Con las espadas
afiladas y enrocados en sus respectivas posiciones, que no parece vayan a
cambiar, los diputados socialistas esperan que comience la primera Sesión de
Investidura que protagonizará hoy Mariano Rajoy, provocando una situación hasta
ahora desconocida en el ámbito de la política española y que pone de manifiesto
la enorme brecha que se ha abierto entre
sus líderes de la vieja guardia y una nueva hornada de dirigentes, mucho
más identificada con los principios de la izquierda y contraria, por tanto, a
llegar a ninguna clase de pacto con el Partido Popular, ni siquiera para
facilitar la formación de gobierno.
La opinión pública , que no hace otra cosa estos días que
comentar esta inexplicable debacle que se está produciendo delante de sus ojos
y que ha dejado estupefactos a jóvenes y mayores, por lo inusual que resulta,
parece posicionarse claramente al lado
de los partidarios del no y no duda en afirmar que si llegaran a celebrarse
nuevas elecciones, ni siquiera se plantearía votar a este PSOE dirigido por la
gestora que ha sido capaz de abandonar sin pestañear los principios
fundamentales que lo rigen, para colocarse, sin contraprestación alguna, al
lado de un PP fuertemente señalado por la corrupción y a favor de seguir
aplicando nuevos recortes, en cuanto vuelva a hacerse con el poder, aunque sea
en minoría.
Feliz debe sentirse Mariano Rajoy, cuando afirma que no
dudará en defender durante su turno de intervención a estos socialistas que le
prestan su apoyo, pues al intuir que Podemos no dejará pasar la oportunidad de criticar con dureza el camino elegido por
los que debieran haber sido sus socios en otro gobierno, no le cabe otra opción
que defender la postura de los abstencionistas que le permitirán investirse y
hasta que se olviden determinadas cosas que concurren alrededor de su Partido,
como ciertos juicios que estos días se celebran.
Mucho han cambiado las cosas desde que Pedro Sánchez
calificara a éste que hoy les defiende de indecente y por alguna extraña razón,
ahora que ha llegado el momento de la verdad, a todos nos parece que esta
solución, quizá estaba pactada desde el primer momento.
No debe ser fácil para las viejas glorias renunciar a las
bondades que durante años les ha ofrecido la permanencia del bipartidismo y
mucho menos, tener que compartir escenario, en total igualdad de condiciones,
con un buen número de recién llegados que han puesto las Instituciones y la
manera de ejercer la política patas
arriba, llegando a convertirse, en solo dos años de existencia, en otra
alternativa de poder, que en nada coincide con las premisas establecidas
tradicionalmente, por los Partidos mayoritarios.
Todos aguardamos hoy con expectación el contenido del
discurso que pronunciará, por tercera vez, Mariano Rajoy en el Parlamento, pero
estamos seguros que al haber cambiado radicalmente la situación y no contar con
mayoría, su tono será mucho más comedido y en general, nada agresivo con
aquellos que le apoyan en su proyecto de Gobierno.
Ha llegado el momento de la tregua y el idilio entre PP, PSOE
y Ciudadanos que empezará a hacerse público esta tarde y al que auguramos
cierta estabilidad, a la vista de lo que estamos conociendo, pone en marcha una
etapa de incertidumbre en la que sólo nos queda la esperanza de que Podemos haga
una oposición contundente, capaz de defender nuestros derechos más
fundamentales, en este Parlamento compuesto ahora, por tradicionalistas y
transformadores.
Sólo nos cabe la
esperanza de que al tener estas tres Formaciones ambición de poder, pronto
empiecen a discrepar entre ellas, acortando la duración de la legislatura y
mostrando ante la ciudadanía, su imagen verdadera.
Unas horas antes de que comience la sesión, los españoles
lamentamos profundamente que haya quedado en el más absoluto de los olvidos, el
proyecto del cambio y el progreso.

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