La herida del partido
socialista no deja de sangrar y a los resultados de las encuestas que le
pronostican una estrepitosa caída en intención de voto, habrá que añadir las
diligencias abiertas por un juez de Madrid, contra los principales cargos de la
Gestora y la Presidenta andaluza Susana Díaz, por supuestas coacciones sobre
los diputados que decidieron votar no en la sesión de investidura y que
finalmente se negaron unirse a la abstención que ha dado el poder al PP y ha
colocado a Mariano Rajoy como Presidente.
Sin que se sepa aún de dónde ha partido esta acción y con
líderes como Miguel Iceta u Odón Elorza exigiendo a la Gestora la convocatoria
inmediata del Congreso, la labor de esta Ejecutiva en funciones, que quizá
contaba con protagonizar un periodo tranquilo que le permitiera recomponer el
destrozo que ellos mismos se arriesgaron a provocar, se convierte en una
especie de bomba a punto de estallar en la cara a una vieja guardia socialista,
demasiado acostumbrada a que sus órdenes fueran sumisamente acatadas y que no
contaban con una contestación tan exagerada, por parte del ala más joven de su
Partido.
Todos somos
conscientes, por lo que hemos vivido en los últimos tiempos, que la intención
de la Gestora sería la de evitar la convocatoria que se le pide, al menos hasta
que Susana Díaz considere que se dan todas las condiciones para empezar a
liderar el PSOE, pero la deriva que han tomado los acontecimientos y la
necesidad urgente de que en el Parlamento haya una cara que represente los
intereses de todos los socialistas, cambia radicalmente las previsiones hechas
con anterioridad, azuzando a Fernández a tomar alguna decisión que contente, al
menos en parte, su militancia y a los disidentes.
Verdad es que propiciar ahora unas primarias, a las que
seguramente Pedro Sánchez concurriría, no conviene en absoluto a las esperanzas
de la Presidenta andaluza, a la que apoyan los barones del Partido y que al
defenestrado Secretario General, también podrían salirle otros competidores de
peso, como Borrell o el propio Iceta, que complicaran aún más, si cabe, el
enmarañado panorama que viven los socialistas, bajo la atenta mirada del
Parlamento.
Pero también es cierto que a Rajoy le sería mucho más difícil
llevar a cabo sus pretendidos planes de chantaje, si quién llegara liderar el
PSOE procediera directamente del grupo que se negó en redondo a concederle la
abstención y que por lo tanto, estaría dispuesto a hacerle frente de otro modo,
aún temiendo también, la convocatoria de nuevas elecciones.
Y mientras el PSOE va tocando fondo, empujado al abismo por
la mano de sus propios fantasmas, la legislatura se pone en marcha, con el
beneplácito de la derecha al completo, hasta el punto de que ya existen voces,
como la de Esperanza Aguirre, que empiezan a hablar de la necesidad de una
fusión entre PP y Ciudadanos, para que resulte mucho más sencillo aprobar según
qué tipo de acuerdos.
Ojala y esa unidad aparentemente apacible entre los
conservadores pudiera conseguirse también en la izquierda y hubiera algún modo
de combatir a ese frente común que con tanta facilidad han logrado Rajoy y
Rivera.
Si se atendiera sólo a los ideales, seguramente, esto sería
posible, pero cuando entran en juego intereses de poder y liderazgo, viejos
privilegios y trenes de vida de naturaleza casi insultante para los ciudadanos,
la belleza de los pensamientos queda contaminada sin remedio, por la dinámica
de ambición desmedida.
Así que auguramos larga vida a la legislatura que empieza.

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