia de una conspiración por parte de la oposición para debilitar la figura de un Presidente, sobre el que durante demasiado tiempo, han pululado demasiadas sospechas.
Estas teorías conspiranoides, que ya no convencen a nadie y menos cuando se han vivido acontecimientos de la gravedad de los que han venido sucediendo en el país, en torno a los casos de corrupción en los que se encuentran envueltos un sinfín de cargos pertenecientes al PP, son sin embargo, la excusa recurrente que permite una huída hacia adelante, con la única intención de ganar tiempo, porque a todos nos queda claro que el dinero negro que presuntamente  se ha movido por los despachos y los fines a los que supuestamente ha sido destinado, son la prueba indiscutible de que el PP se ha ganado a pulso el natural interés que despierta, como Partido, en los jueces.
Si finalmente logra aclararse este inmenso entramado de corrupción pura y dura que constituye el caso Gurtel y son condenados todos, y digo todos, los que tuvieron algún tipo de responsabilidad en que los hechos así sucedieran, esta sentencia podría considerarse un punto de partida para adquirir el compromiso firme de terminar de una vez con la corrupción y los ciudadanos podríamos respirar un poco más tranquilos, sabiéndonos apoyados por la Justicia.

De momento, esto es una ilusión, que nos gustaría a todos ver cumplida algún día, para poder diferenciar irrefutablemente a los buenos de los malos políticos. La necesidad de creer que aún existen personas honradas en esta denostada profesión, resulta ser de una enorme importancia para los pueblos, pues no es lo mismo sentar en el Parlamento, a través de nuestros votos, a un ladrón, que a alguien que mira exclusivamente y con decencia, por el bien de los ciudadanos.

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