domingo, 20 de noviembre de 2016

Tiempo de borrascas


Mariano Rajoy está convencido de que la abstención del PSOE le ha otorgado una patente de corso con la que poder gobernar, a la manera que estaba acostumbrado cuando contaba con mayoría absoluta en el Parlamento y no ha tardado nada en empezar a lanzar rumores sobre subidas de impuestos y la necesidad de llevar a cabo más recortes, si se quiere cumplir con Bruselas, además de intentar colocar en un puesto de extrema responsabilidad al que fuera su Ministro del interior, cuestión que se ha frustrado, por la terrible oposición del resto de los grupos políticos.
Ya avisamos de que aquella  abstención conduciría directamente a la práctica de un chantaje permanente y apenas ha pasado tiempo para que hayamos podido comprobar que no errábamos en nuestro juicio, pues a todo lo expuesto anteriormente, hay que añadir que el recién reelegido Presidente, no para de hacer referencia a la imposibilidad de gobernar, si no recibe los apoyos que necesita o se vería obligado, a la convocatoria de nuevas elecciones.
La izquierda, que anda aún muy enfadada con los socialistas y  más aún, desde que Felipa González dedica todas las ocasiones que puede a criticar con extrema dureza a su Secretario General saliente, no se ve, sin embargo, capaz de sacar adelante ninguno de sus proyectos pendientes, pues la losa de Ciudadanos, apoyando a los populares, incluso contraviniendo los principios de su propio programa y las veleidades de la Gestora de Fernández, a la que sólo preocupa purgar a los disidentes, convierten en prácticamente imposible dar pasos en otra dirección que no sea la que imponen los conservadores, que al final, ni  se abren al diálogo que prometieron, ni están dispuestos a que triunfe ninguna de la tesis elaboradas por Podemos, al que ahora considera su enemigo principal, en estos tiempos revueltos.
Está el país, descontento con la solución que se ha dado, tras casi un año de vacío de poder y aquellos que votaron al PP, esperando que por las circunstancias parlamentarias, algo cambiara necesariamente, se han llevado un chasco de muerte al comprobar que Rajoy se mantiene firme en sus inalterables principios de austeridad y que de aquí a unos días, va a volver, otra vez, a practicarlos.
Mucho tendrían que cambiar las cosas para que el gallego recapacite sobre sus errores y mucho tendrían también que cambiar los vientos electorales, para que los socialistas volvieran al cauce del  que tanto se han alejado en los últimos meses, por lo que pronosticamos, casi sin temor a equivocarnos, que más de una, de dos y de tres veces, accederán a lo que se les pida desde Moncloa, al menos hasta que Susana estudie si puede recomponer o no, la herida que sangra ininterrumpidamente en el seno de su Partido y que de curarse, le permitiría aparecer en Madrid, como la única salvadora de esta Patria.
Pero como los caminos se le han torcido tanto a la andaluza, que ya ni Felipe González se atreve a apostar por ella en público, esgrimiendo burdas excusas increíbles, mucho nos tememos que la legislatura que acaba de empezar y que en principio se preveía breve, puede  durar los cuatro años que marcan los cánones, con la aquiescencia de Rivera y de Fernández, como Presidente de una Gestora eterna.
Vaya por delante, que a nadie acaba de complacer ver al PSOE llevado a tal extremo, por el chantaje de la derecha, pero convendrán conmigo en que en política, correr riesgos del calibre del que corrieron los socialistas, el día de la Investidura, en el Parlamento, suele traer consigo la certeza de que cada cual acaba teniendo, exactamente, lo que se merece.
Con la borrasca encima de su cabeza, al PSOE no le queda otra opción que resguardarse de las inclemencias, obedeciendo sumisamente  los mandatos del que ayudaron a ser Presidente y que ahora, para su desgracia, se ha convertido, además, en su dueño.





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