domingo, 24 de julio de 2016

Víctimas del miedo


La psicosis de terrorismo islamista que se ha apoderado de Europa se hacía evidente el pasado Viernes por la tarde, cuando un chaval de dieciocho años disparaba indiscriminadamente matando a nueve personas e hiriendo a otras muchas, en un Centro Comercial de Munich, haciendo saltar todos los protocolos de seguridad y provocando que surgieran unos cuantos comentarios sobre tiroteos en la ciudad, que resultaron después ser del todo inciertos.
El desencadenante de dicha matanza, que nada tuvo que ver con motivos religiosos ni políticos y mucho, al parecer, con el fenómeno del bulling, que enloquece a nuestros jóvenes, acarreándoles terribles secuelas psicológicas, fue averiguándose en las horas que siguieron al luctuoso suceso, pero mantuvo en jaque a todos los servicios de seguridad europeos, cuya intervención aumenta considerablemente la sensación de pánico de una sociedad, demasiado manipulada por el tipo de información que a diario se le ofrece, desde los Gobiernos.
Sin restar un ápice de importancia a un suceso que pone de manifiesto la inestabilidad psicológica que todos padecemos y solidarizándonos sin resquicios con las familias de las víctimas de Munich, la creciente islamofobia que se apodera del Continente debe, sin embargo, ser corregida a la mayor urgencia o llegará un momento en que no podamos evitar huir, cada vez que nos crucemos en lugares públicos con algún musulmán, perjudicando seriamente las buenas relaciones que debieran reinar entre la gente de bien, pertenezcan al grupo étnico o religioso que pertenezcan.
Verdad es, que la gravedad de los atentados ocurridos anteriormente en Europa no permiten bajar la guardia en previsión de atentados similares a los que ya se han cometido, pero resulta absolutamente inadmisible que la población se deje dominar por el miedo y se imponen, soluciones que simplifiquen la convivencia pacífica de los europeos, que no pueden rendirse ante la amenaza permanente de un conflicto, que sólo corresponde resolver a los dirigentes políticos de los países enzarzados en esta especie de guerra sangrienta.
La búsqueda de nuevas vías, que reemplacen a las que ya conocemos y que por desgracia siempre están relacionadas con respuestas cargadas de nueva violencia, se convierte en una prioridad que de algún modo habrá que afrontar, si se quieren mermar los efectos negativos que sobre los pueblos están ejerciendo, la psicosis y el miedo.
Poco después, un crimen relacionado con la violencia de género, volvía a poner a Alemania en el punto de mira, sin que finalmente se encontraran, tampoco en este caso, evidencias que lo relacionaran, con actos terroristas.
Los dos sucesos, resultan ser sin embargo, claros ejemplos de otras plagas desgraciadamente presentes en nuestro mundo, a las que no se combate ni se ha combatido jamás con la misma intensidad que al terrorismo y que sin embargo, como se ha visto, pueden resultar igual de letales, sin que los gobiernos hagan nada por evitar que continúen siendo algo relativamente habitual, en nuestro Continente.
Indagar en las causas que llevan a un adolescente a disparar indiscriminadamente contra otros o a un hombre a matar a su pareja, a machetazos, en una estación, debiera ser también, una prioridad, si quieren erradicarse de nuestro mundo estos problemas ciertamente preocupantes, con los que sin embargo, convivimos de manera natural, sin escandalizarnos siquiera, cuando ocurren, casi a diario, al lado mismo de nuestras casas.
Algo ha de estar, necesariamente, fallando en nuestra sociedad, si este tipo de acciones, nos empiezan a parecer, rutina.


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