martes, 29 de noviembre de 2016

El machismo inmóvil


Las declaraciones del alcalde de Alcorcón, David Pérez, confundiendo burdamente el sentido del movimiento feminista con una especie de rencor enconado hacia la figura del hombre, por parte de determinadas mujeres, ponen en evidencia el desconocimiento que aún existe entre determinados personajes políticos sobre lo que acontece en el mundo que les rodea y cómo ese desconocimiento es capaz de tergiversar una realidad, con la que sin embargo, no les queda otro remedio que convivir , fundamentalmente, si ocupan un cargo que conlleva el trato con todo tipo de ciudadanos, como es el caso de la persona a la que nos referimos.
La salida de tono de este alcalde carpetovetónico, ignorante y anclado en una especie de fundamentalismo religioso que le ha llevado a afirmar que las mujeres que deciden abortar son, textualmente, salas de ejecución en las que se acaba con la vida de los seres humanos y que las feministas no son más que las que por frustración personal defienden ideas evidentemente contrarias al que sería su pensamiento, ha puesto en pie de guerra a cientos de miles de afectadas, que incluso sin pertenecer a movimiento alguno, se han sentido inmediatamente indignadas por la gravedad de estas afirmaciones y no están dispuestas a permitir que el suceso acabe por convertirse, como suele pasar en estos casos, en algo meramente anecdótico.
La lucha feminista, que como todo el mundo sabe, no pretende otra cosa que lograr la igualdad de derechos entre ambos sexos y que no resulta ser la contrapartida de ese machismo que caracteriza a personajes parecidos a este alcalde de inclinaciones ultraconservadoras que aún pululan por las calles de este país nuestro, ha conseguido, habría que recordar, desde sus inicios, mejorar considerablemente las condiciones de vida de millones de mujeres en todo el mundo y tiene aún por delante, un largo camino que recorrer, para poder erradicar, precisamente, esa clase de pensamiento que refleja a la perfección este personaje al que nos estamos refiriendo y que forma parte de un todo que no está dispuesto a conceder a las mujeres, aquello que le corresponde por derecho.
Partiendo de esa base y reconociendo que afortunadamente se avanza a diario en la consecución de la igualdad, el hecho de que personas como el mencionado alcalde de Alcorcón continúen ocupando cargos de relevancia en nuestro país y que sus declaraciones no hayan bastado para que se haya exigido su dimisión inmediata, resulta reflejar una realidad que no por  indeseada es menos frecuente y deja en evidencia cuán urgente es cambiarla radicalmente, para que el buen funcionamiento de las instituciones, se convierta en un hecho.
Anclados a un pasado decimonónico, estos ultraconservadores, talibanes de un catolicismo mal entendido y fieles a la espantosa tradición de dominio machista que les inculcaron sus ancestros, tratan de impedir por todos los medios los avances progresistas hacia la verdadera igualdad y menosprecian indignamente, la esencia misma de todas las mujeres.
Con individuos de tal calado, no puede extrañar que el salario de las mujeres siga siendo considerablemente inferior al de los hombres, que se las siga considerando obligatoriamente cuidadoras de niños y ancianos o que continúe existiendo la lacra social del maltrato doméstico, de la que tanto nos está costando deshacernos.
Tengan en cuenta que estos individuos, cuestionan incluso el derecho a decidir sobre la maternidad que nos permite la ley, como si nuestros cuerpos hubieran de ser, necesaria y únicamente, dedicados a la procreación y objeto de uso y disfrute de recalcitrantes opresores a los que servir, hasta la extenuación.
Anclados en su cómoda postura de supremacía, la inquietante presencia del feminismo, como tal, no puede, sino significar para ellos un riesgo de perder todos y cada uno de sus privilegios, así que como todos hemos podido ver, no dejan pasar una sola ocasión para expresar ante sus encendidos auditorios, las viejas y trasnochadas doctrinas que les inculcaron y que jamás les ha permitido evolucionar o abrir la mente, para poder crecer al ritmo que les imponen los tiempos.
Cristina Cifuentes, no ha tardado en exigir a su compañero de Partido una disculpa, que por supuesto ha dado prontamente.
Pero ya no hay remedio. Todo el país sabe hoy cómo piensa realmente David Pérez y lo que se puede esperar de él como político.
No queda, sino compadecer al pueblo de Alcorcón, al que, desgraciadamente, representa.



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