domingo, 17 de julio de 2016

Jaque a Turquía


Sin haber podido recuperarnos de la tragedia de Niza y con el corazón destrozado al ver lo que los hombres somos capaces de hacer contra los de nuestra propia especie, nos llega en plena noche la noticia de que se está produciendo un golpe de Estado militar en Turquía, que activa la memoria de los españoles al recordar aquel fatídico 23F, en el que vivimos en carne propia la incertidumbre de no saber cuál  iba a ser, a partir de entonces, nuestro destino.
Aprovechando la ausencia de Erdogán y con las miradas de todo el mundo puestas en Francia, un grupo nutrido de militares turcos, partidarios al parecer, de un clérigo  exiliado en Pelsilvania, por motivos políticos, sacan los tanques a la calle, tomando las sedes de las principales televisiones, como siempre con nocturnidad y alevosía y comienzan a moverse a lo largo y ancho del país y fundamentalmente en Ankara y Estambul, causando el pánico, no solo en la población autóctona, sino también en los muchos turistas que visitan a diario este maravilloso país, al que tanto admiramos por su cultura y por sus gentes.
La noche se hace eterna y otra vez, como en aquel 23F nuestro, la radio se convierte en compañera de la oscuridad y comparte protagonismo con las redes sociales que tantas veces ha desacreditado Erdogán y que ahora se convierten en su principal apoyo para dirigirse a la Nación y pedir a sus conciudadanos que se echen a las calles para tratar de detener lo que está ocurriendo.
Se produce el milagro y cientos de miles de turcos obedecen el ruego de su Presidente, a cuerpo limpio, jugándose la vida y sin temor y protagonizan uno de los episodios más admirables de cuántos hemos conocido en estos tiempos convulsos, logrando finalmente sofocar la rebelión y dando tiempo al Presidente para volver al país, a última hora de la madrugada.
Muchos de ellos, pagan con su vida el atrevimiento y son masacrados por un ejército armado hasta los dientes, que no parece considerar otra posibilidad que vencer, una vez que ha tomado la decisión de cercenar, de raíz, cualquier atisbo de democracia.
Aún ayer, algunos sectores se hacían fuertes en ciertos puntos del país, pero todo pareció volver a una tensa calma, en cuanto Erdogán empezó a detener masivamente a todos y cada uno de los implicados en el golpe, incluidos una serie de jueces, que debieron ser parte de la trama civil del entramado, aunque aún no tengamos clara, su vinculación con el suceso.
Teñido de sangre y horror, este fin de semana de Julio que siempre recordaremos como profundamente amargo, relega a cualquier noticia nacional a las últimas páginas de los periódicos y se nos antoja fatídicamente estremecedor, si nos atenemos al número de víctimas que se han producido, a cargo del fanatismo y la indecencia.
A la espera de las reacciones que sin duda no tardarán en producirse en Francia y Turquía, solo cabe rogar que las medidas que se tomen a partir de ahora, no sean también, generadoras de violencia.
Sin duda, ha de haber otros caminos que explorar, lejos de ataques furibundos que incitan al  crecimiento del racismo y que sólo consiguen alinear a los hombres en dos bloques, cada vez más lejos de poder llegar a un entendimiento.
Descansen en paz, todos los que perdieron la vida en Niza y en Turquía y ojala que su sacrificio sirva para poner un poco de cordura, en este mundo nuestro.


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