Tras producirse ayer por la tarde la recusación del Ministro
del Interior, por parte de todos los Partidos del arco parlamentario, con
excepción del PP, las primeras reacciones civiles contra lo que viene
sucediendo en el PSOE estos últimos días, se han materializado en la Facultad
de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, dónde cientos de estudiantes
han impedido a Felipe González y Juan Luis Cebrían ofrecer una conferencia,
portando pancartas alusivas a la derechización de las posturas del ex Presidente
y a las presiones que el grupo Prisa ha venido ejerciendo a través de los
medios, para potenciar la abstención de los socialistas.
Veníamos advirtiendo que la voluntad de una buena parte de la
sociedad no coincide en absoluto con la decisión que defiende la Gestora actual
del PSOE, como manera inmediata de desbloquear la falta de Gobierno en España y
que a la mayoría de los ciudadanos no les convence esta especie de contubernio
asociativo entre dos tendencias ideológicas, en principio diametralmente opuestas,
que por intereses exclusivamente personales, han preferido desterrar la idea de
un posible gobierno de progreso, volviendo a otorgar, con un apoyo impensable hasta hace sólo unos
días, la Presidencia de este País a un Mariano Rajoy, pletórico al haber
conseguido su meta, sin tener que hacer ningún tipo de concesión a sus más
directos rivales, asfixiados ante la situación que ellos mismos han provocado
en su propio Partido.
Lo que ocurre es que hace ya tiempo que la opinión de la
calle dejó de coincidir con la de quiénes se consideran a sí mismos, nuestros
representantes políticos y por tanto, a nadie pueda extrañar que en cuanto
surge la oportunidad de hacer oír la voz de una sociedad ignorada por las
Instituciones, de forma manifiesta, los ciudadanos y muy especialmente los
jóvenes, terriblemente afectados por las medidas de recortes aplicadas por el PP, en el transcurso de la
última legislatura, manifiesten su disconformidad del único modo en que se les
permite y que no deja lugar a dudas sobre la enorme distancia que les separa,
de los señores del bipartidismo.
Puede que Felipe González no midiera esta posibilidad cuando
pronunció las palabras que provocaron hace unos días, las vergonzosas acciones
que se protagonizaron en el seno de su Partido, pero todo en esta vida acaba
pasando factura y quizá con la protesta de hoy, esté empezando a recoger los
frutos de su atrevimiento.
Seguramente, no será
esta la última reprobación contundente
con que tropiece el señor González a partir de ahora, ni tampoco el único
enfrentamiento que tenga que soportar, cuando haya de acudir a cualquier acto
en el que no pueda evitar entrar en contacto con la gente.
Para la izquierda española, su descarado posicionamiento al
lado del PP, ha supuesto, sin lugar a dudas, una traición difícil de olvidar y
perdonar, que cambia radicalmente la buena imagen de que disfrutaba en este
país, el que fuera, durante tantos años, Presidente.
En estos tiempos convulsos, en los que resulta casi imposible
adivinar los movimientos de determinados políticos, fundamentalmente por el
acercamiento que se está produciendo entre ciertas ideologías, también los
políticos tendrán que aprender que las secuelas de sus acciones no siempre
serán todo lo favorables que imaginaron, aislados en su inexpugnable soledad,
dónde no llegan los ecos de la calle.
Se avecina una etapa en que las protestas serán continuas y
en la que los políticos no tendrán otro remedio que empezar a prestar atención
a lo que se les pide, desde fuera del Parlamento, sobre todo porque la
fragmentación en el hemiciclo, va a potenciar un giro de ciento ochenta grados
en una manera de hacer política, que ha quedado del todo obsoleta.
Si los abstencionistas pensaban que éste sería un camino de
rosas que recorrerían sin coste alguno para el futuro de su Partido, está claro
que se equivocaban. Lo irán constatando, en cuanto eche a andar el futuro
Gobierno.

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