Cuando la violencia y el odio sin sentido se apoderan de las
calles, robando las vidas de los inocentes de manera indiscriminada y sembrando
el pánico alrededor, como si el mundo se estuviera hundiendo, las razones
políticas, las diferencias que puedan separar a los pueblos, las injusticias y
la iniquidad, se diluyen inexorablemente perdiendo cualquier atisbo de razón y
la racionalidad que define a los seres humanos, desaparece engullida por el fanatismo, en toda
su crudeza.
Lo ocurrido en Niza esta noche, igual que si hubiera sucedido
en cualquier otro sitio de este vasto mundo, vuelve levantar las conciencias de
los hombres y mujeres de bien, deshaciendo por medio del horror, todos los
argumentos esgrimidos a favor de una paz conseguida a través del diálogo entre
los pueblos y coloca una piedra más en el muro que vienen levantando los
belicistas, para compartimentar este mundo, cada vez más dividido en dos
bloques irreconciliables que caminan
hacia ninguna parte, sumidos en la devastación que produce el terror, en el
pensamiento.
No cabe, buscar explicaciones a estos actos imperdonables que
convierten a los seres humanos en títeres a merced de la fuerza, ni pararse a
encontrar explicaciones que puedan justificar lo injustificable, tratando de
esgrimir alguna clase de débil argumento. La muerte y la desolación que pululan
a nuestro alrededor eligiéndonos con su dedo azaroso y la contundencia de la
respuesta que sigue a los ataques terroristas, van creando una vorágine de violencia
de la que no se puede escapar y que nos deja a merced de un destino que nos persigue
inexorablemente, sin que podamos encontrar una salida.
Huelga decir nada más. Las muestras de solidaridad que hoy
veremos de nuevo, en forma de ramilletes de flores, canciones y minutos
interminables de silencio, hablarán por todos y cada uno de nosotros, gritando
que continuamos unidos, esperando un milagro que solucione estos conflictos que
se están convirtiendo, en las señas de identidad de nuestro tiempo.
Por todos los que han perdido la vida, anoche en Niza y en
otros momentos en cualquier otra parte, en la guerra o en la paz, estas letras
humildes escritas en un rincón solitario, quieren transmitir hoy, únicamente, esperanza.

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