martes, 5 de julio de 2016

Cesiones inconcebibles


Debe ser verdad eso de que la posesión del poder nubla el entendimiento y en estos días de negociaciones, abiertas y encubiertas, entre las fuerzas políticas de nuestro país, nos llegan informaciones que hace sólo unos pocos meses, nadie habría podido creer y ahora tampoco, si no se estuviera jugando en esta partida, nada menos que la futura Presidencia del Gobierno.
En esta línea, Mariano Rajoy se afana por no perder la oportunidad que generosamente le han ofrecido los ciudadanos en las urnas y aunque en principio se declaró partidario de una gran coalición en la que también estuviera el PSOE, las circunstancias parecen haberle hecho ser previsor, por lo que ha empezado por reunirse con Partidos mucho más pequeños, que naturalmente, han puesto sobre la mesa condiciones indispensables para prestar su apoyo, porque como todos sabemos, nadie da nada, a cambio de nada.
Como era de esperar, el PNV, al que Mariano Rajoy necesitaría poderosamente en estos momentos, ha empezado jugando fuerte y aún antes  que se celebre una reunión prevista para mañana, ya se ha aventurado a exigir un acercamiento de presos de ETA  y aunque parezca mentira, Rajoy parece que estaría dispuesto a conceder este deseo, a cambio del apoyo de los vascos.
Este paso adelante, que tantas veces hemos oído criticar al PP con vehemencia, cuando la propuesta venía de otros Partidos y al que en general, se le ha prestado poca atención en los medios, a lo largo del día de hoy, supone sin embargo, un cambio radical en las políticas inamovibles del PP, en todo lo relacionado con el terrorismo y una vez más, una utilización chapucera de los sentimientos que albergan los familiares de las víctimas, a las que siempre prometieron que nunca harían nada que rompiera su compromiso con ellas, aunque facilitara la reconciliación que necesita Euskadi.
Por mucho menos que esto, hemos oído a los líderes del PP, en incontables ocasiones, tachar de amigos de los etarras a miembros destacados de otros Partidos e incluso prevenir a los familiares de las asociaciones de víctimas contra ellos, manifestando abiertamente que mientras no se produjera la entrega de armas y la rendición incondicional, el problema vasco  no estaría resuelto.
Lo que ha cambiado, es que Mariano Rajoy precisa ahora con urgencia, para su permanencia en el poder, llegar a un acuerdo con los nacionalistas del PNV y como estamos acostumbrados a ver en su trayectoria política, las promesas hechas no tienen, ni han tenido jamás, ninguna clase de valor, cuando la tenencia del poder, se pone en juego.
Y no es que esté mal que el PP reconsidere su postura sobre el acercamiento de presos, sino que esta concesión, al producirse precisamente en un momento en que la situación de los conservadores, pende de un hilo extremadamente fino que podría romperse en algún momento, no deja de ser, por lo menos, indicativa de hasta dónde podría llegar su ambición y de hasta qué punto serían capaces de conceder prerrogativas a los demás, con tal de mantenerse en el gobierno.
Verdaderamente, los familiares de las víctimas, han debido sentirse absolutamente decepcionados ante la actitud de los que consideraban como sus defensores más directos y deben estar preguntándose hoy, qué más puede ocurrir a partir de que el acercamiento se produzca y si lo próximo que negociará Urkullu no será una amnistía general, para los asesinos de sus allegados muertos.
Tampoco creo que haya sentado muy bien el ofrecimiento a líderes como Mayor Oreja, Aguirre o al propio Áznar, que podrían representar el ala más conservadora del Partido y que siempre sostuvieron una férrea oposición  a hacer ningún tipo de concesión, ni a los etarras, ni a sus familiares, mientras aseguraban que la única opción para terminar con el conflicto era la policial, lejos de negociaciones y acuerdos.
Dicho esto, habrá que ver ahora cuáles son las condiciones que ponen los demás jugadores de esta interesante partida y si finalmente logra Rajoy gobernar, aunque sea en minoría y a costa de una pérdida más que notable, de su línea de pensamiento.

Lo dicho. Cuando se habla de poder, los mayores enemigos pueden de repente convertirse en íntimos y hasta comulgar juntos con ruedas de molino, imposibles de tragar, pero que finalmente, acaban por tragarse, con un poco de esfuerzo.

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