El desarrollo del juicio de la Gurtel está resultando
francamente decepcionante, y ha terminado por convertirse en un enfrentamiento
a dos bandas entre Bárcenads y Correa, que en estos momentos sigue declarando
en la sala, pero que no acaba de atreverse a confesar la verdad, ni siquiera
para intentar librarse de la cuantiosa
condena que para él pide la fiscalía y que probablemente le convertirá en el
imputado que más años pase en la cárcel, por un delito de corrupción.
Hemos oído nombrar a ciertos políticos de importancia,
durante la época de Áznar, como son Álvarez Cascos o Arenas y también a alguno
en activo, como es el caso de Pio García Escudero, pero sin que el relato que
ofrece el acusado ahonde lo suficiente para poder achacarles alguna
responsabilidad en los delitos que se juzgan, como si la única mano capaz de
adjudicar obras y servicios en el Partido Popular, mientras ocurrieron los
hechos, hubiera sido la de Bárcenas, cuestión que resulta prácticamente
imposible de creer, por la naturaleza del cargo que ocupaba entonces, en
Génova.
Nunca antes habíamos conocido que un gerente fuera el
encargado de dichas adjudicaciones, por lo que en principio, la figura del ex
tesorero podría haber estado más cerca de lo que significa ser un intermediario
entre las partes, aunque el empeño de Correa
parece centrado en apuntalar un techo de responsabilidad, que se queda
muy por debajo del que seguramente esperaban poder establecer, las acusaciones
en el juicio.
Eso sí, fuentes cercanas al entorno de Bárcenas han asegurado
que el ex tesorero ha hecho gala de un enfado monumental, por lo que todos
esperamos con auténtica desazón, el momento en que le toque subir al estrado,
para ver de qué modo intentará desmontar las tesis acusatorias de Correa y si
enfocará o no su línea de defensa, descubriendo algún as guardado en la manga,
por si se presentaba una ocasión de las características de la que nos ocupa.
Tampoco ha quedado claro en el discurso de Correa, cuáles
fueron las principales empresas que se avinieron a los acuerdos que ahora se
juzgan y aunque ha mencionado de pasada a dos empresarios tan importantes como
Florentino Pérez y Villar Mir, ha
obviado sin embargo, aclarar qué grado de implicación tuvieron, siempre
presuntamente, sus empresas en la financiación de las Campañas del PP y cuáles
fueron las obras que se les adjudicaron, a cambio de sus “donativos”, cuestión
en la que ni siquiera han ahondado las acusaciones, a pesar de la tremenda
importancia que tales hechos tienen, para llegar a la verdad de este asunto.
Observando las imágenes de la sala que nos ofrecen a diario
todos los medios, uno tiene la impresión de que al final, todos los demás
imputados que se encuentran en el banquillo, acabarán por convertirse en meros
convidados de piedra y que por el giro que van tomando los acontecimientos, el
juicio de la Gurtel va a derivar en un
cruce de acusaciones entre Correa y Bárcenas, sin que pueda demostrarse
fehacientemente esta gravísima trama de corrupción y eximiendo de toda culpa a
los responsables políticos que en ella se vieron envueltos.
De ser así, se habría desaprovechado una magnífica ocasión
para poner freno a los turbios asuntos que se han convertido en rutina para
muchos políticos españoles y quedará establecido que los únicos culpables en
este tipo de sucias jugadas, son y serán siempre aquellos a los que, por su
situación profesional, puede llegar la justicia, sin ningún tipo de
impedimento.
Cuando conozcamos la sentencia, de todos modos, ya será
inútil esperar alguna reacción política que afecte al desarrollo de los años
venideros.
Para entonces, Mariano Rajoy habrá vuelto a ser nombrado
Presidente y su Partido, que en cierto modo está también sentado en el
banquillo de la Gurtel, habrá conseguido apartar de un manotazo las sospechas
de corrupción que le vienen sobrevolando desde hace tanto tiempo.
Menudo desengaño.

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