miércoles, 19 de octubre de 2016

Primeras reacciones



Tras producirse ayer por la tarde la recusación del Ministro del Interior, por parte de todos los Partidos del arco parlamentario, con excepción del PP, las primeras reacciones civiles contra lo que viene sucediendo en el PSOE estos últimos días, se han materializado en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, dónde cientos de estudiantes han impedido a Felipe González y Juan Luis Cebrían ofrecer una conferencia, portando pancartas alusivas a la derechización de las posturas del ex Presidente y a las presiones que el grupo Prisa ha venido ejerciendo a través de los medios, para potenciar la abstención de los socialistas.
Veníamos advirtiendo que la voluntad de una buena parte de la sociedad no coincide en absoluto con la decisión que defiende la Gestora actual del PSOE, como manera inmediata de desbloquear la falta de Gobierno en España y que a la mayoría de los ciudadanos no les convence esta especie de contubernio asociativo entre dos tendencias ideológicas, en principio diametralmente opuestas, que por intereses exclusivamente personales, han preferido desterrar la idea de un posible gobierno de progreso, volviendo a otorgar,  con un apoyo impensable hasta hace sólo unos días, la Presidencia de este País a un Mariano Rajoy, pletórico al haber conseguido su meta, sin tener que hacer ningún tipo de concesión a sus más directos rivales, asfixiados ante la situación que ellos mismos han provocado en su propio Partido.
Lo que ocurre es que hace ya tiempo que la opinión de la calle dejó de coincidir con la de quiénes se consideran a sí mismos, nuestros representantes políticos y por tanto, a nadie pueda extrañar que en cuanto surge la oportunidad de hacer oír la voz de una sociedad ignorada por las Instituciones, de forma manifiesta, los ciudadanos y muy especialmente los jóvenes, terriblemente afectados por las medidas de recortes  aplicadas por el PP, en el transcurso de la última legislatura, manifiesten su disconformidad del único modo en que se les permite y que no deja lugar a dudas sobre la enorme distancia que les separa, de los señores del bipartidismo.
Puede que Felipe González no midiera esta posibilidad cuando pronunció las palabras que provocaron hace unos días, las vergonzosas acciones que se protagonizaron en el seno de su Partido, pero todo en esta vida acaba pasando factura y quizá con la protesta de hoy, esté empezando a recoger los frutos de su atrevimiento.
Seguramente,  no será esta  la última reprobación contundente con que tropiece el señor González a partir de ahora, ni tampoco el único enfrentamiento que tenga que soportar, cuando haya de acudir a cualquier acto en el que no pueda evitar entrar en contacto con la gente.
Para la izquierda española, su descarado posicionamiento al lado del PP, ha supuesto, sin lugar a dudas, una traición difícil de olvidar y perdonar, que cambia radicalmente la buena imagen de que disfrutaba en este país, el que fuera, durante tantos años, Presidente.
En estos tiempos convulsos, en los que resulta casi imposible adivinar los movimientos de determinados políticos, fundamentalmente por el acercamiento que se está produciendo entre ciertas ideologías, también los políticos tendrán que aprender que las secuelas de sus acciones no siempre serán todo lo favorables que imaginaron, aislados en su inexpugnable soledad, dónde no llegan los ecos de la calle.
Se avecina una etapa en que las protestas serán continuas y en la que los políticos no tendrán otro remedio que empezar a prestar atención a lo que se les pide, desde fuera del Parlamento, sobre todo porque la fragmentación en el hemiciclo, va a potenciar un giro de ciento ochenta grados en una manera de hacer política, que ha quedado del todo obsoleta.
Si los abstencionistas pensaban que éste sería un camino de rosas que recorrerían sin coste alguno para el futuro de su Partido, está claro que se equivocaban. Lo irán constatando, en cuanto eche a andar el futuro Gobierno.


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