Con la respiración contenida, el mundo recibe la noticia del
triunfo de Trump en las elecciones norteamericanas, sin haber procesado aún
cómo ha sido posible la indiscutible derrota de un personaje como la demócrata
Hilary Clinton, que en principio, partía como vencedora, en todas y cada una de
las encuestas.
En una de las noches más reñidas de cuántas recordamos los
que tenemos ya unos años, las veleidades de los electores estadounidenses han conseguido mantenernos despiertos hasta
altas horas de la madrugada, atónitos ante los resultados que iban certificando
la inesperada victoria de este carismático líder, detractor de todo aquello que
se aparte de los más rancios valores que identifican a la América profunda.
Clinton, que ha quemado seguramente la última oportunidad que
tenía para llegar a la Presidencia y que no ha concedido tregua a su oponente,
en todo el tiempo que ha durado la farragosa Campaña, no contaba probablemente
con la participación masiva de un voto fundamentalmente blanco que ha
permanecido oculto, hasta el mismo día de los comicios y que le ha arrebatado
cualquier posibilidad de proclamarse vencedora, a pesar de ser apoyada por casi
todos los colectivos más desfavorecidos del país, como negros, hispanos y la
mayoría de las mujeres.
Precisamente el hecho de ser mujer, posiblemente haya
representado para esta candidata un auténtico hándicap, pues la falsa moral que
aún impera en muchos lugares recónditos de USA, no permite a esta Nación estar
preparada para ser gobernada por una mujer, por espléndido que sea su
currículo.
El panorama que se abre, a partir de esta elección, para el
mundo resulta ser innegablemente incierto, pues de cumplir escrupulosamente
todas las propuestas expresadas en su programa, durante la Campaña electoral,
las directrices seguidas en asuntos tan delicados como la guerra de Siria,
podrían cambiar radicalmente, recrudeciendo aún más el conflicto.
Intenciones como la de levantar un muro en la frontera con
México, el racismo declarado en los discursos contra negros o hispanos y las
acusaciones de acoso sexual que se han producido contra Trump y que ponen en
entredicho su opinión sobre las mujeres, se convierten ahora en auténticas y
temibles amenazas que, de cumplirse, podrían perjudicar seriamente a un gran
número de colectivos, a nivel mundial.
Su aguerrida defensa de la Patria, su americanismo
recalcitrante y la opinión ofrecida ante millones de ciudadanos en todos sus
mítines, preocupan y mucho a una comunidad internacional, que no da crédito a
lo que acaba de suceder ante sus ojos y que ha empezado a reaccionar
negativamente, en el plano económico, de manera inmediata.
De que a Trump se le permita o no llevar a cabo sus
propuestas, dependerá a partir de este momento, que las relaciones con Europa
continúen o no siendo fluidas y también que consiga o no, mantener la armonía
con sus vecinos de Hispanoamérica.
Un mar de dudas, se abre hoy en todos los rincones de la
tierra y este triunfo de la derecha más
recalcitrante en el país más importante del mundo, empequeñece aún más a
los demás, sin que desgraciadamente y por su situación, puedan arbitrar una
respuesta.
Meditar lo que ha pasado en este momento histórico, analizar
detalladamente cómo han ocurrido las cosas
y sobre todo por qué, se convierte para todos nosotros en una obligación
inaplazable, ante el temor de que hechos como éste puedan repetirse en otros
lugares, haciendo al mundo retroceder hasta épocas que creíamos haber superado.
Cuando pase el asombro y la maquinaria del poder
norteamericano eche a andar, ya se irá viendo cuál es la verdadera magnitud de
este suceso. También en Estados Unidos queda mucho camino por recorrer y cuatro
años para arrepentirse o no, de haber tomado una decisión como ésta.

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