Sin haber conseguido aún los apoyos necesarios para la
investidura, Mariano Rajoy se atreve a sacar 8.700 millones de euros de la caja
de las pensiones, sin ofrecer explicación alguna al resto de los partidos
políticos, quizá como un anuncio de la clase de medidas que nos esperan, para
los próximos cuatro años, si finalmente obtiene la presidencia.
Venido arriba por los resultados electorales, Don Mariano ha
debido pensar que los ciudadanos aplaudimos la política de recortes que ha
llevado a cabo en la pasada legislatura y que por tanto, estamos de acuerdo con
que continúe ejerciendo el cargo, en la misma línea de actuación y sin esperar
ningún tipo de consenso.
Claro que olvida que aquella mayoría absoluta que obtuvo en
2011, quedó muy atrás y que a partir de ahora, gobierne en coalición o en
solitario, no le va a ser fácil sacar adelante cualquiera de sus aberrantes
propuestas, pues la oposición que va a tener enfrente, nada tendrá que ver con
la que ejerció tibiamente el PSOE, en el Parlamento, sino que de seguro se
recrudecerá, transformando el camino de rosas por el que están acostumbrados a
caminar los populares, en un auténtico infierno.
Que la izquierda y fundamentalmente Podemos, no hayan
conseguido los resultados que esperaban en los últimos comicios, no quiere
decir, cómo les gustaría a muchos, que se haya debilitado la fuerza de su
discurso, sino más bien, que habiendo aprendido la lección que le han dado los
electores con sus votos, probablemente
recuperen toda la intensidad que erróneamente abandonaron para captar a los
moderados de centro y que no ha servido para otra cosa que para perder más de
un millón de votos, procedentes de su propio espacio ideológico.
Así que a Rajoy no le va a quedar otro remedio que abandonar
la placidez de la que ha gozado cuando nada le importaba la opinión, ni de la
calle, ni de sus oponentes y empezar a trabajar, en la que sin duda va a ser la legislatura más ardua
que haya tenido que vivir el PP y en la que será permanentemente cuestionado,
por la peculiar composición del Parlamento.
De nada le va a servir la victoria pírrica de la que tanto
presumen ahora, sus barones y sus leales periodistas, si no logra obtener
cualquier tipo de apoyo, total o parcial del PSOE, que sería lo único que le
permitiría gobernar con cierta tranquilidad, aunque nunca como antes lo hizo,
para desgracia nuestra.
Es pues el PSOE, el que carga sobre su espalda en estos
precisos momentos, toda la responsabilidad de lo que pueda ocurrirnos a todos
en el futuro y de su decisión dependerá, independientemente de si le gusta a
Susana Díaz y los suyos, o no, cómo se encaucen los pactos, para la formación
de gobierno.
Porque si los socialistas ayudan a Rajoy, aunque sea bajo
mínimos, a ser de nuevo Presidente, habrán perdido la poca credibilidad que aún
les pueda quedar y cualquier tipo de autoridad moral para criticar las
gestiones que pueda llevar a cabo, el día de mañana, el posible gobierno.
Grande es la encrucijada, si se tiene en cuenta que en cuanto
han pasado las elecciones, el PP ha vuelto mansamente al redil por el que Europa
quiere que circule y que no ha podido esperar, para asaltar otra vez, la hucha
de unas pensiones, que se tambalea enferma de gravedad y sin recuperación
aparente.
Sin haber oído a Pedro Sánchez una sola palabra de autocrítica
por los malos resultados de su Partido y dando la impresión de que ni siquiera
ha habido en el PSOE, un momento para reflexionar seriamente sobre cuáles han
sido las claves de su fracaso, los españoles y muy fundamentalmente los
socialistas de corazón, esperan para valorar positiva o negativamente y para
siempre, la decisión que tome el Comité Federal, en relación con la investidura
del candidato conservador a la presidencia.
No les quepa la menor duda de que si finalmente apoyan de
algún modo a Rajoy, los próximos tiempos, para el PSOE, serán indiscutiblemente
convulsos, tanto, que empieza a recordar a aquella UCD de Suárez, que por
razones de personalismos, finalmente, acabó por romperse.
Uno no puede, aún sin estar de acuerdo con las propuestas que
hacen estos socialistas en la actualidad,más que sentir pena al ver lo que
pueden hacer los hombres con lo que fue una maravillosa ideología y que por
ambiciones personales, ni siquiera les importe destruir aquello en lo que
creyeron millones de personas, durante tanto tiempo.

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