Mucho le debe convenir al PP huir rápidamente de los efectos
colaterales de la Gurtel, cuando nada exige al PSOE, a cambio de su rendición,
llegando a desaprovechar incluso la oportunidad de oro que le brinda la
situación en que se encuentran los socialista, que para no tener, no tienen en
estos momentos, ni siquiera un líder que les guie.
Y mucho le conviene al PSOE acelerar una pronta respuesta,
que sin duda será positiva, aunque las voces discordantes de los partidarios de
Sánchez, ya hayan amenazado con romper la disciplina de voto, pues una vez
complicada tan estrepitosamente su entorno, no le cabe otra salida que acceder
a lo que se le pida, con tal de no tener que enfrentarse a la severidad de los
electores, que en unas terceras elecciones, sin duda otorgarían sus votos a
otras Formaciones, que respondieran más a los cánones que se entienden como
propios de la izquierda.
Poco o nada nos conviene a los ciudadanos, sin embargo,
volver a tener a Rajoy como Presidente, pues si ya tuvimos durante su anterior
mandato que soportar sus políticas de recortes, directamente relacionadas con
nuestra pérdida de derechos, no podemos, sino pensar que una vez alcanzado el
poder, después de tantos meses de mandato en funciones, no tardará en volver al
redil que se vio obligado a abandonar por la fragmentación del Parlamento y que
no es otro que el de seguir a pies juntillas las órdenes que lleguen de
Bruselas, que como todos sabemos, se basan en nuevos ajustes que nos coloquen
aún más lejos de un mercado laboral que
dignifique nuestro modo de vida.
Quiere el señor Rajoy, como no podía ser de otra manera,
celebrar la nueva Sesión de Investidura, a finales de este mes de Octubre, sin
que le importe negociar, ya lo ha dicho, con la Gestora que ahora mismo decide
los destinos de unos socialistas, que desde luego, debieran preferir por encima
de todas las cosas, solucionar antes de nada sus propios problemas y decidir
cosas tan importantes como si se dividen o no, ahora que ha quedado claro que
en el Partido existen dos corrientes, absolutamente antagónicas.
Pero cederán, porque saben que si consultan a su militancia,
quiero decir, a la poca que les quede, cuando sus bases digieran los
acontecimientos que han venido ocurriendo en los últimos días, lo más probable
es que las ínfulas pactistas de Díaz y los suyos, resulten sencillamente
pulverizadas, por una voluntad que en nada coincide con la de los excelsos
barones que aman, por encima de todas las cosas, el cómodo estatus que disfrutan, desde hace tanto tiempo.
Toda su credibilidad, no obstante, quedará para siempre
enterrada bajo la lectura de los resultados de esta Investidura que viene y
habrán perdido, no sé si de manera consciente o por mera fatalidad, cualquier
posibilidad de poner en práctica una oposición que convenza a una Sociedad, que
no olvidará nunca que el señor Rajoy llegó al poder, con la inestimable ayuda
de los que habían sido, hasta ahora, sus
más directos enemigos.
Puede que la derecha esté dispuesta a perdonar, un año tras
otro lo que ya de por sí resulta imperdonable, pero la izquierda, implacable
tradicionalmente con los errores cometidos por los suyos, jamás volverá a
confiar en quienes se posicionaron en la otra parte del arco político,
emprendiendo el camino sin retorno de no se sabe qué ideología y renunciando
así, a defender los que debieran ser sus principios, en una suerte de
incomprensible rendición, que acabarán pagando en las urnas, en forma de
estrepitoso fracaso.
Ya pueden estar satisfechos Rajoy y Rivera. Todas sus expectativas,
se han cumplido.

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