La psicosis de terrorismo islamista que se ha apoderado de
Europa se hacía evidente el pasado Viernes por la tarde, cuando un chaval de
dieciocho años disparaba indiscriminadamente matando a nueve personas e
hiriendo a otras muchas, en un Centro Comercial de Munich, haciendo saltar
todos los protocolos de seguridad y provocando que surgieran unos cuantos
comentarios sobre tiroteos en la ciudad, que resultaron después ser del todo
inciertos.
El desencadenante de dicha matanza, que nada tuvo que ver con
motivos religiosos ni políticos y mucho, al parecer, con el fenómeno del
bulling, que enloquece a nuestros jóvenes, acarreándoles terribles secuelas
psicológicas, fue averiguándose en las horas que siguieron al luctuoso suceso,
pero mantuvo en jaque a todos los servicios de seguridad europeos, cuya
intervención aumenta considerablemente la sensación de pánico de una sociedad,
demasiado manipulada por el tipo de información que a diario se le ofrece,
desde los Gobiernos.
Sin restar un ápice de importancia a un suceso que pone de
manifiesto la inestabilidad psicológica que todos padecemos y solidarizándonos
sin resquicios con las familias de las víctimas de Munich, la creciente
islamofobia que se apodera del Continente debe, sin embargo, ser corregida a la
mayor urgencia o llegará un momento en que no podamos evitar huir, cada vez que
nos crucemos en lugares públicos con algún musulmán, perjudicando seriamente las
buenas relaciones que debieran reinar entre la gente de bien, pertenezcan al
grupo étnico o religioso que pertenezcan.
Verdad es, que la gravedad de los atentados ocurridos
anteriormente en Europa no permiten bajar la guardia en previsión de atentados
similares a los que ya se han cometido, pero resulta absolutamente inadmisible
que la población se deje dominar por el miedo y se imponen, soluciones que
simplifiquen la convivencia pacífica de los europeos, que no pueden rendirse
ante la amenaza permanente de un conflicto, que sólo corresponde resolver a los
dirigentes políticos de los países enzarzados en esta especie de guerra
sangrienta.
La búsqueda de nuevas vías, que reemplacen a las que ya
conocemos y que por desgracia siempre están relacionadas con respuestas
cargadas de nueva violencia, se convierte en una prioridad que de algún modo
habrá que afrontar, si se quieren mermar los efectos negativos que sobre los
pueblos están ejerciendo, la psicosis y el miedo.
Poco después, un crimen relacionado con la violencia de
género, volvía a poner a Alemania en el punto de mira, sin que finalmente se
encontraran, tampoco en este caso, evidencias que lo relacionaran, con actos
terroristas.
Los dos sucesos, resultan ser sin embargo, claros ejemplos de
otras plagas desgraciadamente presentes en nuestro mundo, a las que no se
combate ni se ha combatido jamás con la misma intensidad que al terrorismo y
que sin embargo, como se ha visto, pueden resultar igual de letales, sin que
los gobiernos hagan nada por evitar que continúen siendo algo relativamente
habitual, en nuestro Continente.
Indagar en las causas que llevan a un adolescente a disparar
indiscriminadamente contra otros o a un hombre a matar a su pareja, a
machetazos, en una estación, debiera ser también, una prioridad, si quieren
erradicarse de nuestro mundo estos problemas ciertamente preocupantes, con los
que sin embargo, convivimos de manera natural, sin escandalizarnos siquiera,
cuando ocurren, casi a diario, al lado mismo de nuestras casas.
Algo ha de estar, necesariamente, fallando en nuestra
sociedad, si este tipo de acciones, nos empiezan a parecer, rutina.

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