Aún no ha empezado el invierno y ya hemos tenido varios casos
de muerte relacionados con la pobreza energética, casos que contravienen todas
las teorías triunfalistas que exhiben los populares, demostrando que en este
país, han aumentado considerablemente las familias que rozan los extremos más
terribles de la pobreza, teniendo incluso que vivir a oscuras, por no tener
posibilidades de responder a las altísimas facturas de las Eléctricas.
Pero ya sabemos que ni las grandes Compañías ni estos
Gobiernos abonados a las políticas europeas tienen corazón y estas historias,
que de tristes que son, causan heridas imborrables en todos aquellos que
tenemos la suerte de conservar la empatía con
quiénes nos rodean, poco o nada importan a esos poderosos cuya única
ambición es la de ir obteniendo, año a año, más beneficios.
Sin embargo, esta gente que muere, que sufre impotente la
imposibilidad de afrontar los gastos diarios de sus más urgentes necesidades y
que padece la soledad, el silencio y la angustia que acompañan inexorablemente
a la escasez, seguramente eran, hasta ayer, personas normales como nosotros,
que tuvieron la mala suerte de caer en un bucle de catastróficas desdichas,
casi siempre propiciado por una pérdida repentina de un empleo, que les permitía
sacar a flote a sus más allegados y mantener la dignidad de poder andar con la
cabeza bien alta, sabiendo que cuánto tenían procedía directamente del propio
esfuerzo.
Prácticamente desde la post guerra, no se había oído hablar
en España de casos de esta índole que tratamos y hay sido, a raíz de la llegada
al poder del PP, de esos cuatro años ininterrumpidos de decretazos tiránicos,
que aprobaron la Reforma laboral y otra serie de medidas absolutamente lesivas
para las clases trabajadoras, cuando la seguridad familiar ha ido cayendo en
picado, colocándonos en una situación de riesgo e incertidumbre de la que nos
va a costar mucho salir, ahora que se ha facilitado a Rajoy, su continuidad en
el gobierno.
Auténticamente abandonados a su suerte por los mandatarios
conservadores, a los pobres de este país, a esos que no pueden ya ofrecer
tres comidas diarias a sus hijos, a esos que se mueven entre
tinieblas, viéndose obligados a utilizar velas para alumbrarse y mantas para
resguardarse de los rigores del invierno, a esos que en muchos casos mueren,
más que de oscuridad o inanición, de pura desesperación y tristeza, sólo les
queda la impagable solidaridad de sus amigos y vecinos, que a veces también se
ven impotentes para poder prestarles todo el apoyo que les gustaría, siendo
como son, prisioneros de esta vorágine que se nos impone desde las esferas del
poder y que nos ha hecho, a todos, retroceder a los niveles económicos que se
manejaban , allá por los años cincuenta.
La cobardía de no querer enfrentarse a las Compañías de
electricidad, a favor de los intereses de unos ciudadanos masacrados por la
tiranía de las políticas europeas, ha de tener, necesariamente, una pronta
respuesta por parte de la gente de bien, que no puede ni quiere permitir que
sus conciudadanos continúen padeciendo los terribles efectos de la miseria.
Claro que provocar un enfrentamiento con estos gigantes
eléctricos, terminaría de un plumazo, primero, con la posibilidad de utilizar
las innumerables puertas giratorias que los políticos acostumbran a manejar
cuando se retiran de sus cargos e
inmediatamente después, con la apacible relación que desde hace muchos años
mantienen los políticos de la casta, con estas grandes Empresas.
Así, que volvemos a estar desolados ante el peligro y solo
algunos gestos llegados desde los ayuntamientos del cambio, como el de
Barcelona o Madrid, suponen un atisbo de esperanza, en esta lucha que
mantenemos, para terminar con estos excesos que algunos se permiten.
Nada cambiará, sin embargo, si Partidos como Ciudadanos o PSOE,
continúan prestando su apoyo al recién investido Presidente, olvidando que por
encima de todo lo demás, ha de estar el bienestar de la gente.
Afligidos por la última muerte conocida, estos últimos días,
uno se queda sin argumentos y teme, a la vista de lo ocurrido hasta ahora, la
llegada del crudo invierno.

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