lunes, 14 de noviembre de 2016

Como si nada hubiera pasado


Increíble la entrevista de Susana Díaz, en La Sexta, salvaguardándose descaradamente de los sucedido en el PSOE en los últimos tiempos y negándose reiteradamente a responder a la pregunta de si tiene o no la intención de postularse como futura Secretaria General y por ende, también como candidata a la Presidencia del país, por su Partido.
Inconcebible que ninguno de los periodistas presentes haya mencionado siquiera el golpe de estado que acabó  de un plumazo con el mando de Pedro Sánchez o la indignación que mueve actualmente a las bases socialistas, a causa de la decisión tomada por su cúpula, de abstenerse en la Investidura de Mariano Rajoy, para que volviera a ser presidente.
Inaceptable, que la Presidenta andaluza ose referirse a la pérdida paulatina de votos sufrida por su Partido, obviando intencionadamente la que ha venido sufriendo ella misma en Andalucía, en la que se ha visto obligada a gobernar en coalición con Ciudadanos, después de ochenta días de vacío de poder y haciendo concesiones como la dimisión de Cháves y Griñán, a los que tantas veces ha defendido denodadamente, delante de todos los medios.
Sorprendente, que se atreva la andaluza a poner en tela de juicio la inteligencia de los ciudadanos, escudándose cobardemente en el paso del tiempo que falta aún para la celebración de su congreso y que contará a su favor y en demérito de un Pedro Sánchez, que ahora mismo quizá sería capaz de vencerla, contando como cuenta, con un gran apoyo de la militancia.
Absurdo, que Díaz pretenda un apoyo por parte de los electores de la izquierda, sin considerar que ha quedado patente su obcecación por apoyar una abstención que ha dado al traste con el sueño de un gobierno de progreso y que aún se aventure a lanzar ciertos mensajes relacionados con los asuntos que más preocupan a los españoles, como si haber llevado en volandas hasta a la Presidencia a Rajoy, no fuera a tener consecuencias y las acciones protagonizadas por sus adeptos, hubieran de ser, obligatoriamente, perdonadas.
Terrible, que habiendo causado la gravísima herida que se ha producido en su propio Partido, por una cuestión de soberbia personal y un  orgullo mal entendido, que sólo aplauden los miembros de su vieja guardia, no pierda ocasión de criticar duramente a Podemos, quizá sin querer advertir, que sus acciones también han traído al Parlamento el temido sorpasso y que  por tanto, llegue o no a ser Secretaria general, no le quedará al PSOE otra opción que negociar con los de Iglesias, les guste o no y ahora además, en inferioridad de condiciones.
Escalofriante, que aún se atreva a defender delante de  las cámaras los postulados de una izquierda a la que hace bastante tiempo que dejó de pertenecer y a la que ha traicionado flagrantemente al prestar su apoyo incondicional a un PP, que ya ha empezado su campaña de un chantaje, que no le quedará más remedio que aceptar, si quiere librarse del ridículo que supondría para su partido, la convocatoria de nuevas elecciones.
Incalificable, la ausencia total de autocrítica y la banalidad con que se toma la Presidenta andaluza la situación que arrastran los suyos por la imposición de una gestora, anodina, sin autoridad y sin apoyos  de sus militantes y sobre todo, imperdonable, su soberbia, su despotismo y la ridícula pretensión de agradar, que choca violentamente con la opinión que de ella se tiene en un país, que sabe perfectamente lo que ha hecho.
Hay ambiciones que no merecen otra cosa, que el más estrepitoso de los fracasos. 



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