Dicen las malas lenguas que a Mariano Rajoy le está costando
un auténtico esfuerzo encontrar gente de confianza que le ayude a formar su
nuevo Gobierno y que se encuentra enfrascado en un dilema cuyo final conoceremos
hoy por la tarde, cuando se haga pública la relación de los elegidos por el
recién estrenado Presidente.
Dicen, que parece decidido en conservar a unos cuántos de los
que le han acompañado durante el largo tiempo que ha durado su andadura y que
los problemas, que son varios, empiezan cuando se trata de incluir a gente
nueva, dispuesta a entrar en un ejecutivo al que se augura un futuro de corta
duración, precisamente por la
fragmentación del Parlamento.
Cuentan, que el primero de esos problemas tiene mucho que ver
con la mala relación existente entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores
de Cospedal, a la que ha debido prometer hace tiempo un Ministerio y que ahora
exige que sea uno que no se encuentre directamente bajo el mando de su conocida
enemiga política.
Se habla, para más señas, de que finalmente será Interior en
dónde se coloque a la manchega, en sustitución del muy criticado Fernández, que
no estaría bien visto por la oposición al completo, al encontrarse directamente
relacionado con aquel asuntillo de intentar involucrar en alguna corruptela a los independentistas catalanes, que aún
colea por los pasillos del Congreso.
Todos rogamos porque al menos no se ubique a Cospedal en
Sanidad, pues conociendo el historial que la precede por su gestión en esta área
en Castilla La Mancha, mucho nos tememos que en poco tiempo, pudiera convertir
la muy deteriorada Seguridad Social del país, en un desolador paisaje
tercermundista que pida a gritos una inmediata privatización, que seguramente
haría gustosa, aunque de todos modos, al ser la ministrable tan amante de obrar
en diferido, tardaríamos bastante en averiguar, sobre todo si las explicaciones
dependen directamente de su boca, de lo que pueda organizar, a partir de ahora,
en cualquiera que sea su nuevo destino.
Pero la principal dificultad con que se debe estar enfrentando
Rajoy, ha de ser la de hallar dentro de su partido a alguien que no haya sido
aún, ni vaya a ser, en un futuro próximo, relacionado con algún caso nuevo de
corrupción, pues de aquellos con los que contaba antaño y a los que consideraba
amados e incondicionales, pocos quedan que no se encuentren ya imputados por la
justicia y por tanto, inhabilitados para hacerse cargo, con fiabilidad, de un
ministerio.
Porque buscar agujas en estos pajares en los que se
desenvuelve el PP, se está convirtiendo en una auténtica labor de
prestidigitación de altos vuelos y estando las cosas como están, nadie puede
asegurar a Rajoy que pasado mañana, por poner una fecha, no le venga algún juez
empeñado en poner en práctica eso que llaman justicia, persiguiéndole de cerca
a alguna de estas nuevas adquisiciones, cuyos nombres corren de boca en boca,
entre los analistas políticos y por los que nadie se atreve, desde luego, a
poner la mano en el fuego y menos aún, el escarmentado Presidente.
Y en estas andamos, a solo unas horas de conocer la lista de
los afortunados Ministros, que por primera vez, por cierto, habrán sido aupados
a tal honor por la cortesía del PSOE, al que ya ni siquiera podrán criticar, teniendo
en cuenta que le van a deber, de por vida, tener un cargo de tal importancia.
Es, como un vodevil, donde de pronto empieza a salir gente de
detrás de la escena y en el que los personajes se van transformando de malos a
buenos, de huraños a cordiales, intercambiándose entre ellos papeles que
mantienen en vilo al espectador, que no sabe qué puede suceder al instante
siguiente.
El núcleo de la función, todos lo conocemos. Habrá que
obedecer, por narices, las instrucciones de Bruselas y lo que hoy deseamos es
que al menos, nos quede el consuelo de que lo que se vaya a hacer en nuestra
contra, cueste un poco más de trabajo que en los años pasados y por favor, que
no nos detengan a nadie, antes de que tome posesión de algún ministerio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario