Como ya hemos visto otras muchas veces, también Rita Barberá
ha optado por elegir la estrategia de la negación, como elemento principal de
su defensa y ha repetido por enésima vez ante el tribunal, que desconocía la
inmensa trama de corrupción que se movía a su alrededor, alegando una ceguera
casi imposible de creer, si se tiene en cuenta el carácter controlador que
todos adjudican a que fuera Alcaldesa de Valencia.
Tras el baño de multitudes que se dio en el acto de
inauguración de Las Cortes, dónde
arropada por sus ex compañero, se atrevió, incluso a estrechar la mano
del Rey, sentarse hoy en el banquillo, tragarse la soberbia que ha demostrado
durante todo el proceso que se empezó a incoar contra ella, hace algún tirmpo y
adoptar una postura de sumisión para contestar las preguntas que se le han
hecho durante toda la mañana, no ha debido ser fácil para quién de la mano del
PP, manejó durante años unas cotas de poder, que le permitieron hacer y
deshacer a su antojo sin tener que ofrecer explicaciones a nadie y llevada en
volandas por la mano del que fuera su íntimo amigo, ahora otra vez, Presidente.
Ha contado Barberá que lo único que reconoce es haber hecho a
su Partido una donación de mil euros, pero que nunca nadie le reembolsó esa
cantidad, como se cuenta en cierta grabación que obra en poder del juez y que
probablemente será, una de las pruebas de cargo con las que cuente el fiscal,
para intentar que se la condene.
Con todo su equipo procesado y con la Comunidad y el
Ayuntamiento regentados por PSOE y Compromís, los apoyos con que contaba la ex
alcaldesa, se han ido cayendo uno a uno, llevándola a ser considerada en la
actualidad, como uno de los muchos personajes fantasmas que tuvieron en su día
cargos importantes en el PP, a los que ahora, ni siquiera se nombran.
Como el juicio acaba de empezar, habrá que esperar para ver
qué deriva van tomando los acontecimientos, sin que hoy por hoy sepamos de qué
sería capaz Barberá, si finalmente se ve acorralada por la justicia, hasta el
punto de temer un veredicto de culpabilidad casi cierto, ni si llegado el caso,
se atrevería a hacer uso de la valiosísima información que posee, acerca de las
malas prácticas de financiación llevadas a cabo, presuntamente, por su Partido
o si en Génova eran conscientes de cuánto estaba sucediendo.
Con la Gurtel y La Púnica encima y a punto de conocerse la
sentencia del caso Urdangarín, los tiempos no pintan demasiado bien para la ex
alcaldesa.
El aluvión de casos de corrupción protagonizados por
políticos del PP exige condenas ejemplarizantes que disuadan a los cargos
actuales de cualquier tentación que pudieran tener en estos desgraciados
asuntos y la señora Barberá no va a ser la excepción que confirme la regla.
Endiosada por sus compañeros durante más de treinta años, a
Barberá le cuesta y mucho, reconocer que se le han terminado los privilegios.
La justicia se encargará de establecer, exactamente, en qué
posición se va encontrar a partir de ahora y ya les digo yo que ninguno de aquellos que fueron sus amigos
del alma, estaría dispuesto a dar la cara por ella.

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