A última hora de la noche de ayer, el portavoz del PP, Rafael
Hernando, admitía ante los medios la existencia de un acuerdo con PNV y el PDC
catalán, dejando claro de dónde habían salido los diez votos sueltos que
sumados a los de Ciudadanos y PP, habían apoyado la elección de Ana Pastor como
Presidenta del Congreso y de José Ignacio Prendes, de Ciudadanos, como
Vicepresidente primero, de esta misma Cámara.
El apoyo, que por inexplicable, había traído en jaque a los
medios de comunicación y que en ningún momento ni fue, ni ha sido admitido, ni
por los diputados vascos, ni por los catalanes, ha contribuido, sin embargo,
eficazmente, a que la Mesa del Congreso se haya teñido mayoritariamente de
azul, relegando a socialistas y podemitas, a un insignificante segundo plano,
dejándoles en franca minoría, de cara a la próxima legislatura.
El portavoz de los catalanes, Homs, que ha intervenido esta
mañana en un programa de televisión, tratando de zafarse del hecho de tener que
confesar abiertamente que parte de sus diputados se habían rendido a las
exigencias del PP, ha tratado de orientar la cuestión hacia un terreno
meramente individual, como si los espectadores no supiéramos de sobra que la
disciplina de grupo existe en todos los Partidos y que una desobediencia de
este tipo, se castiga con sanciones económicas, tal y como hemos podido ver otras veces.
Lo que ocurre en realidad, es que los catalanes y los vascos,
en el fondo se avergüenzan de estos votos, fundamentalmente porque resulta inexplicable
que después de todo lo que ha sucedido entre los nacionalistas y el Partido de
Rajoy, incluida la convocatoria del Referendum y la llamada a la desobediencia
al TC, estos declarados independentistas presten su apoyo, sin haber cambiado
siquiera los nombres de quienes protagonizaron los hechos y no se entiende,
sino es a cambio de algo muy sustancial, que de pronto la encarnizada enemistad
entre catalanes, vascos y populares, se suavice hasta el punto de marchar codo
con codo, en cuestiones tan importantes como estas.
Subyace por supuesto, la idea, de que ambos Partidos estarían
interesados en tener grupo parlamentario propio y que sería en este sentido,
como el PP correspondería a la inestimable ayuda prestada por estos socios de
ocasión, a los que no parece importar aparcar sus propios principios, cuando se
trata de obtener los beneficios que les proporcionaría tal acuerdo.
Dónde quedaron las proclamas independentistas y las soflamas
anti populares emitidas hasta ayer mismo por los antiguos convergentes y las
diferencias irreconciliables que señalaba el PNV, con la Formación de Rajoy,
son dos incógnitas que en este momento permanecen abiertas y que mantienen
estupefacta a la ciudadanía en general y espero que muy especialmente, a la
catalana y la vasca .
Porque al final, las cuestiones ideológicas y los catecismos
grabados a fuego en los discursos que acaloran a las masas, para conducirlas hasta
el punto en que los políticos quieren que estén, quedan apisonados por la cruda
evidencia de las cuestiones crematísticas, por lo que habría que deducir que
todo, hasta el propio pensamiento, tiene un precio.
Nada importa, defraudar la confianza de quiénes siguieron
ilusionados el camino que les marcaba una idea, ni perder abrumadoramente el
concepto de dignidad que debiera caracterizar el ejercicio limpio de la
política, ni ofrecer a la ciudadanía una imagen esperpéntica del papel de los
líderes que se postulan para dirigir nuestros destinos. Cuando se trata de
dinero y poder, prostituirse, está permitido.
Menos mal que nuestra inteligencia es infinitamente mayor que
la que nos presuponen y por fortuna, aún somos capaces de discernir, muy
claramente, entre lo correcto y lo incorrecto y ya les digo yo, que estos diez
votos que nadie quiere asumir, acabarán por pasar factura a los que los
emitieron y lo harán, precisamente, en las urnas.

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