Con un Gobierno en el que la paridad entre hombres y mujeres
brilla por su ausencia y en el que se mantienen una serie de caras que durante
cuatro años han representado un suplicio para los ciudadanos, como De Guindos y
Montoro, Mariano Rajoy ha despejado esta tarde todas las incógnitas que se han
barajado en los últimos días, apostando por una línea continuista en la que se
adivinan pagos de favores y lealtades, sin augurar que pueda producirse ningún tipo de cambio.
Los nuevos, que no lo son tanto, pues resultan ser viejos
conocidos para todos los que seguimos con interés la política, parecen, al
decir de los entendidos, más próximos a la corriente de Soraya Sáenz de
Santamaría y aunque la propia Cospedal se queda por fin con el Ministerio de
Defensa, no logra su vieja aspiración de hacerse con el mando del CNI, que
permanece anclado a la vicepresidencia.
Las primeras reacciones no se han hecho esperar, con el
factor común de la decepción presidiendo todas las declaraciones de los líderes
políticos que ya han aparecido y que esperaban cierta renovación en cuanto a la
edad de los elegidos y quizá, una nueva visión en la manera de hacer política,
menos relacionada con el pasado y más proclive a poder lograr los consensos que
será necesario alcanzar, durante los próximos cuatro años.
Ninguno de los jóvenes candidatos que sonaban en las
quinielas que se manejaban estos días ha conseguido ser admitido en el selecto
grupo de confianza del Presidente y sólo Cospedal, con sus luces y sombras, se
cobra por fin los múltiples capotes que ha venido echando a Rajoy, en
varios asuntos de infausto recuerdo.
Ni siquiera Ciudadanos, que se ha convertido en el socio
incondicional del PP, se ha mostrado totalmente satisfecho, probablemente
porque considera que le va a ser difícil intentar cambiar el camino que parece
marcarse desde hoy el nuevo Presidente y que no será otro que el de la obediencia debida a unos mandatos de
Bruselas, que volverán a traer, irremediablemente, a nuestras vidas, más
recortes.
Podría decirse que en poco o nada se diferencia este nuevo
gobierno del anterior y que por las características esenciales de quiénes lo
forman, no supone más que una continuidad, tras el paréntesis de casi un año,
que ha separado las dos legislaturas de la derecha.
Se desinflan pues, todas las esperanzas de que hubiera podido
producirse un pequeño paso adelante por parte de quién ya no posee la mayoría
absoluta y que a partir de ahora, tendrá que gestionar de otro modo, los
caminos de los acuerdos.
A vote pronto, no parece que nada vaya a cambiar. Solo las
circunstancias nos recuerdan que han pasado ya cinco años desde que Rajoy llegó
al poder. ¡Qué largo se nos ha hecho el
tiempo!

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