Debe ser verdad eso de que la posesión del poder nubla el
entendimiento y en estos días de negociaciones, abiertas y encubiertas, entre
las fuerzas políticas de nuestro país, nos llegan informaciones que hace sólo
unos pocos meses, nadie habría podido creer y ahora tampoco, si no se estuviera
jugando en esta partida, nada menos que la futura Presidencia del Gobierno.
En esta línea, Mariano Rajoy se afana por no perder la
oportunidad que generosamente le han ofrecido los ciudadanos en las urnas y
aunque en principio se declaró partidario de una gran coalición en la que
también estuviera el PSOE, las circunstancias parecen haberle hecho ser
previsor, por lo que ha empezado por reunirse con Partidos mucho más pequeños,
que naturalmente, han puesto sobre la mesa condiciones indispensables para
prestar su apoyo, porque como todos sabemos, nadie da nada, a cambio de nada.
Como era de esperar, el PNV, al que Mariano Rajoy necesitaría
poderosamente en estos momentos, ha empezado jugando fuerte y aún antes que se celebre una reunión prevista para
mañana, ya se ha aventurado a exigir un acercamiento de presos de ETA y aunque parezca mentira, Rajoy parece que
estaría dispuesto a conceder este deseo, a cambio del apoyo de los vascos.
Este paso adelante, que tantas veces hemos oído criticar al
PP con vehemencia, cuando la propuesta venía de otros Partidos y al que en
general, se le ha prestado poca atención en los medios, a lo largo del día de
hoy, supone sin embargo, un cambio radical en las políticas inamovibles del PP,
en todo lo relacionado con el terrorismo y una vez más, una utilización
chapucera de los sentimientos que albergan los familiares de las víctimas, a
las que siempre prometieron que nunca harían nada que rompiera su compromiso
con ellas, aunque facilitara la reconciliación que necesita Euskadi.
Por mucho menos que esto, hemos oído a los líderes del PP, en
incontables ocasiones, tachar de amigos de los etarras a miembros destacados de
otros Partidos e incluso prevenir a los familiares de las asociaciones de
víctimas contra ellos, manifestando abiertamente que mientras no se produjera
la entrega de armas y la rendición incondicional, el problema vasco no estaría resuelto.
Lo que ha cambiado, es que Mariano Rajoy precisa ahora con
urgencia, para su permanencia en el poder, llegar a un acuerdo con los
nacionalistas del PNV y como estamos acostumbrados a ver en su trayectoria
política, las promesas hechas no tienen, ni han tenido jamás, ninguna clase de
valor, cuando la tenencia del poder, se pone en juego.
Y no es que esté mal que el PP reconsidere su postura sobre
el acercamiento de presos, sino que esta concesión, al producirse precisamente
en un momento en que la situación de los conservadores, pende de un hilo
extremadamente fino que podría romperse en algún momento, no deja de ser, por
lo menos, indicativa de hasta dónde podría llegar su ambición y de hasta qué
punto serían capaces de conceder prerrogativas a los demás, con tal de
mantenerse en el gobierno.
Verdaderamente, los familiares de las víctimas, han debido
sentirse absolutamente decepcionados ante la actitud de los que consideraban
como sus defensores más directos y deben estar preguntándose hoy, qué más puede
ocurrir a partir de que el acercamiento se produzca y si lo próximo que
negociará Urkullu no será una amnistía general, para los asesinos de sus
allegados muertos.
Tampoco creo que haya sentado muy bien el ofrecimiento a
líderes como Mayor Oreja, Aguirre o al propio Áznar, que podrían representar el
ala más conservadora del Partido y que siempre sostuvieron una férrea
oposición a hacer ningún tipo de
concesión, ni a los etarras, ni a sus familiares, mientras aseguraban que la
única opción para terminar con el conflicto era la policial, lejos de negociaciones
y acuerdos.
Dicho esto, habrá que ver ahora cuáles son las condiciones
que ponen los demás jugadores de esta interesante partida y si finalmente logra
Rajoy gobernar, aunque sea en minoría y a costa de una pérdida más que notable,
de su línea de pensamiento.
Lo dicho. Cuando se habla de poder, los mayores enemigos
pueden de repente convertirse en íntimos y hasta comulgar juntos con ruedas de
molino, imposibles de tragar, pero que finalmente, acaban por tragarse, con un
poco de esfuerzo.

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