Se pone en marcha la maquinaria para que Rajoy intente una
nueva sesión de investidura, esta vez, con la aquiescencia tácita de un PSOE,
herido de muerte, al que perjudicaría severamente la celebración de nuevos
Comicios y al que no queda otra salida que propiciar la abstención, para
asegurarse su propia supervivencia.
Aunque aún no se haya celebrado el esperado comité federal,
en el que se decidirá la postura definitiva de los socialistas, todo el mundo
da por sentada la colaboración total o parcial que dará a Rajoy la oportunidad
de repetir en la Presidencia de la nación, por lo que la decisión que se tome,
se considera, a día de hoy, un mero trámite, que por cierto, tiene muy enfadada
a una gran parte de una militancia, que nunca pensó que pudiera darse una
alianza con la derecha y menos aún, después de las políticas llevadas a cabo
durante la legislatura anterior, por los conservadores.
Y aunque muchos ya han anunciado que están dispuestos a
romper la disciplina de voto el día de la Sesión, la posición en que puede
quedar el PSOE, en los meses siguientes, ha de ser necesariamente, por lo menos
incómoda, pues el resto de las Fuerzas políticas que forman el arco
parlamentario y que mantienen la postura del no, no olvidarán fácilmente que
fue con la abstención socialista, como Martiano Rajoy consiguió llegar al
gobierno.
No hay más que ver el resultado que ofrecen las primeras
encuestas, en las que Podemos no solo adelanta al PSOE, en la opinión de los
españoles, sino que crece más de cuatro puntos en intención de voto, convirtiéndose
en líder indiscutible de la futura oposición y rompiendo, probablemente para
siempre, las leyes del bipartidismo.
Ya puede estar satisfecha la vieja guardia del PSOE.
Finalmente, con su actitud, han dinamitado a su Partido y además, de una manera
que hace prácticamente imposible recomponer una unidad, que ya desde hace
tiempo se consideraba bastante quebradiza, a causa de las sucias guerras internas que mantenían dos
sectores ideológicamente encontrados, que ahora se han destapado con toda claridad,
ante una opinión pública incapaz de perdonar determinadas traiciones, como ya
hemos visto otras veces.
Si alguna vez llegan a celebrarse primarias, cosa que no
parece entrar en los planes de la gestora, ni de los barones adscritos a ella,
se podrá finalmente dilucidar si el PSOE puede seguir considerándose como un
Partido de la izquierda, o si por el contrario está decidido a abandonar, por
mayoría, la corriente ideológica en que siempre se basó una trayectoria, rota
ahora simplemente ,por la desmedida ambición personal de algunos de sus
líderes.
Consciente o inconscientemente, esta debacle inducida por la
mano de los poderosos barones, no puede, sino beneficiar grandemente a un PP,
al que hubiera sido relativamente fácil desterrar, si se hubieran firmado
determinados acuerdos.
Lo ocurrido entre los socialistas, no sólo destroza a su
Partido, sino que impone a los españoles el inmerecido calvario que supone que
Mariano Rajoy vuelva a ser Presidente de Gobierno.
Una gran parte de nuestra sociedad, no va a olvidar nunca que
unos pocos se atrevieron a arrebatarle sus sueños.
Cuando empiecen de nuevo los recortes y se limiten, aún más
si cabe, nuestros derechos, todo el mundo sin excepción, tendrá muy claro
quiénes han sido los culpables de su sufrimiento.

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