Poco han tardado los
Partidos de ultra derecha europeos en posicionarse al lado de Donald Trump, que
sin haber confesado ningún tipo de ideología, más allá del republicanismo
tradicionalista norteamericano, lanza mensajes muy similares a los que predican
los griegos de Amanecer dorado o la propia Marie Le Pen y cuya elección resulta
ser algo más que preocupante, ahora que el mundo occidental parece estar
desmembrándose sin remedio, a causa de las agresivas políticas de recortes, que
nos llevan a todos, al borde del abismo.
No es Trump el primero que aprovecha la desesperación de los
desheredados para catapultarse al poder, ni será el último que a través de un
mensaje populista de corte ultraconservador, arrastra a las masas consigo,
hasta un terreno que por experiencias pasadas, parece extremadamente peligroso,
sobre todo si a lo largo de su Presidencia, se coloca al lado de personajes
como los mencionados anteriormente, constituyendo con ellos, un bloque.
Los políticos europeos, que han estado tensando la cuerda
hasta colocar a los ciudadanos en posiciones francamente difíciles, miran ahora
estupefactos como el monstruo se ha revuelto en su contra, enseñando unas
garras que amenazan severamente sus intereses, aunque sin ser capaces aún de
reconocer que este triunfo resulta ser una consecuencia directa de su nefasta
gestión y que además, llega precisamente desde el que hasta ahora es
considerado como el país más poderoso del mundo.
Hacen bien en temer, ya que su efecto podría ser contagioso y
acabar colocando a Europa en manos de un grupo de mandatarios defensores de una
ideología que en cierto modo se parece tremendamente a la hitleriana y que
parecen dispuestos a poner patas arriba todas las premisas establecidas desde
hace años en las Democracias europeas, sin que se pueda hacer absolutamente
nada, si como puede ocurrir, fueran elegidos en las urnas.
Este primer aviso que llega de allende los mares, provocando
un terremoto de convulsión en los mismos cimientos del viejo Continente, ha de
servir sin embargo, para hacer una profunda reflexión sobre los motivos que
llevan a los pueblos a tomar decisiones como ésta y muy fundamentalmente, sobre
los gravísimos errores que se han venido cometiendo por parte de unos
Gobiernos, con los que ya nadie parece, a día de hoy, sentirse identificado.
Y sin embargo, durante esta semana que ha seguido al triunfo
de Trump, ni siquiera hemos oído a ningún mandatario europeo elaborar una autocrítica
ante sus potenciales electores, como si esta vuelta de tuerca que se ha
producido en la sociedad norteamericana, les fuera totalmente ajena y ese país
viviera aislado del resto de un mundo que, desgraciadamente, todos sabemos
globalizado.
Así que mientras deberían estar preguntándose qué mueve a los
pueblos a la desafección por sus gobernantes, en Europa se han sentado a
esperar a que Trump dé algún primer paso que les oriente sobre cómo podrían ser
sus próximos cuatro años de gobierno, confiando sin razón, en una especie de
milagro que les salvaguarde de la ascensión de los partidos de ultra derecha,
en varias naciones de la Unión.
Algo así, debió pasar en Alemania cuando llegó el nazismo y
nada hemos aprendido de la desgraciada historia que tiñó de sangre aquel
tiempo. Ángela Merkel, aún atónita, ha sido de las primeras en felicitar al
nuevo Presidente, sin ser capaz de reconocer algo que se parece peligrosamente
a lo que ocurrió en su país y de lo que tanto ha costado deshacerse a sus
compatriotas.
En honor a la verdad, esta etapa que se abre ante nosotros
representa un nuevo tiempo de incertidumbre y seguramente no bastará con
intentar conservar el poder, ahora en manos de Partidos tradicionales, sino que
habrá que avanzar, urgentemente, en otra dirección bien distinta, si queremos
que no nos arrastre el tsunami.
Porque entre la permisividad que se tiene con los Partidos de
ultraderecha en Europa y la fustigación a que se somete a las Formaciones
progresistas surgidas de los movimientos asamblearios, sólo queda una zona
intermedia en la que continuar practicando una política neoliberal, que
necesariamente, tiene los días contados, a causa de las innumerables
equivocaciones que se han cometido.
Pronto, habrá comicios
en varias naciones europeas. Ya veremos por dónde sale el sol entonces y
si no es demasiado tarde para frenar esa locura colectiva a la que lleva la
desesperación cuando se conoce de cerca la cara de la pobreza.

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