Consumada la traición del PSOE y con Mariano Rajoy reelegido Presidente, los
españoles asisten a uno de los momentos más sorprendentes de cuántos han vivido
en su historia reciente, atónitos por lo que ha venido sucediendo en estos
últimos cuatro días, de un mes de Octubre cargado de inusuales acontecimientos.
Fue tanta la expectación levantada por la Sesión de
Investidura del Sábado, que hubo pocos ciudadanos que se perdieran, a través de
la televisión, el evento, aún sabiendo ya de antemano que la peor de las
suertes estaba echada y que todo el futuro quedaba otra vez en las manos de un
Partido que se ha caracterizado fundamentalmente por sus políticas de salvajes
recortes y por haber protagonizado una larga lista de casos de corrupción,
desgraciadamente, aún no resueltos.
La atención estuvo sin embargo totalmente centrada en la
reacción de todos y cada uno de los parlamentarios pertenecientes a la bancada
socialista y principalmente, en saber cuántos de ellos eran capaces de enfrentarse
diametralmente con las tesis exigidas por su Partido, en aras de mantener unos
principios que durante más de un siglo han caracterizado al socialismo en este
país y que ahora se ven pisoteados por una abstención, que lleva directamente
al poder, al más ancestral de los enemigos políticos.
Ya por la mañana, la renuncia de Pedro Sánchez a su acta de diputado, acaparó la mirada de
todos los medios, igual que la posterior rueda de prensa, en la que el defenestrado
Secretario General tuvo a bien explicar que los suyos no le habían dejado otra
alternativa, si quería conservar la oportunidad de poder volver a presentarse a
las primarias, cuando la Gestora se decida a convocar un Congreso.
La Sesión, que se fue calentando con cada una de las
intervenciones de los Partidos de izquierdas, ni siquiera tuvo como
protagonista al candidato Rajoy, sino que se centró en un ataque cada vez más
subido de tono contra los abstencionistas, que tuvo su momento álgido cuando
Gabriel Rufián se subió a la tribuna, revolviendo con sus durísimas palabras
las conciencias de todos aquellos que sabían positivamente que no estaban
haciendo lo correcto.
La réplica de Antonio Hernando careció de cualquier atisbo de
credibilidad y su patética defensa de la abstención y la independencia de un Partido,
que sangraba ante los ojos de todos, dividido transversalmente por dos
corrientes perfectamente identificables y que difícilmente alcanzarán jamás una
reconciliación, por la gravedad de la herida infringida, quedó reducida a una
mala actuación teatral que reveló sin ningún atisbo de dudas, la nula valía
del intérprete.
El enfrentamiento entre Podemos y Ciudadanos que vino
después, a raíz de la intervención del representante de Bildu, demostró por qué
nunca hubiera podido dar resultado algún pacto entre estos dos Partidos
emergentes, cada vez más alejados uno de otro, en el fondo y en las formas y
con una ideario político, del todo diferente.
Unas vez investido el Candidato, al que ni siquiera se le
ofreció la oportunidad de celebrar un
triunfo obtenido, a base de perseverancia en la espera, los
enfrentamientos continuaron en la calle, tomada por la manifestación organizada
en las cercanías del Congreso, en la que un buen puñado de ciudadanos se
lamentaba por la imposibilidad de que se hubiera podido alcanzar una alianza de
progreso.
Y cuando todos creíamos que todo había ya terminado y que no
quedaba otra opción que la resignación ante la naturaleza de nuestro indeseado
destino, la entrevista del genial Jordi Évole a Pedro Sánchez, al que habían
perseguido todos los medios sin conseguir arrancarle una sola palabra, volvió a
levantar las ampollas, al ofrecer la que seguramente ha sido la más sincera de
las explicaciones, sobre por qué había resultado imposible el pacto con Podemos, mientras se lamentaba
de que su propio Partido hubiera cedido a las presiones efectuadas por los
poderes económicos y mediáticos, que deseaban a toda costa mantener al gobierno
conservador, temiendo la llegada al poder de una coalición de izquierdas.
Estuvo Sánchez, moderado en su intervención, pero valiente,
con esa osadía del que no tiene ya nada qué perder, pero que a la vez evidencia
un poso de tristeza por no haberse atrevido, cuando le llegó la oportunidad, a
dar un paso al frente que habría podido cambiar radicalmente el final de esta
historia.
Desarmado por la traición, solo ante la mirada silenciosa del
entrevistador y con un futuro ciertamente incierto por delante, no le quedaba
otra que recurrir a su verdad, para abrir ante los ciudadanos, una ventana que
mostraba los movimientos desatados en
los despachaos del poder, durante estos meses y la rendición de los suyos ante
las exigencias de los poderes económicos, aún a costa de abandonar sus propios
principios.
Por primera vez, se negó a culpar a Podemos del fracaso de
las conversaciones y hasta reconoció haberse equivocado al infravalorar la
valía de los electores que apoyaron al Partido de Iglesias, al que los suyos han entregado el testigo de
principal opositor, en bandeja de plata.
Todo dependerá a partir de ahora, de la fecha en que la
Gestora quiera convocar el Congreso. Sánchez, consciente de que seguramente pasará
tiempo para que esto ocurra, confesó haber empezado ya a intentar grajearse las
simpatías de militantes y votantes, abriendo una página web que inmediatamente
fue torpedeada, como por una mano negra.
Los seguidores socialistas, tendrán que decidir en qué lado
se posicionarán y qué clase de representantes prefieren para liderar su
Partido, que se ha quedado sin una identidad que identifique la naturaleza de
su pensamiento.
Estos cuatro días del mes de Octubre, no solo han marcado el
final del bloqueo político en España, sino también, un cambio de rumbo en la
concepción de la política que se practicará en el futuro más próximo, en
nuestro Parlamento.
La muerte del bipartidismo, radicaliza aún más las posturas y
a partir de mañana mismo, el bloque de la triple alianza tendrá enfrente a Podemos.
Si los de Iglesias juegan bien sus cartas, la legislatura
será corta y si las juegan mal, tendremos derecha para mucho tiempo.

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