miércoles, 12 de octubre de 2016

Las fotos del acuerdo


La celebración de los actos de la llamada Fiesta nacional vuelve a dividir la opinión de nuestros políticos y el concepto de patriotismo adquiere de pronto una importancia inesperada, que en un caso pasa por la exaltación de símbolos y banderas y en otros, simplemente por procurar el bienestar para los ciudadanos que poblamos este país, al margen de parafernalias y aditamentos.
Ya otro años, se había criticado la ausencia de vascos y catalanes a la recepción organizada por el Rey con este motivo, pero que Podemos e IU hayan decidido sumarse a esta especie de rebelión, ha causado un enorme revuelo entre los representantes de los Partidos tradicionales y muy fundamentalmente entre los del PP, que hace ya tiempo que se auto convencieron de ser los principales garantes de una españolidad, que para otros muchos, ha quedado definitivamente obsoleta.
Curiosas imágenes dejó sin embargo la asistencia a un desfile de las Fuerzas Armadas, absolutamente deslucido por los rigores del tiempo, pero que bien podría considerarse como una muestra gráfica de lo que se cuece estos días previos a la próxima Sesión de Investidura, que seguramente tendrá lugar, a finales  del mes que corre.
El saludo entre Susana Díaz y Mariano Rajoy, cargado de una complicidad prácticamente impensable hasta ahora, por las divergencia de pensamientos y el curioso acercamiento entre Rafael Hernando y Antonio Hernando, que ha ejercido  como portavoz del PSOE con Pedro Sánchez y que ha sobrevivido, no se sabe cómo, a la purga de los últimos días, no dejaban lugar a dudas sobre la posible abstención socialista, confirmando todos los pronósticos  que se han venido barajando en los medios, desde que se produjeran los sucesos de Ferraz, hace ya casi dos semanas.
 Esa repentina amistad y no las ausencias de determinados grupos políticos, se convirtió en la protagonista de la jornada, no sin causar cierto estupor entre los que estamos acostumbrados a considerar a PP y PSOE, enemigos por tradición y por convencimiento, causando también auténtico asombro entre una buena parte de la militancia socialista, que esperaba aún, con cierta ingenuidad, que se pudiera mantener el no a una Investidura, imposible de conseguir de otro modo y que coronará como Presidente de Gobierno, al mismo contra el que se ha luchado duramente durante los últimos cuatro años, en el Parlamento.
Los acercamientos de ayer, las miradas que se cruzaron entre los antiguos contendientes y hasta el hecho de compartir paraguas durante la celebración del desfile, parecen sellar definitivamente un acuerdo, por el que la vieja guardia socialista, con Felipe González  a la cabeza, venía apostando casi desde el principio y que ya veremos si no se transforma finalmente en el ansiado Gobierno de coalición que tanto agrada a los conservadores, durante la próxima legislatura.
Por tanto, todas las esperanzas que pusieron los grupos de izquierdas y que pasaban por un gran pacto que propiciara un Gobierno de cambio y de progreso, quedan irremediablemente enterradas bajo el manto protector de estos patrioteros amantes de banderas y tradiciones, que no han podido elegir un día más significativo, para sellar tácitamente, su curioso acuerdo.

Los que no tenían ayer nada que celebrar, los que han sufrido y sufren los espantosos efectos de la crisis, sólo pudieron asumir que su tragedia, de momento, no tendrá fin y con toda probabilidad, se preguntaron por qué los que tenían en sus manos los medios para desterrar sus penurias, se rindieron ante la erótica del poder, sin considerar, ni siquiera por un momento, la dureza de sus  sufrimientos.

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