Tira Susana Díaz de contactos, de presiones y de poder, para
lanzar al PSOE de Andalucía como principal valedor de la abstención y aunque no
aparece personalmente ante los medios para comunicar la decisión, resulta
evidente que mueve desde la sombra los hilos que sostienen a la Gestora que
impusieron sus adeptos, aquel nefasto sábado en Ferraz y que con toda
seguridad, acabará por consumar lo que toda la izquierda española se temía, sin
poder dar crédito a lo que estaba ocurriendo ante sus ojos y que ha supuesto un
antes y un después, en la trayectoria del socialismo español.
Pide Javier Fernández a los suyos, sin ahorrar un ápice de
dramatismo en su discurso, que se abstengan, para evitar un mal mayor y se
lleva consigo el compromiso de una buena parte de los comparten con él la
teoría catastrofista que idearon los populares para evitar los pactos con
Podemos, aunque sin llegar a reconocer que entre su militancia, la sola idea de
propiciar la llegada a la Presidencia de Rajoy, se está convirtiendo en un elemento
de indignación, imposible de superar cuando se trata de vivir de acuerdo con
unos principios.
La suerte, sin embargo, está echada y aunque la decisión
parta exclusivamente de un Comité Federal que ha procurado estar compuesto
mayoritariamente por abstencionistas, resultan imposibles de calcular las
consecuencias que traerá en el futuro esta rendición incondicional, al Partido
que acumula bajo sus siglas el mayor número de casos de corrupción conocidos en
la historia de nuestra Democracia y los mayores recortes de derechos
fundamentales infringidos jamás a unos ciudadanos, que aún luchan denodadamente
por recuperarse de los últimos cuatro años de gobierno de los conservadores.
Ya han cesado, incluso, los ataques que solían dirigirse
estos dos enemigos que todos considerábamo irreconciliables y ni siquiera el
desarrollo del juicio de la Gurtel, ha logrado arrancar de los socialistas
gestores algún tipo de crítica feroz, sobre lo que allí estamos escuchando
estos días, como si la abstención que vendrá, llevara implícito el olvido de
los sucesos que ahora se juzgan y que constituyen, como todos sabemos, una
vergüenza nacional, imposible de perdonar por esta sociedad a la que
pertenecemos.
Parece como si de pronto PP y PSOE hubieran descubierto
milagrosamente las leyes del respeto y un tupido velo de silencio, hubiera
cubierto las distancias que los separaban, tendiendo un puente de plata a la
posibilidad de una asociación, que hasta hace poco, parecía impensable.
Y es precisamente esa tácita complicidad, ese acercamiento
repentino, capaz de limar todas las asperezas, lo que no puede sino provocar en
los ciudadanos que sufriremos la
continuidad del PP en el gobierno, una
nueva ola de indignación, al volver a considerar que nuestra voz sigue
careciendo de toda importancia, cuando lo que se juega en la partida no es otra
cosa que poder y los jugadores ni siquiera se acercan a lo que debiera ser, en
verdad, un buen representante político.
Volverán, a partir de
que se consume la investidura, los tiempos en que las calles se conviertan en
el único foro que nos quede para ser escuchados, las manifestaciones colectivas
que muestren otra vez el descontento por los recortes que llegarán en cuanto
Rajoy se asiente en la Moncloa y toda esa corriente de rabia que parecía haber
quedado aletargada durante los meses que ha durado la ausencia de Gobierno y no
podrá ya nunca más el PSOE, que con su abstención haya propiciado la
continuidad conservadora, volver a
hablarnos de solidaridad con los humildes, pues le será imposible borrar
de nuestra memoria, la traición que contra nosotros cometieron.
Sus días de oposición, terminarán en el mismo instante en el
que total o parcialmente, por presencia o por ausencia, brinden su apoyo
gratuito al candidato popular, que no ha tenido más que sentarse a esperar,
para rematar a su más directo enemigo.
Sólo a Podemos corresponde desde ahora, asumir el difícil
papel de lidiar en soledad contra esta casta irreductible, cuya labor no es
otra que hacer imposible que se cumplan algunos de nuestros sueños.

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