martes, 25 de octubre de 2016

Intransigencia


Continua la ronda de contactos del Rey, que esta vez está teniendo mucha menos repercusión que la anterior, pues el largo proceso que venimos soportando en estos meses de desgobierno ha hecho mella en el interés que los ciudadanos tienen por la política y también, porque conocido ya el resultado que seguirá a la próxima Sesión de Investidura, el futuro de los españoles está escrito, irremediablemente.
Ahora la atención se encuentra centrada en tratar de evitar que se lleve a cabo la propuesta de rodear el Congreso, que han apoyado determinados líderes de izquierdas, como Garzón e Iglesias y que no persigue, en principio, más que demostrar el descontento que ha producido en cierto sector de la sociedad lo que ha ocurrido estos últimos días y sobre todo, ese incomprensible apoyo que presta el PSOE a quién hasta hace nada se consideraba su peor enemigo y que pondrá en sus manos, otra vez, el poder, a pesar de la fuerte contestación que está recibiendo de parte de un buen número de miembros de su Partido.
Poco o nada parece importar este desacuerdo a quiénes forman la gestora socialista, que ya ha amenazado seriamente con enviar al grupo mixto a aquellos que se atrevan a romper la disciplina de voto durante la Sesión de Investidura, haciendo oídos sordos al escrito presentado por los disidentes que reclamaban una abstención técnica, quizá porque la papeleta de tener que nombrar a once cabezas de turco, todos ellos con nombres y apellidos, podría suponer para los elegidos, una inmediata muerte política.
Así que mientras los unos queman los últimos cartuchos, sin compartir lo que está a punto de hacer el Partido al que todavía pertenecen, los otros, asentados en su postura de fuerza, no hacen, sino cerrar cualquier camino que contradiga los designios de un Comité Federal celebrado en el mismo centro de una tormenta de imprevisibles consecuencias y que no ha tenido en cuenta ni las firmas presentadas por una militancia que reclamaba que se tuviera en cuenta su opinión, ni tampoco la manera en que se forzó a Pedro Sánchez y sus partidarios, a abandonar la escena de juego.
Corre pues la gestora de Fernández el riesgo de tener que asumir toda la responsabilidad de este apoyo sin condiciones a Rajoy, no sólo en el momento de la investidura, sino también de cara a lo que sin duda sucederá en el futuro que se avecina, demostrando con su intolerancia cuáles podrían ser las líneas que se van a seguir en el PSOE, a partir de ahora y que rozan peligrosamente los límites mismos de la Democracia.
Porque si bien es verdad que ganaron la votación que se llevó a cabo el pasado Domingo, no pueden, por mucho que quieran, borrar lo que ha sucedido en Ferraz, en sus Agrupaciones y en la calle, desde que se forzara la dimisión de Sánchez del modo en que se hizo, ni tampoco obligar a la gente para que vote en contra de lo que consideran sus principios, como si las entidades estuvieran por encima de las personas que las forman, despreciando las cuestiones de conciencia   que cada cual tiene derecho a plantearse y a resolver de la manera en que creyera, en cada momento, conveniente.
Se está cubriendo de gloria este Fernández al que algunos apelaron como conciliador, en un conflicto que en vez de abordarse por medio del diálogo, se zanjó de forma violenta, fundamentalmente porque una vez que se llegó a formar la gestora, debió estar Presidida por alguien neutral y no por quién desde el primer momento se proclamó a favor de los abstencionistas, como es el caso del Presidente asturiano.
Queda claro y no sólo para  los militantes socialistas, sino también para la sociedad, que no cabe en este PSOE dirigido por las viejas glorias, otra opinión que no sea la suya, como si de repente, todo ese autoritarismo que achacan permanentemente a Podemos y que nunca han sabido demostrar porque no ha surgido oportunidad para ello, les hubiera poseído, empujándoles a callar las bocas de sus propios compañeros y también de cualquiera que pudiera separarles de la línea que se han marcado para asegurar su personal supervivencia y que, sin duda, les pasará factura puntualmente, más pronto que tarde.
No podrán impedir, sin embargo, que hay movimiento en las calles. La izquierda no va a perdonar fácilmente la traición recibida y nunca olvidará los nombres de los que propiciaron este apoyo incondicional a un candidato, que por su trayectoria no merece, sino ser relevado del cargo y a ser posible, abrumadoramente.
Tampoco merecen los ciudadanos otro periodo como el que han sufrido, en estos angustiosos cinco años de infausto recuerdo.



  

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