martes, 15 de noviembre de 2016

La cara de la pobreza


Poco han tardado  los Partidos de ultra derecha europeos en posicionarse al lado de Donald Trump, que sin haber confesado ningún tipo de ideología, más allá del republicanismo tradicionalista norteamericano, lanza mensajes muy similares a los que predican los griegos de Amanecer dorado o la propia Marie Le Pen y cuya elección resulta ser algo más que preocupante, ahora que el mundo occidental parece estar desmembrándose sin remedio, a causa de las agresivas políticas de recortes, que nos llevan a todos, al borde del abismo.
No es Trump el primero que aprovecha la desesperación de los desheredados para catapultarse al poder, ni será el último que a través de un mensaje populista de corte ultraconservador, arrastra a las masas consigo, hasta un terreno que por experiencias pasadas, parece extremadamente peligroso, sobre todo si a lo largo de su Presidencia, se coloca al lado de personajes como los mencionados anteriormente, constituyendo con ellos, un bloque.
Los políticos europeos, que han estado tensando la cuerda hasta colocar a los ciudadanos en posiciones francamente difíciles, miran ahora estupefactos como el monstruo se ha revuelto en su contra, enseñando unas garras que amenazan severamente sus intereses, aunque sin ser capaces aún de reconocer que este triunfo resulta ser una consecuencia directa de su nefasta gestión y que además, llega precisamente desde el que hasta ahora es considerado como el país más poderoso del mundo.
Hacen bien en temer, ya que su efecto podría ser contagioso y acabar colocando a Europa en manos de un grupo de mandatarios defensores de una ideología que en cierto modo se parece tremendamente a la hitleriana y que parecen dispuestos a poner patas arriba todas las premisas establecidas desde hace años en las Democracias europeas, sin que se pueda hacer absolutamente nada, si como puede ocurrir, fueran elegidos en las urnas.
Este primer aviso que llega de allende los mares, provocando un terremoto de convulsión en los mismos cimientos del viejo Continente, ha de servir sin embargo, para hacer una profunda reflexión sobre los motivos que llevan a los pueblos a tomar decisiones como ésta y muy fundamentalmente, sobre los gravísimos errores que se han venido cometiendo por parte de unos Gobiernos, con los que ya nadie parece, a día de hoy, sentirse identificado.
Y sin embargo, durante esta semana que ha seguido al triunfo de Trump, ni siquiera hemos oído a ningún mandatario europeo elaborar una autocrítica ante sus potenciales electores, como si esta vuelta de tuerca que se ha producido en la sociedad norteamericana, les fuera totalmente ajena y ese país viviera aislado del resto de un mundo que, desgraciadamente, todos sabemos globalizado.
Así que mientras deberían estar preguntándose qué mueve a los pueblos a la desafección por sus gobernantes, en Europa se han sentado a esperar a que Trump dé algún primer paso que les oriente sobre cómo podrían ser sus próximos cuatro años de gobierno, confiando sin razón, en una especie de milagro que les salvaguarde de la ascensión de los partidos de ultra derecha, en varias naciones de la Unión.
Algo así, debió pasar en Alemania cuando llegó el nazismo y nada hemos aprendido de la desgraciada historia que tiñó de sangre aquel tiempo. Ángela Merkel, aún atónita, ha sido de las primeras en felicitar al nuevo Presidente, sin ser capaz de reconocer algo que se parece peligrosamente a lo que ocurrió en su país y de lo que tanto ha costado deshacerse a sus compatriotas.
En honor a la verdad, esta etapa que se abre ante nosotros representa un nuevo tiempo de incertidumbre y seguramente no bastará con intentar conservar el poder, ahora en manos de Partidos tradicionales, sino que habrá que avanzar, urgentemente, en otra dirección bien distinta, si queremos que no nos arrastre el tsunami.
Porque entre la permisividad que se tiene con los Partidos de ultraderecha en Europa y la fustigación a que se somete a las Formaciones progresistas surgidas de los movimientos asamblearios, sólo queda una zona intermedia en la que continuar practicando una política neoliberal, que necesariamente, tiene los días contados, a causa de las innumerables equivocaciones que se han cometido.
Pronto, habrá comicios  en varias naciones europeas. Ya veremos por dónde sale el sol entonces y si no es demasiado tarde para frenar esa locura colectiva a la que lleva la desesperación cuando se conoce de cerca la cara de la pobreza.



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