martes, 8 de noviembre de 2016

En picado


La herida del partido  socialista no deja de sangrar y a los resultados de las encuestas que le pronostican una estrepitosa caída en intención de voto, habrá que añadir las diligencias abiertas por un juez de Madrid, contra los principales cargos de la Gestora y la Presidenta andaluza Susana Díaz, por supuestas coacciones sobre los diputados que decidieron votar no en la sesión de investidura y que finalmente se negaron unirse a la abstención que ha dado el poder al PP y ha colocado a Mariano Rajoy como Presidente.
Sin que se sepa aún de dónde ha partido esta acción y con líderes como Miguel Iceta u Odón Elorza exigiendo a la Gestora la convocatoria inmediata del Congreso, la labor de esta Ejecutiva en funciones, que quizá contaba con protagonizar un periodo tranquilo que le permitiera recomponer el destrozo que ellos mismos se arriesgaron a provocar, se convierte en una especie de bomba a punto de estallar en la cara a una vieja guardia socialista, demasiado acostumbrada a que sus órdenes fueran sumisamente acatadas y que no contaban con una contestación tan exagerada, por parte del ala más joven de su Partido.
 Todos somos conscientes, por lo que hemos vivido en los últimos tiempos, que la intención de la Gestora sería la de evitar la convocatoria que se le pide, al menos hasta que Susana Díaz considere que se dan todas las condiciones para empezar a liderar el PSOE, pero la deriva que han tomado los acontecimientos y la necesidad urgente de que en el Parlamento haya una cara que represente los intereses de todos los socialistas, cambia radicalmente las previsiones hechas con anterioridad, azuzando a Fernández a tomar alguna decisión que contente, al menos en parte, su militancia y a los disidentes.
Verdad es que propiciar ahora unas primarias, a las que seguramente Pedro Sánchez concurriría, no conviene en absoluto a las esperanzas de la Presidenta andaluza, a la que apoyan los barones del Partido y que al defenestrado Secretario General, también podrían salirle otros competidores de peso, como Borrell o el propio Iceta, que complicaran aún más, si cabe, el enmarañado panorama que viven los socialistas, bajo la atenta mirada del Parlamento.
Pero también es cierto que a Rajoy le sería mucho más difícil llevar a cabo sus pretendidos planes de chantaje, si quién llegara liderar el PSOE procediera directamente del grupo que se negó en redondo a concederle la abstención y que por lo tanto, estaría dispuesto a hacerle frente de otro modo, aún temiendo también, la convocatoria de nuevas elecciones.
Y mientras el PSOE va tocando fondo, empujado al abismo por la mano de sus propios fantasmas, la legislatura se pone en marcha, con el beneplácito de la derecha al completo, hasta el punto de que ya existen voces, como la de Esperanza Aguirre, que empiezan a hablar de la necesidad de una fusión entre PP y Ciudadanos, para que resulte mucho más sencillo aprobar según qué tipo de acuerdos.
Ojala y esa unidad aparentemente apacible entre los conservadores pudiera conseguirse también en la izquierda y hubiera algún modo de combatir a ese frente común que con tanta facilidad han logrado Rajoy y Rivera.
Si se atendiera sólo a los ideales, seguramente, esto sería posible, pero cuando entran en juego intereses de poder y liderazgo, viejos privilegios y trenes de vida de naturaleza casi insultante para los ciudadanos, la belleza de los pensamientos queda contaminada sin remedio, por la dinámica de ambición desmedida.

Así que auguramos larga vida a la legislatura que empieza.

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