lunes, 7 de noviembre de 2016

Chantaje a un Partido


Los resultados de la última encuesta del CIS ponen en evidencia la caída fulgurante del PSOE, al que Podemos consigue traspasar por casi cinco puntos en intención de voto y al que el PP doblaría, en el caso de que se celebraran hoy mismo, nuevas elecciones.
La noticia, que habría que tomar con la prudencia que exige la volatilidad de las opiniones de los encuestados, abre sin embargo un panorama político futuro que en nada ayudaría a la regeneración del que fuera el principal Partido de la oposición y que le colocaría en una situación de riesgo permanente, ante las propuestas que se proponga sacar adelante el PP.
Todos advertimos que esa abstención por la que tanto han luchado los partidarios de Susana Díaz y que ha terminado por hacerse realidad con una fuerte división entre los integrantes de la corriente socialista, sería y nadie lo podría remediar, el principio de un  permanente chantaje sobrevenido desde el PP y que probablemente se prolongará a lo largo de la presente legislatura, bajo la amenaza de la convocatoria de  elecciones, si sus demandas no son satisfechas.
La caída de casi siete puntos en intención de voto que se le atribuye ahora mismo al PSOE  y la terquedad de una Gestora empeñada en mantenerse en el poder durante mucho más tiempo del que realmente le corresponde, hace prever que el momento actual no es el más indicado para que los socialistas tuvieran que enfrentarse a un  electorado, atónito ante los sucesos ocurridos en los días anteriores, que terminaron con la defenestración, milimétricamente preparada, del que fuera su Secretario general, Pedro Sánchez.
Habiendo fracasado estrepitosamente el intento de presentar a Susana Díaz como salvadora de Partido y Patria y habiendo actuado sin piedad contra el bando de los perdedores, a quiénes rigen los destinos del PSOE en estos momentos, no les va  quedar más que agachar la cabeza ante la superioridad incontestable de un Partido Popular, cada vez más crecido ante la irrefutable victoria conseguida, frente a quiénes fueran sus principales enemigos.
El hecho de que Podemos haya logrado, además, colocarse en el Parlamento como principal representante de la oposición y las críticas que ha levantado la decisión de los socialistas en todas las demás fuerzas políticas presentes, agrava aún más si cabe, el oprobio que supone para el Partido centenario haber caído de bruces en las manos de la derecha, atrapado sin salida en un conflicto que parece no tener fin y que augura aún peores consecuencias.
  Sabiendo como saben que los ciudadanos no perdonarán su traición y que al menos de momento sólo cuentan con los votos de unos cuántos incondicionales anclados al liderazgo de una vieja guardia demasiado obsoleta, no queda otro remedio que ceder ante las fuertes presiones ejercidas por PP y Ciudadanos, que han encontrado en su alianza la mejor arma para desbaratar cualquier pretensión de poder que pudieran albergar los representantes del puño y la rosa.
Uno no puede sino preguntarse si de verdad ha valido la pena todo lo sucedido entre la familia socialista estos últimos meses y sobre todo, cuál era la verdadera intención que ocultaban todos aquellos que organizaron desde la oscuridad, esta derechización repentina que ha sacudido la columna vertebral de un Partido, considerado desde siempre, de izquierdas.
Si esto era coser las heridas, es evidente que no sólo no lo han conseguido, sino que están a punto de perder al paciente.
Cautivo de sus propias acciones, pero sobre todo,  esclavo de la voluntad del PP, a nadie extrañaría que el PSOE fuera paulatinamente perdiendo apoyo, hasta convertirse en una fuerza testimonial, víctima de su propio suicidio político.
Pronto empezaremos a ver los resultados de su rendición en las próximas sesiones del Parlamento, sin que le quede siquiera autoridad moral, para oponerse a las exigencias que le lleguen desde el Gobierno.

No duden, que Mariano Rajoy exprimirá hasta límites insospechados los síntomas de su debilidad. Llevaba casi un año preparándose para ello.

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