La gestora que ha tomado las riendas del PSOE, aunque deja
adivinar la idea de la abstención, facilitando con ello que Mariano Rajoy
llegue al gobierno, no acaba de pronunciarse con claridad, para que los
ciudadanos sepamos de una vez cuáles son sus autenticas intenciones, a pesar de
que todos sabemos que este circo esperpéntico que han montado para mover a
Pedro Sánchez de su puesto, ha de tener que ver, necesariamente, con este tema
y también con el futuro propósito de colocar a Susana Díaz al frente de un
Partido, ahora escindido en dos y cuyo horizonte se dibuja incierto.
Se hurta, con estas medias tintas, a la ciudadanía y a la
propia militancia del PSOE, el derecho a saber en qué plano ideológico se
mueven todos y cada uno de estos líderes, que en algunos casos presiden ciertas
Comunidades Autónomas y a los que las personas votaron, en principio, por estar
absolutamente en contra de ese mismo PP, al que ahora muchos de ellos pretenden
ayudar, facilitándole una camino que de
otro modo, resultaría del todo impracticable.
Porque no es verdad que una abstención no suponga estar
colaborando con el Partido que representa el candidato que se propone como
Presidente, sino que la neutralidad, en este caso, llevaría directamente a la
misma conclusión que persiguen los que estarían dispuestos a apoyar claramente
la Investidura, como es el caso de Ciudadanos y de algún que otro Partido
irrelevante, que votaría sí, en el evento.
Así que el argumento manejado por ciertos barones del PSOE,
carece de sentido y disfrácenlo o no, para confundir la opinión de quienes les
oímos, abstenerse sería, dar una palmadita en la espalda de Mariano Rajoy,
ayudando con ello a tapar los mil y un asuntos de corrupción que pululan sobre
las cabezas de los conservadores y sobre todo, dar por buenas las políticas de
recortes llevadas a cabo durante su mandato y que tanto han lesionado el
bienestar de todos los ciudadanos.
La impresión que da, es que al PSOE le da terror confesar
abiertamente ante la gente que finalmente se abstendrá y que a la vez, a
consecuencia de lo ocurrido en su Comité Federal, el pasado Sábado, ya no le
queda otra opción que le permita huir como de la pólvora de la celebración de
nuevas elecciones, cuyos resultados serían muchísimo peores que los obtenidos
en las últimas por un Pedro Sánchez, a quien se ha demonizado, precisamente,
utilizando este único argumento.
Pero en este país, la manipulación y la mentira no suelen
agradar a las mayorías y suelen dar lugar, cuando se descubren, a
circunstancias inesperadas que nadie manejaba como probables y que en nada se
parecerían a las previsiones que todo el mundo había hecho, con relación a un
suceso.
No hay que ir demasiado atrás para comprobar la certeza de
esta afirmación y bastaría recordar lo que ocurrió en las elecciones que
siguieron a los atentados del 11M, en las que la ciudadanía castigó duramente
la falsedad de los argumentos sobre la autoría de los ataques, ofreciéndole la
victoria a Zapatero.
Los mismos que entonces se quejaron de aquella zafiedad y que
incluso se manifestaron en la calle reclamando, con toda justicia, la verdad, a
los que entonces eran sus gobernantes, son los que ahora titubean, procurando
evitar las inevitables preguntas de la prensa y los que no tienen la valentía
de admitir que se abstendrán, si es que así lo piensan hacer, de frente y sin
tapujos.
La incertidumbre que se cierne sobre el futuro del PSOE, se
agrava considerablemente, desde el momento en que la sociedad empieza a pensar
y con razón, que sus líderes se parecen demasiado a los del Partido Popular,
porque están empleando exactamente, sus mismos métodos.
Nada hay peor, para una Formación política, que la falta de
claridad y sobre todo, cuando a través de vacilaciones absolutamente
reconocibles, se pone en duda la inteligencia de una sociedad, que no lo duden,
ha aprendido perfectamente a discernir entre lo falso y lo auténtico.

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