La primera imagen que se viene a la cabeza de todos los
ciudadanos, cuando se habla de Carme Chacón, es aquella en que acabando de ser
nombrada por Zapatero Ministra de Defensa y evidenciando un avanzado estado de
Gestación, se puso delante de las tropas para pasar revista, pronunciando con
una tenue vocecita, pero con rotunda autoridad, la frase de ¡Capitán, mande
firmes!
La noticia de su repentina e inesperada muerte nos sorprendía
ayer por la tarde, cayendo como un jarro de agua fría, por su indudable
juventud y nos dejaba, ese amargo sabor que produce la desaparición de una
persona a la que sin conocer personalmente, nos había causado siempre buena
impresión, quizá porque su modestia le hacía pasar claramente desapercibida,
aunque le sobraban motivos para haber presumido de su valía personal, en el
ejercicio de la Política.
Fue Chacón pionera, al ser la primera mujer que se puso al
mando de un Ministerio tradicionalmente pensado para ser dirigido por hombres y
también la única que se atrevió a presentarse como futura candidata a la
Presidencia del Gobierno, enfrentándose a Rubalcaba en unas primarias que
después perdió y a las que sucedió una etapa en la empezó a notarse el terrible
declive del Partido al que pertenecía y que lo ha llevado hasta la
situación actual, que todos conocemos.
Quizá por su carácter discreto, muy pocos conocían que
padecía una cardiopatía congénita desde su nacimiento y que ha sido finalmente,
la que parece haber provocado un desenlace tan terrible y menos aún, que en
numerosas ocasiones los médicos le habían aconsejado una vida de tranquilidad a
la que evidentemente renunció, pues estuvo
presente hasta hace sólo unos días, en multitud de actos organizados por
su Partido, el último, un mitin en el que mostraba su apoyo a la candidatura de
Susana Díaz, que fue su última aparición
en público.
Su muerte, que ha provocado una auténtica avalancha de
tristeza y solidaridad y no sólo en el ámbito de su propia Formación política,
nos hace irremediablemente pensar en la fugacidad de la vida y en si
verdaderamente merece la pena excederse hasta tal punto en el cumplimiento de
las propias funciones, cuando la salud está en juego.
Respetada por la oposición al completo y considerada como un
peso pesado en el ala moderada del PSOE, todos los Partidos han expresado sus
condolencias a través de las redes, sin ahorrar en elogios hacia la valía
personal de Chacón, incluso a pesar de haber mantenido con el grupo de los
socialistas, al que pertenecía, rotundas diferencias.
Las circunstancias en que se ha producido el deceso y la
mesura de la familia al tratar el tema, no podía, sino despertar la solidaridad de una clase política,
generalmente muy viciada, pero que aún es capaz de unirse cuando se producen
casos así, quizá porque afectan directamente al corazón de los ciudadanos.
Descanse en paz esta mujer menuda que supo crecerse ante la
adversidad y que abrió un difícil camino a las mujeres que deciden dedicarse
profesionalmente al Ejército y a las que en este mundillo tan cerrado, no se ha
tratado especialmente bien, simplemente por un problema de género.
Fue aquella frase suya, la demostración palpable de que se
pueden hacer muchas cosas desde una aparente debilidad y de que si se quiere,
se debe luchar contra las más graves contingencias que a uno le puedan surgir a
lo largo de su vida.
Por ser como fue, deja en los ciudadanos un recuerdo que
permanecerá entre nosotros para siempre.

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