miércoles, 20 de julio de 2016

Los votos de la vergüenza


A última hora de la noche de ayer, el portavoz del PP, Rafael Hernando, admitía ante los medios la existencia de un acuerdo con PNV y el PDC catalán, dejando claro de dónde habían salido los diez votos sueltos que sumados a los de Ciudadanos y PP, habían apoyado la elección de Ana Pastor como Presidenta del Congreso y de José Ignacio Prendes, de Ciudadanos, como Vicepresidente primero, de esta misma Cámara.
El apoyo, que por inexplicable, había traído en jaque a los medios de comunicación y que en ningún momento ni fue, ni ha sido admitido, ni por los diputados vascos, ni por los catalanes, ha contribuido, sin embargo, eficazmente, a que la Mesa del Congreso se haya teñido mayoritariamente de azul, relegando a socialistas y podemitas, a un insignificante segundo plano, dejándoles en franca minoría, de cara a la próxima legislatura.
El portavoz de los catalanes, Homs, que ha intervenido esta mañana en un programa de televisión, tratando de zafarse del hecho de tener que confesar abiertamente que parte de sus diputados se habían rendido a las exigencias del PP, ha tratado de orientar la cuestión hacia un terreno meramente individual, como si los espectadores no supiéramos de sobra que la disciplina de grupo existe en todos los Partidos y que una desobediencia de este tipo, se castiga con sanciones económicas, tal  y como hemos podido ver otras veces.
Lo que ocurre en realidad, es que los catalanes y los vascos, en el fondo se avergüenzan de estos votos, fundamentalmente porque resulta inexplicable que después de todo lo que ha sucedido entre los nacionalistas y el Partido de Rajoy, incluida la convocatoria del Referendum y la llamada a la desobediencia al TC, estos declarados independentistas presten su apoyo, sin haber cambiado siquiera los nombres de quienes protagonizaron los hechos y no se entiende, sino es a cambio de algo muy sustancial, que de pronto la encarnizada enemistad entre catalanes, vascos y populares, se suavice hasta el punto de marchar codo con codo, en cuestiones tan importantes como estas.
Subyace por supuesto, la idea, de que ambos Partidos estarían interesados en tener grupo parlamentario propio y que sería en este sentido, como el PP correspondería a la inestimable ayuda prestada por estos socios de ocasión, a los que no parece importar aparcar sus propios principios, cuando se trata de obtener los beneficios que les proporcionaría tal acuerdo.
Dónde quedaron las proclamas independentistas y las soflamas anti populares emitidas hasta ayer mismo por los antiguos convergentes y las diferencias irreconciliables que señalaba el PNV, con la Formación de Rajoy, son dos incógnitas que en este momento permanecen abiertas y que mantienen estupefacta a la ciudadanía en general y espero que muy especialmente, a la catalana y la vasca .
Porque al final, las cuestiones ideológicas y los catecismos grabados a fuego en los discursos que acaloran a las masas, para conducirlas hasta el punto en que los políticos quieren que estén, quedan apisonados por la cruda evidencia de las cuestiones crematísticas, por lo que habría que deducir que todo, hasta el propio pensamiento, tiene un precio.
Nada importa, defraudar la confianza de quiénes siguieron ilusionados el camino que les marcaba una idea, ni perder abrumadoramente el concepto de dignidad que debiera caracterizar el ejercicio limpio de la política, ni ofrecer a la ciudadanía una imagen esperpéntica del papel de los líderes que se postulan para dirigir nuestros destinos. Cuando se trata de dinero y poder, prostituirse, está permitido.

Menos mal que nuestra inteligencia es infinitamente mayor que la que nos presuponen y por fortuna, aún somos capaces de discernir, muy claramente, entre lo correcto y lo incorrecto y ya les digo yo, que estos diez votos que nadie quiere asumir, acabarán por pasar factura a los que los emitieron y lo harán, precisamente, en las urnas.

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