Las declaraciones del alcalde de Alcorcón, David Pérez,
confundiendo burdamente el sentido del movimiento feminista con una especie de
rencor enconado hacia la figura del hombre, por parte de determinadas mujeres,
ponen en evidencia el desconocimiento que aún existe entre determinados
personajes políticos sobre lo que acontece en el mundo que les rodea y cómo ese
desconocimiento es capaz de tergiversar una realidad, con la que sin embargo,
no les queda otro remedio que convivir , fundamentalmente, si ocupan un cargo
que conlleva el trato con todo tipo de ciudadanos, como es el caso de la persona
a la que nos referimos.
La salida de tono de este alcalde carpetovetónico, ignorante
y anclado en una especie de fundamentalismo religioso que le ha llevado a
afirmar que las mujeres que deciden abortar son, textualmente, salas de
ejecución en las que se acaba con la vida de los seres humanos y que las
feministas no son más que las que por frustración personal defienden ideas
evidentemente contrarias al que sería su pensamiento, ha puesto en pie de
guerra a cientos de miles de afectadas, que incluso sin pertenecer a movimiento
alguno, se han sentido inmediatamente indignadas por la gravedad de estas
afirmaciones y no están dispuestas a permitir que el suceso acabe por
convertirse, como suele pasar en estos casos, en algo meramente anecdótico.
La lucha feminista, que como todo el mundo sabe, no pretende
otra cosa que lograr la igualdad de derechos entre ambos sexos y que no resulta
ser la contrapartida de ese machismo que caracteriza a personajes parecidos a
este alcalde de inclinaciones ultraconservadoras que aún pululan por las calles
de este país nuestro, ha conseguido, habría que recordar, desde sus inicios,
mejorar considerablemente las condiciones de vida de millones de mujeres en todo
el mundo y tiene aún por delante, un largo camino que recorrer, para poder
erradicar, precisamente, esa clase de pensamiento que refleja a la perfección
este personaje al que nos estamos refiriendo y que forma parte de un todo que
no está dispuesto a conceder a las mujeres, aquello que le corresponde por
derecho.
Partiendo de esa base y reconociendo que afortunadamente se
avanza a diario en la consecución de la igualdad, el hecho de que personas como
el mencionado alcalde de Alcorcón continúen ocupando cargos de relevancia en
nuestro país y que sus declaraciones no hayan bastado para que se haya exigido
su dimisión inmediata, resulta reflejar una realidad que no por indeseada es menos frecuente y deja en
evidencia cuán urgente es cambiarla radicalmente, para que el buen funcionamiento
de las instituciones, se convierta en un hecho.
Anclados a un pasado decimonónico, estos ultraconservadores,
talibanes de un catolicismo mal entendido y fieles a la espantosa tradición de
dominio machista que les inculcaron sus ancestros, tratan de impedir por todos
los medios los avances progresistas hacia la verdadera igualdad y menosprecian
indignamente, la esencia misma de todas las mujeres.
Con individuos de tal calado, no puede extrañar que el
salario de las mujeres siga siendo considerablemente inferior al de los
hombres, que se las siga considerando obligatoriamente cuidadoras de niños y
ancianos o que continúe existiendo la lacra social del maltrato doméstico, de
la que tanto nos está costando deshacernos.
Tengan en cuenta que estos individuos, cuestionan incluso el
derecho a decidir sobre la maternidad que nos permite la ley, como si nuestros
cuerpos hubieran de ser, necesaria y únicamente, dedicados a la procreación y
objeto de uso y disfrute de recalcitrantes opresores a los que servir, hasta la
extenuación.
Anclados en su cómoda postura de supremacía, la inquietante
presencia del feminismo, como tal, no puede, sino significar para ellos un
riesgo de perder todos y cada uno de sus privilegios, así que como todos hemos
podido ver, no dejan pasar una sola ocasión para expresar ante sus encendidos
auditorios, las viejas y trasnochadas doctrinas que les inculcaron y que jamás
les ha permitido evolucionar o abrir la mente, para poder crecer al ritmo que
les imponen los tiempos.
Cristina Cifuentes, no ha tardado en exigir a su compañero de
Partido una disculpa, que por supuesto ha dado prontamente.
Pero ya no hay remedio. Todo el país sabe hoy cómo piensa
realmente David Pérez y lo que se puede esperar de él como político.
No queda, sino compadecer al pueblo de Alcorcón, al que,
desgraciadamente, representa.

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