martes, 1 de noviembre de 2016

Cuatro días de Octubre


Consumada la traición del PSOE  y con Mariano Rajoy reelegido Presidente, los españoles asisten a uno de los momentos más sorprendentes de cuántos han vivido en su historia reciente, atónitos por lo que ha venido sucediendo en estos últimos cuatro días, de un mes de Octubre cargado de inusuales acontecimientos.
Fue tanta la expectación levantada por la Sesión de Investidura del Sábado, que hubo pocos ciudadanos que se perdieran, a través de la televisión, el evento, aún sabiendo ya de antemano que la peor de las suertes estaba echada y que todo el futuro quedaba otra vez en las manos de un Partido que se ha caracterizado fundamentalmente por sus políticas de salvajes recortes y por haber protagonizado una larga lista de casos de corrupción, desgraciadamente, aún no resueltos.
La atención estuvo sin embargo totalmente centrada en la reacción de todos y cada uno de los parlamentarios pertenecientes a la bancada socialista y principalmente, en saber cuántos de ellos eran capaces de enfrentarse diametralmente con las tesis exigidas por su Partido, en aras de mantener unos principios que durante más de un siglo han caracterizado al socialismo en este país y que ahora se ven pisoteados por una abstención, que lleva directamente al poder, al más ancestral de los enemigos políticos.
Ya por la mañana, la renuncia de Pedro Sánchez  a su acta de diputado, acaparó la mirada de todos los medios, igual que la posterior rueda de prensa, en la que el defenestrado Secretario General tuvo a bien explicar que los suyos no le habían dejado otra alternativa, si quería conservar la oportunidad de poder volver a presentarse a las primarias, cuando la Gestora se decida a convocar un Congreso.
La Sesión, que se fue calentando con cada una de las intervenciones de los Partidos de izquierdas, ni siquiera tuvo como protagonista al candidato Rajoy, sino que se centró en un ataque cada vez más subido de tono contra los abstencionistas, que tuvo su momento álgido cuando Gabriel Rufián se subió a la tribuna, revolviendo con sus durísimas palabras las conciencias de todos aquellos que sabían positivamente que no estaban haciendo lo correcto.
La réplica de Antonio Hernando careció de cualquier atisbo de credibilidad y su patética defensa de la abstención y la independencia de un Partido, que sangraba ante los ojos de todos, dividido transversalmente por dos corrientes perfectamente identificables y que difícilmente alcanzarán jamás una reconciliación, por la gravedad de la herida infringida, quedó reducida a una mala actuación teatral que reveló sin ningún atisbo de dudas, la nula valía del  intérprete.
El enfrentamiento entre Podemos y Ciudadanos que vino después, a raíz de la intervención del representante de Bildu, demostró por qué nunca hubiera podido dar resultado algún pacto entre estos dos Partidos emergentes, cada vez más alejados uno de otro, en el fondo y en las formas y con una ideario político, del todo diferente.
Unas vez investido el Candidato, al que ni siquiera se le ofreció la oportunidad de celebrar un  triunfo obtenido, a base de perseverancia en la espera, los enfrentamientos continuaron en la calle, tomada por la manifestación organizada en las cercanías del Congreso, en la que un buen puñado de ciudadanos se lamentaba por la imposibilidad de que se hubiera podido alcanzar una alianza de progreso.
Y cuando todos creíamos que todo había ya terminado y que no quedaba otra opción que la resignación ante la naturaleza de nuestro indeseado destino, la entrevista del genial Jordi Évole a Pedro Sánchez, al que habían perseguido todos los medios sin conseguir arrancarle una sola palabra, volvió a levantar las ampollas, al ofrecer la que seguramente ha sido la más sincera de las explicaciones, sobre por qué había resultado imposible  el pacto con Podemos, mientras se lamentaba de que su propio Partido hubiera cedido a las presiones efectuadas por los poderes económicos y mediáticos, que deseaban a toda costa mantener al gobierno conservador, temiendo la llegada al poder de una coalición de izquierdas.
Estuvo Sánchez, moderado en su intervención, pero valiente, con esa osadía del que no tiene ya nada qué perder, pero que a la vez evidencia un poso de tristeza por no haberse atrevido, cuando le llegó la oportunidad, a dar un paso al frente que habría podido cambiar radicalmente el final de esta historia.
Desarmado por la traición, solo ante la mirada silenciosa del entrevistador y con un futuro ciertamente incierto por delante, no le quedaba otra que recurrir a su verdad, para abrir ante los ciudadanos, una ventana que mostraba  los movimientos desatados en los despachaos del poder, durante estos meses y la rendición de los suyos ante las exigencias de los poderes económicos, aún a costa de abandonar sus propios principios.
Por primera vez, se negó a culpar a Podemos del fracaso de las conversaciones y hasta reconoció haberse equivocado al infravalorar la valía de los electores que apoyaron al Partido de Iglesias, al que  los suyos han entregado el testigo de principal opositor, en bandeja de plata.
Todo dependerá a partir de ahora, de la fecha en que la Gestora quiera convocar el Congreso. Sánchez, consciente de que seguramente pasará tiempo para que esto ocurra, confesó haber empezado ya a intentar grajearse las simpatías de militantes y votantes, abriendo una página web que inmediatamente fue torpedeada, como por una mano negra.
Los seguidores socialistas, tendrán que decidir en qué lado se posicionarán y qué clase de representantes prefieren para liderar su Partido, que se ha quedado sin una identidad que identifique la naturaleza de su pensamiento.
Estos cuatro días del mes de Octubre, no solo han marcado el final del bloqueo político en España, sino también, un cambio de rumbo en la concepción de la política que se practicará en el futuro más próximo, en nuestro Parlamento.
La muerte del bipartidismo, radicaliza aún más las posturas y a partir de mañana mismo, el bloque de la triple alianza tendrá enfrente  a Podemos.
Si los de Iglesias juegan bien sus cartas, la legislatura será corta y si las juegan mal, tendremos derecha para  mucho tiempo.


   

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