Mientras en el mundo se ve envuelto en una violencia
incontrolada que causa un efecto dominó, dejando caer una a una las fichas que
representaban los mejores valores de la humanidad, los medios de comunicación
colocan a diario en sus portadas todas estas noticias referentes a la
desolación y la muerte, aportando mil pruebas gráficas de la negra suerte que
corren los damnificados por las guerras o el terrorismo, sin ahorrar detalles
de cómo se van desarrollando dichos acontecimientos.
En medio de esta locura
que nos invade, existen sin embargo, otra clase de personas, que
continúan luchando denodadamente por combatir las enfermedades que nos afligen,
pero que al permanecer la mayoría de las veces en el anonimato, por
desarrollarse su trabajo en laboratorios o Universidades, no merecen aparecer
en primera plana, ni siquiera cuando alguno de sus descubrimientos, podría
salvar cientos de miles de vidas en todo el planeta e incluso mejorar
considerablemente los efectos secundarios que
conlleva la aplicación de determinados tratamientos.
Hace sólo un par de días, uno de los informativos televisivos
incluía una noticia de este tipo, veinte minutos después de haber abierto con
los sucesos producidos en la Madrugá
sevillana, contando de pasada que unos médicos catalanes habían
descubierto un medio para destruir las células cancerosas, sin dañar a las
sanas, cuya aplicación terminaría además, con el largo calvario que sufren
estos enfermos, a causa de la quimioterapia.
El hecho, que hubiera merecido desde el punto de vista
humano, mucha más consideración por parte de los periodistas, fue sin embargo
abordado con cierta rapidez por la presentadora, como si todos los días se
dieran en el mundo avances de tal importancia, sin merecer por ello, más que
unas líneas mal construidas, leídas apresuradamente, al final del programa.
Quizá por esa razón, no pudimos enterarnos de los nombres de los doctores o el equipo al que
debemos este considerable progreso y a
los que ha debido costar innumerables horas de trabajo poner en marcha el
tratamiento, sin contar además, con los medios que seguramente hubieran
necesitado para desarrollar plenamente su labor, pues vivimos en el país que
vivimos y los recortes en investigación, como todos sabemos, han sido muy
importantes.
El orgullo de que estos científicos pertenezcan a un grupo de
investigación catalán, ya hubiera merecido que se abriera el informativo con
esta noticia y muy fundamentalmente, que se hubiera ahondado mucho más en el
significado que puede tener a partir de ahora, este nuevo tratamiento, que trae
una enorme dosis de esperanza e ilusión, a los miles de enfermos de cáncer que
se debaten entre la vida y la muerte en los hospitales de todo el mundo.
Dedicar portadas de prensa a los avances de la ciencia, puede
que no venda en la misma medida en que lo hacen noticias referentes a la
corrupción o la guerra, pero seguro que supone, para muchos lectores y
televidentes, la sensación de que no solo suceden cosas terribles a su
alrededor y sobre todo, de que quedan muchas personas que dedican su vida a
buscar el bien para esta humanidad, tan necesitada de un poco de alegría, en
tiempos tan difíciles.

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