Continua la ronda de contactos del Rey, que esta vez está
teniendo mucha menos repercusión que la anterior, pues el largo proceso que
venimos soportando en estos meses de desgobierno ha hecho mella en el interés
que los ciudadanos tienen por la política y también, porque conocido ya el
resultado que seguirá a la próxima Sesión de Investidura, el futuro de los
españoles está escrito, irremediablemente.
Ahora la atención se encuentra centrada en tratar de evitar
que se lleve a cabo la propuesta de rodear el Congreso, que han apoyado
determinados líderes de izquierdas, como Garzón e Iglesias y que no persigue,
en principio, más que demostrar el descontento que ha producido en cierto
sector de la sociedad lo que ha ocurrido estos últimos días y sobre todo, ese
incomprensible apoyo que presta el PSOE a quién hasta hace nada se consideraba
su peor enemigo y que pondrá en sus manos, otra vez, el poder, a pesar de la
fuerte contestación que está recibiendo de parte de un buen número de miembros
de su Partido.
Poco o nada parece importar este desacuerdo a quiénes forman
la gestora socialista, que ya ha amenazado seriamente con enviar al grupo mixto
a aquellos que se atrevan a romper la disciplina de voto durante la Sesión de
Investidura, haciendo oídos sordos al escrito presentado por los disidentes que
reclamaban una abstención técnica, quizá porque la papeleta de tener que
nombrar a once cabezas de turco, todos ellos con nombres y apellidos, podría
suponer para los elegidos, una inmediata muerte política.
Así que mientras los unos queman los últimos cartuchos, sin
compartir lo que está a punto de hacer el Partido al que todavía pertenecen,
los otros, asentados en su postura de fuerza, no hacen, sino cerrar cualquier
camino que contradiga los designios de un Comité Federal celebrado en el mismo
centro de una tormenta de imprevisibles consecuencias y que no ha tenido en
cuenta ni las firmas presentadas por una militancia que reclamaba que se
tuviera en cuenta su opinión, ni tampoco la manera en que se forzó a Pedro Sánchez
y sus partidarios, a abandonar la escena de juego.
Corre pues la gestora de Fernández el riesgo de tener que
asumir toda la responsabilidad de este apoyo sin condiciones a Rajoy, no sólo
en el momento de la investidura, sino también de cara a lo que sin duda
sucederá en el futuro que se avecina, demostrando con su intolerancia cuáles
podrían ser las líneas que se van a seguir en el PSOE, a partir de ahora y que
rozan peligrosamente los límites mismos de la Democracia.
Porque si bien es verdad que ganaron la votación que se llevó
a cabo el pasado Domingo, no pueden, por mucho que quieran, borrar lo que ha
sucedido en Ferraz, en sus Agrupaciones y en la calle, desde que se forzara la
dimisión de Sánchez del modo en que se hizo, ni tampoco obligar a la gente para
que vote en contra de lo que consideran sus principios, como si las entidades
estuvieran por encima de las personas que las forman, despreciando las
cuestiones de conciencia que cada cual tiene derecho a plantearse y a
resolver de la manera en que creyera, en cada momento, conveniente.
Se está cubriendo de gloria este Fernández al que algunos
apelaron como conciliador, en un conflicto que en vez de abordarse por medio
del diálogo, se zanjó de forma violenta, fundamentalmente porque una vez que se
llegó a formar la gestora, debió estar Presidida por alguien neutral y no por
quién desde el primer momento se proclamó a favor de los abstencionistas, como
es el caso del Presidente asturiano.
Queda claro y no sólo para
los militantes socialistas, sino también para la sociedad, que no cabe
en este PSOE dirigido por las viejas glorias, otra opinión que no sea la suya,
como si de repente, todo ese autoritarismo que achacan permanentemente a
Podemos y que nunca han sabido demostrar porque no ha surgido oportunidad para
ello, les hubiera poseído, empujándoles a callar las bocas de sus propios
compañeros y también de cualquiera que pudiera separarles de la línea que se
han marcado para asegurar su personal supervivencia y que, sin duda, les pasará
factura puntualmente, más pronto que tarde.
No podrán impedir, sin embargo, que hay movimiento en las
calles. La izquierda no va a perdonar fácilmente la traición recibida y nunca
olvidará los nombres de los que propiciaron este apoyo incondicional a un
candidato, que por su trayectoria no merece, sino ser relevado del cargo y a
ser posible, abrumadoramente.
Tampoco merecen los ciudadanos otro periodo como el que han
sufrido, en estos angustiosos cinco años de infausto recuerdo.

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