Por segunda vez en seis meses, los diputados electos del
Parlamento español eligen al que será su Presidente durante la próxima
legislatura, habiendo negociado hasta el último minuto los Partidos, para
hacerse con la mayoría de la composición de la mesa.
Esta vez, han funcionado los acuerdos entre el PP y
Ciudadanos y los desacuerdos entre PSOE y Podemos, para que haya sido Ana
pastor, quién se haya alzado con el triunfo y aunque los de Pablo iglesias, en
un gesto de buena voluntad, hayan votado a Patxi López, en segundas vueltas,
han sido las abstenciones y algún que otro voto incontrolado de los
nacionalistas, los que curiosamente, han otorgado la Presidencia del congreso a
la candidata del PP, hasta ahora, Ministra de Fomento.
Para Mariano Rajoy era prioritario colocar en el puesto a una
persona de su total confianza, y en este caso además, amiga personal y leal
colaboradora y quizá por ello, no le han dolido prendas en ceder la
vicepresidencia primera a un miembro de Ciudadanos, haciendo patente con ello
que las negociaciones que se están manteniendo con Rivera, de cara a la posible
investidura, no están exentas de variar en el último momento sus contenidos,
ofreciendo un sí, en lugar de una abstención, al candidato popular, que
conseguiría un total de ciento sesenta y nueve diputados a favor, sin que de
momento tengamos claro aún, cuántos le votarían en contra.
Están encima de la mesa unas conversaciones con los
nacionalistas catalanes, procedentes de la antigua Convergencia, que luchan
denodadamente por obtener un grupo parlamentario propio en el Congreso y que
inexplicablemente, parecen dispuestos, a pesar de la cruenta guerra que han
mantenido en los últimos tiempos con el PP, a brindarle a Rajoy algún tipo de
apoyo, con tal de conseguirlo.
Como ya hemos dicho muchas veces, la política crea extraños
compañeros de viaje, cuando la ambición y el poder están por medio y en las
circunstancias actuales, repletas de confusión y abocadas a la necesidad de
negociar de manera permanente, todo puede pasar, aunque nadie esperaba que los
diputados catalanes olvidaran tan pronto sus exigencias independentistas, para
echarse a un lado mientras llega al poder, precisamente aquél, al que hasta
hace poco consideraban como el causante de todas sus penurias y desgracias.
Mientras los Parlamentarios, a esta hora, siguen prometiendo
o jurando sus cargos, según sus convicciones personales, todo un submundo de
negociación permanece en ebullición, lejos de las miradas de los curiosos y muy
especialmente de la prensa, seguramente encabezado por el principal interesado
en repetir mandato, en los próximos cuatro años, por todos los demás y también, por un Pedro
Sánchez que continúa debatiéndose entre considerar la abstención o dar un paso
al frente que le pondría en serios apuros con su propio Comité Federal y
empezar un proceso de acercamiento con Podemos.
Así que continúa esa incertidumbre que se ha instalado entre
nosotros desde hace varios meses y el sofocante calor del aire que nos llega
del Sahara, no parece suficiente para restar emoción al momento político que
vivimos.
Al menos, ya sabemos que tendremos una mesa del Congreso
claramente escorada a la derecha y que los Ciudadanos de Rivera, no sólo no
eran tan de Centro como presumían, sino que estaban dispuestos a renunciar a
muchas cosas, con tal de favorecer la continuidad del PP, al frente de las
labores de Gobierno.
Ahora sólo falta que se aclare la izquierda y que algunos
dirigentes socialistas manifiesten abiertamente cuáles son sus apuestas y si de
verdad apoyan o no, las preferencias de su secretario general, que no parecen
coincidir con las de la poderosa Susana Díaz, deseosa de relevarle en su
puesto.
Podemos, ha dado un primer paso importantísimo, para hacer
posible un acercamiento. Cabría esperar, al menos, un poco de correspondencia
por parte de quienes dicen ser de izquierdas, pero que cada vez, se acercan más
a las derechas. Quizá sea ese su destino-

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