Mientras Albert Rivera sigue al pie de la letra el guión
previsto y confirma esta maña que Ciudadanos apoyará a Rajoy, con su
abstención, en la segunda sesión de
Investidura, Pedro Sánchez, tras su reunión con el Presidente en funciones,
ofrece ante la prensa la imagen de un Partido agónico que se debate en una
disyuntiva aún sin resolver de cuya decisión depende ahora, incontestablemente,
que Mariano Rajoy vuelva a ser Presidente de este país, que pueda intentarse
una contra jugada o por la izquierda, o que haya que ir finalmente a unas
terceras elecciones, otra vez, por falta de acuerdos.
No quería el PSOE
tener que verse en esta tesitura en la que ahora se encuentra, pero la
mala gestión que hizo de las posibilidades que se le brindaron, después del
veinte de Diciembre, el gravísimo error
de pactar con Ciudadanos, sus reiterados desprecios a las ofertas de Podemos y
el empecinamiento de sus barones en manejar entre las sombras las directrices
del Partido, le han colocado en la peor posición de cuántas se podrían imaginar
y por tanto, tendrá que asumir las responsabilidades que le tocan, aunque a día
de hoy, navegue entre dos aguas, ofreciendo a los ciudadanos, una trágica
imagen de deriva.
Porque las reminiscencias de aquel socialismo primero, que
fue la base de la ideología que movió a este Partido durante mucho tiempo, han
de exigir, necesariamente, una negativa rotunda al ofrecimiento de una gran
coalición, que jamás puede ser efectiva, cuando los protagonistas son seguidores
de ideologías tan diferentes, pero la vorágine en que han caído los socialistas
en los últimos tiempos, sus posturas de apoyo a las directrices europeas y
sobre todo, las encarnizadas luchas internas que llevan a cabo entre sí, una
buena parte de sus líderes, va moviendo hacia la derecha la posición de la que
ha sido una fuerza política que ha ejercido varias veces un poder, que no
quiere abandonar, bajo ningún concepto.
Sin embargo, el PSOE perderá muchas cosas, decida lo que
decida y aunque son muchos los que temen únicamente, al hecho de ser
fagocitados por Podemos, en caso de alcanzar un pacto con ellos, el deshonor de
ayudar a Rajoy a proclamarse Presidente, aunque sea con una mínima abstención, resultaría
ser mucho más grave, pues demostraría fehacientemente que ya nada importa la
naturaleza de lo que fue su pensamiento y que el Partido que fundó Pablo
iglesias, se rinde sin condiciones, al causante de todos los males que han
asolado este país, sin que la situación en que se encuentran los ciudadanos que
lo habitan, resulte trascendente.
Sumidos en estas dudas, Sánchez, los suyos y los otros que
sólo intentan arrebatarle cuanto antes el liderato, aplazan hasta el último
momento, la toma de esta importante decisión y mantienen a la opinión pública, en vilo, mientras dan
bandazos sin sentido, de un lugar a otro, manejando burdamente un discurso de
ambigüedad, que empieza a resultar, insufrible.
Los millones de personas que a lo largo de los años,
confiaron profundamente en el socialismo español, como garante de los valores
de la izquierda, miran hoy, afligidos, la patética imagen que ofrecen, vencidos
por la rotundidad de la voluntad de los
electores y por su propia manera de afrontar los momentos que vivimos, estos
líderes incompetentes y ambiciosos, que anteponen su propio lucimiento, al
bienestar de su pueblo.
Haga lo que haga, el PSOE ya no volverá nunca a ser el mismo.
Se ha dejado por el camino tantas cosas imprescindibles y ha hecho tantas
concesiones al miedo, que su credibilidad, su decencia y esencialmente, los
principios de su pensamiento, no podrán recuperarse jamás, si no es dinamitando
sus propios cimientos.
Nada convence ya el manido argumento de la salvación
nacional, que reclaman los patrioteros de turno, cada vez que las cosas se les
tuercen. A los españoles, nunca nos ha ido bien con los salva patrias. No hay
más que ahondar en nuestra Historia, para comprenderlo.

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