miércoles, 16 de noviembre de 2016

A oscuras


Aún no ha empezado el invierno y ya hemos tenido varios casos de muerte relacionados con la pobreza energética, casos que contravienen todas las teorías triunfalistas que exhiben los populares, demostrando que en este país, han aumentado considerablemente las familias que rozan los extremos más terribles de la pobreza, teniendo incluso que vivir a oscuras, por no tener posibilidades de responder a las altísimas facturas de las Eléctricas.
Pero ya sabemos que ni las grandes Compañías ni estos Gobiernos abonados a las políticas europeas tienen corazón y estas historias, que de tristes que son, causan heridas imborrables en todos aquellos que tenemos la suerte de conservar la empatía con  quiénes nos rodean, poco o nada importan a esos poderosos cuya única ambición es la de ir obteniendo, año a año, más beneficios.
Sin embargo, esta gente que muere, que sufre impotente la imposibilidad de afrontar los gastos diarios de sus más urgentes necesidades y que padece la soledad, el silencio y la angustia que acompañan inexorablemente a la escasez, seguramente eran, hasta ayer, personas normales como nosotros, que tuvieron la mala suerte de caer en un bucle de catastróficas desdichas, casi siempre propiciado por una pérdida repentina de un empleo, que les permitía sacar a flote a sus más allegados y mantener la dignidad de poder andar con la cabeza bien alta, sabiendo que cuánto tenían procedía directamente del propio esfuerzo.
Prácticamente desde la post guerra, no se había oído hablar en España de casos de esta índole que tratamos y hay sido, a raíz de la llegada al poder del PP, de esos cuatro años ininterrumpidos de decretazos tiránicos, que aprobaron la Reforma laboral y otra serie de medidas absolutamente lesivas para las clases trabajadoras, cuando la seguridad familiar ha ido cayendo en picado, colocándonos en una situación de riesgo e incertidumbre de la que nos va a costar mucho salir, ahora que se ha facilitado a Rajoy, su continuidad en el gobierno.
Auténticamente abandonados a su suerte por los mandatarios conservadores, a los pobres de este país, a esos que no pueden ya  ofrecer
tres comidas diarias a sus hijos, a esos que se mueven entre tinieblas, viéndose obligados a utilizar velas para alumbrarse y mantas para resguardarse de los rigores del invierno, a esos que en muchos casos mueren, más que de oscuridad o inanición, de pura desesperación y tristeza, sólo les queda la impagable solidaridad de sus amigos y vecinos, que a veces también se ven impotentes para poder prestarles todo el apoyo que les gustaría, siendo como son, prisioneros de esta vorágine que se nos impone desde las esferas del poder y que nos ha hecho, a todos, retroceder a los niveles económicos que se manejaban , allá por los años cincuenta.
La cobardía de no querer enfrentarse a las Compañías de electricidad, a favor de los intereses de unos ciudadanos masacrados por la tiranía de las políticas europeas, ha de tener, necesariamente, una pronta respuesta por parte de la gente de bien, que no puede ni quiere permitir que sus conciudadanos continúen padeciendo los terribles efectos de la miseria.
Claro que provocar un enfrentamiento con estos gigantes eléctricos, terminaría de un plumazo, primero, con la posibilidad de utilizar las innumerables puertas giratorias que los políticos acostumbran a manejar cuando se retiran de sus cargos  e inmediatamente después, con la apacible relación que desde hace muchos años mantienen los políticos de la casta, con estas grandes Empresas.
Así, que volvemos a estar desolados ante el peligro y solo algunos gestos llegados desde los ayuntamientos del cambio, como el de Barcelona o Madrid, suponen un atisbo de esperanza, en esta lucha que mantenemos, para terminar con estos excesos que algunos se permiten.
Nada cambiará, sin embargo, si Partidos como Ciudadanos o PSOE, continúan prestando su apoyo al recién investido Presidente, olvidando que por encima de todo lo demás, ha de estar el bienestar de la gente.

Afligidos por la última muerte conocida, estos últimos días, uno se queda sin argumentos y teme, a la vista de lo ocurrido hasta ahora, la llegada del crudo invierno.

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