lunes, 17 de octubre de 2016

El desengaño


El desarrollo del juicio de la Gurtel está resultando francamente decepcionante, y ha terminado por convertirse en un enfrentamiento a dos bandas entre Bárcenads y Correa, que en estos momentos sigue declarando en la sala, pero que no acaba de atreverse a confesar la verdad, ni siquiera para  intentar librarse de la cuantiosa condena que para él pide la fiscalía y que probablemente le convertirá en el imputado que más años pase en la cárcel, por un delito de corrupción.
Hemos oído nombrar a ciertos políticos de importancia, durante la época de Áznar, como son Álvarez Cascos o Arenas y también a alguno en activo, como es el caso de Pio García Escudero, pero sin que el relato que ofrece el acusado ahonde lo suficiente para poder achacarles alguna responsabilidad en los delitos que se juzgan, como si la única mano capaz de adjudicar obras y servicios en el Partido Popular, mientras ocurrieron los hechos, hubiera sido la de Bárcenas, cuestión que resulta prácticamente imposible de creer, por la naturaleza del cargo que ocupaba entonces, en Génova.
Nunca antes habíamos conocido que un gerente fuera el encargado de dichas adjudicaciones, por lo que en principio, la figura del ex tesorero podría haber estado más cerca de lo que significa ser un intermediario entre las partes, aunque el empeño de Correa  parece centrado en apuntalar un techo de responsabilidad, que se queda muy por debajo del que seguramente esperaban poder establecer, las acusaciones en el juicio.
Eso sí, fuentes cercanas al entorno de Bárcenas han asegurado que el ex tesorero ha hecho gala de un enfado monumental, por lo que todos esperamos con auténtica desazón, el momento en que le toque subir al estrado, para ver de qué modo intentará desmontar las tesis acusatorias de Correa y si enfocará o no su línea de defensa, descubriendo algún as guardado en la manga, por si se presentaba una ocasión de las características de la que nos ocupa.
Tampoco ha quedado claro en el discurso de Correa, cuáles fueron las principales empresas que se avinieron a los acuerdos que ahora se juzgan y aunque ha mencionado de pasada a dos empresarios tan importantes como Florentino Pérez y Villar  Mir, ha obviado sin embargo, aclarar qué grado de implicación tuvieron, siempre presuntamente, sus empresas en la financiación de las Campañas del PP y cuáles fueron las obras que se les adjudicaron, a cambio de sus “donativos”, cuestión en la que ni siquiera han ahondado las acusaciones, a pesar de la tremenda importancia que tales hechos tienen, para llegar a la verdad de este asunto.
Observando las imágenes de la sala que nos ofrecen a diario todos los medios, uno tiene la impresión de que al final, todos los demás imputados que se encuentran en el banquillo, acabarán por convertirse en meros convidados de piedra y que por el giro que van tomando los acontecimientos, el juicio de la Gurtel va a derivar en un  cruce de acusaciones entre Correa y Bárcenas, sin que pueda demostrarse fehacientemente esta gravísima trama de corrupción y eximiendo de toda culpa a los responsables políticos que en ella se vieron envueltos.
De ser así, se habría desaprovechado una magnífica ocasión para poner freno a los turbios asuntos que se han convertido en rutina para muchos políticos españoles y quedará establecido que los únicos culpables en este tipo de sucias jugadas, son y serán siempre aquellos a los que, por su situación profesional, puede llegar la justicia, sin ningún tipo de impedimento.
Cuando conozcamos la sentencia, de todos modos, ya será inútil esperar alguna reacción política que afecte al desarrollo de los años venideros.
Para entonces, Mariano Rajoy habrá vuelto a ser nombrado Presidente y su Partido, que en cierto modo está también sentado en el banquillo de la Gurtel, habrá conseguido apartar de un manotazo las sospechas de corrupción que le vienen sobrevolando desde hace tanto tiempo.
Menudo desengaño.   




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